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Al rescate de los cancioneros

30 de septiembre de 2020

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Hace unos años era fácil encontrar cancioneros. Los interesados en la música podían, así, tararear –y hasta memorizar– las canciones de su preferencia. Poco a poco, quizás por el vertiginoso avance de las nuevas tecnologías, esos folletos quedaron en el olvido.

Dentro del catálogo editorial cubano contemporáneo han vuelto a aparecer los cancioneros. Pero no como los publicados años atrás. Los actuales se conciben, por lo general, con un propósito que va más allá del simple interés de recopilar unas cuantas canciones previamente seleccionadas.

Son propuestas pensadas y creadas desde una inteligente perspectiva –menos efímera, menos comercial–, que privilegian un mensaje cultural de mayor aliento, estructuradas con un sentido de permanente referencia y consulta para los interesados en la música de la isla.

Los invito a revisar las páginas de algunos de esos cancioneros, aparecidos por sellos editoriales nacionales y territoriales, que permiten comprobar que esas recopilaciones aún pueden despertar el interés y la curiosidad de los lectores de hoy.


Cualquier flor...

 

“Cualquier flor, de la trova tradicional cubana”
Selección de Bladimir Zamora Céspedes y Fidel Díaz Castro
Casa Editora Abril
La Habana, 2014, 160 pp.

 

Medio centenar de obras de la trova tradicional cubana se reúnen en las páginas de este cancionero. Se abre la selección con “La bayamesa”, pieza que firman el Padre de la Patria Carlos Manuel de Céspedes, José Fornaris y Francisco Castillo Moreno, interpretada por vez primera en 1851 y considerada el punto de partida del cancionero trovadoresco insular. Otras composiciones también antológicas –como “Aurora”, de Manuel Corona; “Veinte años”, de María Teresa Vera y Guillermina Aramburu; “El fiel enamorado”, de Francisco (Paquito) Portela; “Flor de ausencia”, de Julio Brito; “Perla marina”, de Sindo Garay, y “La trova”, de Pedro Ibáñez–, se incluyen en este volumen –que ya tuvo una primera edición en el año 2006–, ahora enriquecido con la armonización de las letras recopiladas. Páginas que permite conocer, de una vez, cincuenta de esas piezas que conforman el repertorio trovadoresco cubano, para así confirmar el alcance, trascendencia y permanencia de la fértil, fecunda y floreciente música creada en Cuba.


Quiero una canción

 

“Quiero una canción. Jóvenes trovadores cubanos”
Selección de Manuel Leandro Ibarra
Ediciones La Luz, Colección Capella
Holguín, 2012, 168 pp.

 

En este cancionero se reúnen una veintena de trovadoras y trovadores, nacidos en diez provincias del país entre 1972 y 1991, de quienes se reproducen canciones que, además de ser continuadoras de la mejor tradición trovadoresca cubana, reflejan las realidades y problemáticas del mundo contemporáneo. En estas páginas es posible encontrar, por ello, desde creadores de imprescindible presencia en el ámbito musical –como Diego Gutiérrez, Inti Santana y el Dúo Karma— hasta otros que presentan ahora sus credenciales en el mundo de la trova –entre ellos, Irina González, Aliesky Pérez y Oscar Sánchez. Este libro –en palabras del poeta y cineasta Víctor Casaus, director del Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau—llega para “entregarnos pistas y verdades, datos e intuiciones que enriquezcan nuestra visión y nuestra comprensión del estado actual de esa canción inteligente, pensante, participadora, crítica y autocrítica, transgresora de barreras innecesarias y soñadoras de bellezas y universos que también debieran siempre acompañarnos”.


Cincuenta canciones...

 

“Cincuenta canciones en años de Revolución”
Selección de Radamés Giro e Isabel González Sauto
Editorial José Martí, Colección Año 50 del Triunfo de la Revolución
La Habana, 2008, 208 pp).

 

Este libro se propone –y logra— un recorrido por cinco décadas de la canción cubana. Dos piezas relevantes, creadas en épocas diferentes, pero ambas verdaderos símbolos del momento histórico en que fueron compuestas, se encargan de abrir y cerrar este cancionero: “La Lupe”, del Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque, y Cita con ángeles, de Silvio Rodríguez. En “Cincuenta canciones en años de Revolución” se encontrarán, asimismo, obras ya imprescindibles dentro del panorama musical de la isla, como “Lo feo”, de Teresita Fernández; “Lo material”, de Juan Formell; “Yolanda”, de Pablo Milanés; “Llora”, de Marta Valdés, y “Habáname”, de Carlos Varela. Como complemento, el lector encontrará el cifrado de cada una de las composiciones seleccionadas, lo cual convierte a la entrega en útil y valioso instrumento para quienes se interesen en interpretar las piezas reunidas. Esta selección demuestra –como afirman sus antologadores– que la historia de la Revolución puede también contarse a través de estas canciones.


Vamos a cantar changüí

 

“Vamos a cantar changüí”
Ramón Gómez Blanco
Editorial El Mar y la Montaña
Guantánamo, 2017, 72 pp.

 

Este cancionero –en opinión del doctor Benjamín Lapidus– se deleita en contar los sucesos de los grandes músicos del panteón changüisero. Se reúnen en este volumen, las letras y las partituras de 22 composiciones, creadas por autores de varias generaciones, tanto de formación autodidacta como académica. “El guararey de Pastora”, del tresero Roberto Baute Sagarra, changüí ampliamente versionado dentro y fuera de la isla, abre esta entrega, en que también aparecen piezas con la firma, entre otros, de Yecenia Ramírez Sosa, Roberto Warmer Norman y Adelaida Gómez Blanco. Antes de este libro, Ramón Gómez Blanco (Guantánamo, 1949), cantante, trompetista, profesor e investigador, había publicado, en el año 2014, una obra de carácter didáctico titulada “Manual práctico para tocar changüí”. Con la aparición de este cancionero no solo se enriquece el actual catálogo editorial cubano dedicado a la música, sino también –y ello es, indudablemente, lo más relevante– se rescata y atesora el patrimonio cultural de la mayor de Las Antillas.


“Luna del 64”
Liuba María Hevia
Ediciones La Luz
Holguín, 2016, 144 pp.

 

Se encontrarán en estas páginas, 64 canciones que Liuba María Hevia ha compuesto a lo largo del tiempo, muestra del valor de un repertorio que ha quedado en la memoria de varias generaciones. “Ángel y habanera”, “Con los hilos de la luna”, “De monte y ciudad”, “Estela, granito de canela”, “Travesía mágica” y “Tu amor es el canto mío” son algunas de las más escuchadas canciones de la trovadora ahora reunidas. Cultivadora de varios géneros musicales –como el son, la guajira, la habanera, la guaracha…–, Liuba María Hevia (La Habana, 1964) atesora una amplia discografía y se ha presentado en numerosos escenarios de dentro y fuera de la Isla. “Luna del 64 –escribe Roxana Fuentes, en la nota que presenta el volumen– es una alusión, personalísima, al nacimiento de Liuba María Hevia, a una de sus canciones, al concierto de celebración por sus 50 años de vida, y ahora a este cancionero que forma parte de esa suma de voluntades por socializar su obra, como parte de lo mejor de la canción cubana de todos los tiempos”.

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