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Efemérides

Historia

Caen en combate Antonio Maceo y Grajales, Lugarteniente General del Ejército Libertador, y su ayudante, el capitán Francisco Gómez Toro

07 de diciembre de 1896

Caen en combate Antonio Maceo y Grajales, Lugarteniente General del Ejército Libertador, y su ayudante, el capitán Francisco Gómez Toro.
Con este fatal acontecimiento, ocurrido en la finca San Pedro, en Punta Brava, la causa independentista pierde a un jefe militar y dirigente político de cualidades excepcionales. La noticia conmociona a los patriotas cubanos y a los amantes de la libertad en Europa y América.
El Titán de Bronce es el general victorioso de cientos de batallas; el protagonista de las brillantes proezas de la Protesta de Baraguá y la Invasión; el militar disciplinado que – en todo momento – defiende la unidad en las filas revolucionarias; el hombre de aguda visión política que advierte del peligro que representan los Estados Unidos para las aspiraciones libertarias; el líder de ideas antirracistas y latinoamericanistas.
Francisco Gómez Toro, Panchito, es el tercer hijo del Generalísimo Máximo Gómez, nacido en la manigua insurrecta en mil 876.

El 8 de septiembre de mil 896 llega a Cuba, para incorporarse a la contienda independentista, como integrante de la expedición encabezada por Juan Riuz Rivera. De inmediato se suma a la tropa de Antonio Maceo, por quien profesa una gran admiración.

El día 7 de diciembre de ese año, al percatarse de la caída en combate de su jefe, decide inmolarse junto al valiente luchador que, al decir de José Martí, tenía tanta fuerza en el brazo como en la mente.
Poco tiempo después, en carta de pésame a María Cabrales, viuda del General Antonio, el insigne dominicano Máximo Gómez Báez sentencia:

“” Con la desaparición de ese hombre extraordinario, pierde usted el dulce compañero de su vida; pierdo yo al más ilustre y al más bravo de mis amigos; y pierde, en fin, el Ejército Libertador, a la figura más excelsa de la Revolución. “”

Música

Estreno del Trío en Mi bemol Mayor, para corno, violín y piano, de Johannes Brahms

07 de diciembre de 1865

El Trío en Mi bemol, para trompa, violín y piano, que ocupa el opus 40 en el catálogo de Johannes Brahms, pertenece al segundo de los cuatro períodos en que suele dividirse la creación del compositor alemán.
Escrito en 1865 cuando el compositor, quien había abandonado un puesto oficial en Viena por desavenencias con algunos funcionarios burocráticos, ya había encontrado la anhelada placidez en las bellezas naturales y en la sencilla vida de Baden-Baden. Por esa razón, mucha de la mejor música de cámara de Brahms fue escrita en esa época. Y como ejemplo se me ocurre mencionar, además de este Trío Op.40, el gran Quinteto para piano en fa menor y el Sexteto para cuerdas en Sol Mayor. Y es que fue en obras como esas que Brahms acondicionó su talento creador para los empeños sinfónicos que ya bullían en su imaginación.
En el Trío en Mi bemol, la escritura para el corno se distingue por la variedad de estilos y el aliento de sus melodías. Sin embargo, todas las características sonoras de ese instrumento están como enmascaradas, por lo que no resulta sorprendente que Brahms realizara otras versiones en las que la parte de la trompa puede ser tocada, lo mismo por un violoncello que por una viola.
Algunos meses después del estreno de esta obra, Brahms escribió a su amigo Albert Dietrich lo siguiente: “Si quieres una buena obra para una noche de música de cámara, te recomiendo el Trío en Mi bemol, pero tu cornista me hará el favor de hacer lo mismo que quien lo estrenó, o sea, estudiar varias semanas antes el corno francés para poder dominarlo totalmente”.
Se sabe que Brahms prefería el corno francés por su tono tierno y melodioso, así como por sus posibilidades dinámicas. Y ejemplos de esa preferencia los encontramos en el final del primer movimiento de la Segunda Sinfonía; en el principio del Segundo Concierto para piano y en el movimiento lento de la Cuarta Sinfonía. Por otra parte, si bien es cierto que la combinación del corno con instrumentos de cuerdas fue muy utilizada por los compositores de Serenatas durante el siglo XVIII, la inclusión del piano, como la que Brahms realiza en este Trío Op.40, sí constituye un hecho novedoso en la historia de la música.
Y en esta evocación del estreno mundial del Trío en Mi bemol Mayor, para corno, violín y piano, Op.40, de Brahms, les diré que eso ocurrió en Karlsruhe, Alemania, hace 142 años, UN DIA COMO HOY.