Choco: la mano que da vida al arte
31 de enero de 2019
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Para hablar de Eduardo Roca Salazar (Choco) es preciso hacerlo desde un profundo sentimiento de identidad y comprensión hacia las más disímiles y heterogéneas esencias del arte. Definir su creación es bien difícil porque el pintor, grabador y escultor se multiplica y parece renovarse en cada exposición.
Una compilación de textos escritos por reconocidos críticos y personalidades sobre la impronta del Premio Nacional de Artes Plásticas (2017) fueron publicados en el catálogo “Choco: el soplo de la vida”, una coedición de los sellos editoriales Collage Habana, Arte Cubano Ediciones y Selvi Artes Gráficas.
El volumen se presentó este miércoles 30 de enero en el teatro del Museo Nacional de Bellas Artes, y cuenta con unas bellas palabras del Historiador de la Ciudad, el Doctor Eusebio Leal Spengler, mientras que la edición estuvo a cargo del escritor Jesús David Curbelo.
Ambas personalidades de la cultura cubana estuvieron presentes en el encuentro, quienes junto al crítico de arte Nelson Herrera Ysla –prologuista del título– hablaron sobre la fecunda trayectoria de Choco.

En su intervención, Curbelo explicó el proceso de concepción y alcance de la publicación, que contiene trabajos de Abel Prieto, Miguel Barnet, Nancy Morejón, Manuel López Oliva, Jaime Saruky, entre otros.
De igual forma recoge imágenes de 152 obras bidimensionales y más de 30 esculturas, así como instantáneas personales del creador, rodeado de compañeros de estudio, familiares y amigos, además de fotografías de piezas emblemáticas de Choco tomadas por reconocidos artistas del lente. Al cierre de la publicación se ofrece una entrevista realizada para la ocasión.
“No puedo dejar de observar sus grabados, sus dibujos y sus pinturas sin dejar de pensar en su persona. La transición se hace notar ante nuestros ojos sin dificultad alguna y es una de las cualidades mejor exaltadas en el libro”, reconoció Herrera Ysla en su intervención.

“Los rostros de muchos de sus personajes (…) parecen ser sus rostros, entintados, aplazados por prensas, distendidos por pinceles. Ya Eliseo Diego había captado este agradable dilema a raíz de su primera exposición personal, desde una perspectiva literaria (…)”, apuntó.
Ysla explicó que en ninguna obra del artista se observan rasgos de agresividad y añade: “jamás saldrá algo de sus manos que nos obligue a cambiar la vista o mirar de reojo con sospecha”.
Al mismo tiempo el crítico de arte aseguró una condición fundamental en el autor de Mujer con piña: “Todo es vida en Choco y seguirá siéndolo”.
Las palabras finales de la presentación le correspondieron al Doctor Leal, quien compartió una anécdota con los presentes de cuando conoció al artista y este le dijo: “yo no regalo cuadros”.

Desde aquel momento el Historiador de la Ciudad de La Habana advirtió “una condición, un carácter”. Asimismo se refirió al título del libro como “muy significativo porque la vida es un soplo, el necesario para que vuele una mariposa, el necesario para abrir los ojos y darnos cuenta de lo importante que es vivir”.
Para el Historiador, Choco tiene un nombre que lo define: Roca y “cuando se entra en ella se conocen dos cosas importantes, un hombre a todo, como decimos en Cuba, una varón de palabra, un hombre muy generoso y desprendido”.
¿Cómo no encontrar gran dosis de sensibilidad en el prolífero creador? “Tú poesía está ahí, apenas contenida en este libro, con el seudónimo con el que saludaron al más negro de todos sus compañeros clase: chocolate”, sentenció.

Si para el individuo es fundamental conocer de “dónde venimos y hacia dónde vamos”, este artista ofrece una suerte de mapa pictórico para llegar a nuestros orígenes. “En tu pintura está la respuesta”, señaló Leal.
“Tú eres el que eres —añadió— a nadie tu obra la pediste, ni reconozco en ella influencia de nadie, que no sea lo que hay en tu poderosa imaginación”.
Con absoluta sinceridad, el también Director de la Red de Oficinas del Historiador y del Conservador de las ciudades Patrimoniales de Cuba, llamó al Choco como su hermano: “yo una simulación de blanco y tú negro, los dos cubanos. No hay quién me haga separarme de esa idea: hermano”.

Existen tres cosas inadmisibles para el Leal: la envidia, la ingratitud y la vanidad. Acerca de esta última condición manifestó que nunca ha visto en el pintor algún indicio de engreimiento, “jamás te vi, sin tender una mano generosa a todos”.
Así pudiera definirse a este hombre de tez oscura y mirada intensa. Para quienes deseen adentrarse en sus rutas creativas, el Museo Nacional de Bellas Artes exhibe su más reciente muestra Con los pies sobre la tierra, hasta el mes de febrero.
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