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Mi corazón está en cada rincón de La Habana

16 de noviembre de 2018

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Por Redacción Habana Radio

 

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Este 16 de noviembre, justo la fecha en la que la villa de San Cristóbal de La Habana arriba a sus 499 años, el espacio televisivo Mesa Redonda “regaló a los habaneros y a los cubanos” el conversar con “un hombre que tanto ha hecho y tanto ha trabajado por transformar a La Habana”. Así expresó el periodista y conductor Randy Alonso al referirse al Historiador de la Ciudad, Doctor Eusebio Leal Spengler.

“La Habana que enamora y que atrae; la que maravilla a pesar de sus descuidos; la que también invoca a sus héroes y a sus calles; la que nos trae de vuelta sin dudas a una ciudad que quiere renacer y llegar a sus 500 años con toda la maravilla de tener su bahía y su Almendares, su Plaza de la Revolución y su Capitolio; también de tener al Morro y la Cabaña, el estadio del Cerro e incluso a La Tropical; esa Habana que hoy está cumpliendo 499 años, es también La Habana del Doctor Eusebio Leal Spengler”, aseguró el conductor.

El Doctor Eusebio Leal agradeció la invitación recordando las motivaciones que durante tantos años han vinculado a la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana y su Dirección de Comunicación con este espacio televisivo, en los “tiempos arduos y en muchos momentos claves para la historia de Cuba y de la ciudad”.

 

Tradicional acto que cada año realiza la Oficina del Historiador de la Ciudad para saludar un nuevo aniversario de La Habana. Foto: Alexis Rodríguez

Tradicional acto que cada año realiza la Oficina del Historiador de la Ciudad para saludar un nuevo aniversario de La Habana. Foto: Alexis Rodríguez

 

“Estoy muy contento de llegar al 499 aniversario. Yo no lo pensé, pero aquí estamos – enfatizó Leal –. Y cuando digo estamos, hablo en plural porque son muchas las personas que a lo largo de los años han sostenido ese proyecto que es un proyecto maravilloso, de sueño, que era reunir lo inmaterial, lo intangible, con lo palpable, con lo cierto; darle un sentido a la monumentalidad de la ciudad, a sus museos, a sus calles y, sobre todo, lo más importante: que la gente sienta el orgullo de La habana, cuya historia amerita que sientan ese orgullo”.

La primera pregunta constituyó un viaje a la raíz, a la infancia de Eusebio Leal, para entender cómo surgió su amor por La Habana, testimonio que se encuentra recogido en el libro “Fiñes”, publicado por la Editorial Boloña durante la pasada Feria Internacional del Libro y que constituye un compendio de los recuerdos que aún conserva el Historiador de su niñez en la capital.

Las crónicas que conforman este volumen fueron escritas para el periódico “Granma”, aseguró Leal, quien confiesa haberlas entregado a altas horas de la madrugada, “en esas noches que eran tan especiales porque ahí se reunía una parte de la dirección de la Revolución”.

“Todas esas imágenes de La Habana, del carnaval, del incendio, del hielero, del vendedor de la leche, del carnaval en la ciudad con sus comparsas y sus personajes, fueron el mundo de la niñez, y también fue La Habana de la insurgencia revolucionaria con sus figuras más relevantes, la presunción de que la tierra estaba temblando debajo de nuestros pies y todo lo cual eclosiona con el primero de enero y la salida de las sombras de la milicia revolucionaria”, evocó Leal.

Ya avanzada la adolescencia y la juventud, Leal recordó cuando llegó a la puerta de aquel edificio que veía por vez primera, el Palacio de los Capitanes Generales, donde iba a estar su destino que era la municipalidad de La Habana, y de pronto se convirtió en un empleado del Gobierno de la Ciudad; pero era un empleado iletrado. En un momento, le ofrecieron pasar como inspector del Departamento de Ingreso. “¡Solamente en una Revolución puede pasar eso!”, así afirma pues, como bien expresó, “el mundo estaba de patas arriba y se abrían todas las puertas y oportunidades”.

