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Silvio en Santa Amalia: En cuál de esos planetas (+ Fotos )

16 de septiembre de 2014

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Por: Alejandro Ramírez Anderson, Mónica Rivero (Tomado de Cubadebate)
 

“El corazón por los ojos”, le digo a Marta en un intento por describirle de un tirón el concierto de esta noche, la vivencia frente al escenario. “iQué abusador es Silvio!”, escuché cuando apenas empezaba “Mi son entero”, esa canción dulcísima de Juan Formell. “Mi son para ti, Juanito”, versionó el trovador en la última estrofa.

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Silvio hizo más de un tributo en su concierto, el 59no de este viaje. Foto: Alejandro Ramírez Anderson.

El “abuso”, esa manera peculiar de llamar a un exceso que se agradece, una feliz ironía, venía a cuento porque, además, acababa de interpretar “Para Bárbara”, antológica de Santiago Feliú –quien a su propósito bromeaba: “Es la mujer que más me ha dado de comer” –. Al terminarla había dicho: “El Santi”, y se había llevado un vaso a los labios, como a la salud de un “hermanito menor”.

Silvio no canta nunca a cualquiera, sobre todo no canta a cualquiera para él. Esta noche en Santa Amalia hizo un ritual de evocación, compartió el recuerdo con un público que aún se resiente de ese zarpazo que dejó canciones e incertidumbre. Silvio llora, pensé.

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Niños de Santa Amalia.

Sonaba el instrumental de “En cuál de esos planetas” cuando llegamos al barrio, un par de horas antes del concierto. Silvio alguna vez la ha presentado como “una canción ingenua”. Lo dirá por lo elemental, por lo infantil, y justamente por eso sobrecoge con la imagen de toda la pregunta que cabe en un hilillo de luz. Como en “¿A dónde van?” o en “Unicornio”: la fugacidad, la asfixia de que no haya respuesta, punto ubicado en el espacio.

Cerca del escenario, en la casa de “El Trombón de Santa Amalia”, ensayaban él y sus músicos. Salió entonces por la ventana un comentario inquietante: “Sí, Miles Davis poniéndole el de´o a Ron Carter”. Son jazzistas de barrio, del mismo donde creció Chucho Valdés y vivió Bebo, cuyos archivos se fueron en una crecida del río cercano.

Juan Carlos, “el Trombón de Santa Amalia” y sus músicos abrieron el concierto. Foto: Alejandro Ramírez Anderson.

Juan Carlos, “el Trombón de Santa Amalia” y sus músicos abrieron el concierto. Foto: Alejandro Ramírez Anderson.

A veces trae cosas buenas la crecida: Se puede agarrar clarias en plena calle. “Eso es lo más rico que hay, compadre”, dice un niño de 12 años, quien, interpelado, quiere “aprovechar para mandar un saludo” a su tío “que está en Brasil en una misión internacionalista”. Mientras su amigo muy presto prefiere hacerlo a su padre, que está preso.

Robustiano Hernández, de 88 años, dice que en el barrio “la gente va tirando, como se dice”. ¿Cómo? “Como en todos los lugares de Cuba, a la marchita, esperando…”.

A las seis en punto exactas, Silvio presentó al Trombón de Santa Amalia, “un gran músico que tengo el placer de invitar”, dijo. “Oye, caballero el Juanqui”, animó un vecino para recibirlo. A la música instrumental le siguió Silvio.

“!El necio, El necio!”, grita al final del concierto una colombiana desconocida apoyada sobre mi hombro, como apuntalando su voz de una muy caprichosa manera. “Una más, y no jodemos más”. Pero no llegó El Necio –más allá que el siempre contenido en “Pequeña serenata diurna” – sino “En cuál de esos planetas”, una canción ingenua, por infantil, por elemental, por toda la pregunta que cabe en un hilillo de luz.

Emilio Vega, maestro. “Solo yo lo apuesto todo a la mujer”, verso hermoso de Dibujo de mujer con sombrero, de la tetralogía. Foto: Alejandro Ramírez Anderson.

Emilio Vega, maestro. “Solo yo lo apuesto todo a la mujer”, verso hermoso de Dibujo de mujer con sombrero, de la tetralogía. Foto: Alejandro Ramírez Anderson.

Jorge Aragón, uno de los músicos que acompañan a Silvio. Foto: Alejandro Ramírez Anderson.

Jorge Aragón, uno de los músicos que acompañan a Silvio. Foto: Alejandro Ramírez Anderson.

Oliver Valdés en la batería. Foto: Alejandro Ramírez Anderson.

Oliver Valdés en la batería. Foto: Alejandro Ramírez Anderson.

Jorge Reyes: el bajo en alto. Foto: Alejandro Ramírez Anderson.

Jorge Reyes: el bajo en alto. Foto: Alejandro Ramírez Anderson.

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