Entre goles, cabezazos y patadas
8 de junio de 2026
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A pocos días del inicio de la Copa Mundial de Futbol no es difícil constatar que ésta tendrá lugar dentro de un contexto planetario nada comparable con los propósitos de amistad, solidaridad y camaradería que esas citas buscan o persiguen desarrollar desde que fueron creadas.
El hecho cierto es que las copas mundiales de futbol, por un conjunto de factores coincidentes y no todos de origen deportivo, han devenido en el evento internacional más importante y abarcador de los que periódicamente se celebran, incluyendo a las Olimpiadas Mundiales y a los Juegos Regionales de las distintas federaciones, que han pasado a ser lideradas por la omnipresente FIFA (Federación Internacional de Futbol Aficionado), una organización poderosa económicamente y que no ha dejado de verse envuelta en ocasiones en escándalos financieros y denuncias acerca de la administración de los cuantiosos fondos de que dispone como resultado de todas las numerosas competencias regionales y aun locales del que ha pasado a ser “el más universal de los deportes”.
En este sentido, admitamos justamente que no ha sido el futbol el único deporte absorbido por la comercialización y los negocios -aunque encabece la lista- pues igualmente lo han sido otros que forman parte del otrora puramente competitivo movimiento olímpico mundial al cual, contradictoriamente, el desarrollo del deporte ha convertido en grandes empresas multinacionales competitivas y monopólicas.
Una estrella dentro de ese mundo, quien lo vivió por dentro e hizo públicas tanto sus posibles glorias como su devenir más oscuro, fue el fallecido futbolista argentino Diego Armando Maradona, hoy símbolo de las luchas que dentro de ese deporte se libran por mantenerlo dentro de la mayor pureza competitiva en medio de la avaricia financiera y también de las influencias políticas, pues los poderes hegemónicos imperiales del capitalismo -como el de Estados Unidos- están presentes también tratando de ejercer control e injerencia sobre la FIFA y otras federaciones, aun a costa de violar sus reglamentos internos.
Un ejemplo de ello es la cuestionada concesión de las visas a los futbolistas iraníes que deben participar como selección nacional en los próximos juegos en diversas sedes estadounidenses que les han correspondido por sorteo legal y que el gobierno sede amenaza con negar.
Nada de lo que hemos relatado es, por supuesto, responsabilidad de los atletas, (los mejor pagados por su profesión y calidad), ni de los árbitros, jueces o funcionarios que contribuyen a la brillantes y favor del espectáculo.
Será necesario sin dudas un notable esfuerzo de todos por contribuir a que, en las complicadas condiciones del mundo actual, las Copa Mundial del 2026 se conviertan en un éxito semejante a muchas de las anteriores.
Que se convierta, sobre todo, en un éxito deportivo y humano y contribuya a la paz que el mundo tanto hoy requiere y aguarda.
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