 

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Hubo un momento del foro televisivo para referirse a su predecesor, su maestro y su guía: Emilio Roig de Leuchesenring: “Roig jugó un papel muy importante. Hasta su muerte en 1964 fui allí junto a su oficina y cuando él se derrumbó a la enfermedad, siendo todavía un hombre capaz y poderoso que había escrito obras capitales para cultivar el sentimiento de dignidad nacional y el sentimiento martiano, cubano y antiimperialista, entonces bebí de esa fuente. Él no tuvo la posibilidad de participar en la restauración. A él le toco enfrentar las demoliciones; las batallas por impedir la destrucción de la Iglesia de Paula para la ampliación del ferrocarril; la batalla por preservar muy joven el muro donde los estudiantes de 1871 fueron ejecutados; la gran pelea por la demolición de la antigua universidad o la gran pelea por colocar la estatua de Céspedes en la Plaza de Armas, cuando en realidad solo había un pequeño busto de Céspedes que la maestra Hortensia Pichardo y su esposo Fernando Portuondo habían colocado en el Instituto de la Víbora. Entonces ese sentimiento cespediano, martiano, cubano, lo bebí de esa fuente”.

Varias anécdotas de su vida, relacionadas con la defensa de nuestro patrimonio, fueron escuchadas en este diálogo. Una de ellas fue relacionada con El Templete, sitio fundacional, que mucho tiempo atrás siempre estaba cerrado y se abría una vez al año, el 15 de noviembre durante la noche. Al triunfo de la Revolución había muerto la vieja ceiba, se había plantado una nueva y entonces durante la madrugada se abría, pero las pinturas estaban casi calcinadas por el calor del encierro. Entonces persuadió para que se abriera todos los días y se celebrara el aniversario de la ciudad de La Habana.

“Así se festejó el 450 aniversario hace exactamente 49 años. El próximo años harán 50 años de eso, que coincide con 50 años de trabajo en la Oficina y con 80 años de fundada la Oficina por el Doctor Roig. El 2019 será para mí importantísimo”, afirmó.

El también Director de la Red de Oficinas del Historiador y Conservador de las Ciudades Patrimoniales cubanas rememoró con orgullo que “el ideal de que jóvenes obreros ingresaran a la Universidad había sido la suprema aspiración de Fidel, y esa figura es muy importante para mí”. También fue muy importante en esta época el encuentro con Celia Sánchez: “Celia fue muy decisiva en esa primera etapa en la defensa de la singularidad del personaje. En este caso, del que, como yo he dicho, he encarnado un personaje que ya no me pertenece a mí, pertenece a la gente, ese hombre vestido de gris…”.

 

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Sobre su preparación académica, luego del triunfo de la Revolución expresó: “Tuve el honor de poder ir a la Universidad y después llenar los grandes vacíos y las grandes lagunas que todavía hoy trato de llenar. Por eso cuando se fundaron las escuelas-talleres con tantos muchachos que no querían mucho estudiar ni trabajar y que vieron en la reconciliación de la mano y de la idea la posibilidad de salir adelante, muchachos hijos de obreros y de personas principales en la sociedad, le recordaba que la educación es como un camino por el cual uno avanza subvencionado por sus padres y por la sociedad. Todo un camino iluminado es relativamente fácil; lo que hace falta es asiduidad, paciencia, constancia y se llega. Pero si te desvías puedes entrar en una selva oscura donde te acechan muchas cosas y entonces es necesario ver un hilillo de agua y buscar el río, y el río te lleva al torrente y el torrente al atlántico; y ese fue el camino escogido: a las estrellas por el camino de las perezas”.

Y en este diálogo, el perenne tributo a su ciudad, la que tanto ama y venera; una Habana que hoy ha sido posible gracias a las ideas y a la perseverancia de Eusebio Leal, un hombre que con sus acciones ha logrado sumar a su causa, millones de habaneros. Y toda su labor siempre encaminada a un mismo fin: defender nuestra identidad, nuestra cultura, nuestra memoria histórica. Por eso, recordó cómo logró sumar apoyo para la recuperación y restauración del Palacio de los Capitanes Generales, hoy Museo de la Ciudad, y el papel fundamental del líder histórico de la Revolución Cubana, Fidel Castro Ruz, en este empeño que salvó el proyecto, además del firme propósito de inaugurar las primeras salas del museo en ocasión del 10 de octubre de 1968 para reunir en una sala la gloria de Cuba, en un espacio que se llamó la Sala de las Banderas.

 

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Recuerdos para dos personas que han sido decisivas y quienes le brindaron apoyo constante: “Fidel fue el alentador y el que me dio la señal de que la voluntad política del Estado era preservar la cultura y la cultura material contra viento y marea; cosa que después escuché decir con palabras de reafirmación en un memorable encuentro de la UNEAC. Esas fueron sus palabras. Después se reía mucho cuando le conté que mi armadura estaba llena de golpes, de hachas y de espadas y que estaba recosida; y como él sabía todo lo que había pasado, se rió muchísimo. Y después recuerdo aquel memorable año en que en la fortaleza de La Cabaña había un gran debate sobre el poema de Juan Clemente Zenea, aclarado por Cintio Viter en un memorable ensayo. Entonces se entregaba por vez primera la réplica del machete de Máximo Gómez en el Castillo y allí, sobre aquel montículo, el General de Ejército determinó la gran tarea de reconstruir la Cabaña primero y el Morro después. Quiere decir que han sido inseparables para mí en la memoria las dos figuras a las cuales me tocó servir con humildad y con lealtad”.

“Si hoy los cubanos vivimos orgullosos de ese invaluable patrimonio que mostramos al mundo como una de las fortalezas de la nación fue, precisamente, gracias al interés de la Revolución por mantener y preservar ese legado”, sentenció Leal.

Leal mencionó que tan importante es la recuperación del patrimonio como la obra social en una ciudad. Mencionó las recientes escuelas inauguradas en la parte más antigua de La Habana la “Rafael María de Mendive” y la “Camilo Cienfuegos”, entre otras, así como el simbólico teatro habanero que lleva el nombre de nuestro Héroe Nacional y la basílica más importante de Cuba, entre otros tantos ejemplos. Asimismo, mencionó las disímiles viviendas que se le han entregado durante estos años a muchas familias.

 

Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

Foto: Irene Pérez/ Cubadebate.

 

El Historiador también mencionó el regreso de la Asamblea al Capitolio Nacional, la presencia del Tribunal Supremo en el Centro Histórico como instituciones del Estado; “y después, fundamentalmente, el revivir de los valores históricos: de la casa de Martí, por ejemplo, y ahí entra la participación popular”, aseveró.

“Nuestro mandato del corazón ha sido preservar el patrimonio del país, no como la labor de una persona, de ninguna manera. Esta persona encarna una voluntad política y un sentimiento popular”, expresó.

Una voluntad política que también ha inspirado un movimiento nacional: las Oficinas del Historiador y del Conservador, las cuales están en las principales ciudades de Cuba, y se van incorporando a nuevas ciudades.

Disímiles obras de restauración se ejecutan en estos momentos. Algunas fueron mencionadas por Leal en el foro televisivo. Entre ellas, la del Teatro Campoamor. Y es que, según sus palabras, la obra de restauración del patrimonio constituye la restauración de la piel y del alma del pueblo cubano, y es correcto que se sepa y se diga: “Nosotros tenemos la tarea de dar cumplimiento a esa voluntad política, contra el ciclón, contra la penetración del mar, y por esos símbolos luchamos y con esos símbolos nos amparamos”.

“Mi corazón está en cada rincón de La Habana”, exclamó el Historiador. “Hemos tratado de hacer obras en la Universidad, en la Quinta de los Molinos —nuestro centro ecológico más importante —, en la Casa del Vedado, en la Casa de las Tejas Verdes, en la Quinta Avenida, en el apoyo de cualquier iniciativa que se haga en la ciudad, en cualquier rincón por pequeño que sea”. Y es que el ejemplo de cuánto se puede hacer por la ciudad estuvo en toda la lucha por traer la estatua de Martí de Nueva York, explicó el Historiador en la Mesa Redonda

¡Cuánto nos reveló el Historiador en esta magistral intervención! Domina la historia y el arte de la palabra con proverbial determinación. “Yo no sé lo que tiene La Habana — manifestó Leal — pero todo el que viene a ella se queda prendado. Y eso a mi juicio es quizás la garantía, es el anillo de compromiso, es lo que me espera y lo que quisiera”.

 

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“La Habana de hoy en día es más plural y representativa de toda la nación. Lo que hace falta es trabajar para esa interculturalidad que no quiere decir suprimirle a nadie su raíz, sino tratar de que florezcan el árbol a cuya sombra estamos todos”, sentenció.

“Me parece que ese es el más importante desafío. Hay que soplar cultura verdadera, no cumbancha. Hay días para reír y días para llorar (…)”. Creo en la posibilidad del patrimonio compartido, en la posibilidad de que todos participen. Hay que abrir los caminos. Esto comienza en la familia y continúa en la escuela y sigue en la vida cotidiana”, enseñanza final del Historiador en días en que La Habana, su Habana, está de aniversario.

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