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Hasta el último aliento

30 de marzo de 2013

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Dos años después del indicio de la lucha armada contra su gobierno -organizada, financiada y armada en el exterior- el presidente sirio, Bashar al Assad, reiteró que no renunciará, se postulará para la reelección cuando se puedan celebrar unos anunciados comicios, y llamó a los países vecinos a que no sigan permitiendo el constante flujo de miles de opositores que practican terrorismo de todo tipo, desde el clásico mercenario hasta el más peligroso de todo: el fundamentalista islámico, quien, sin saberlo (no el que lo dirige), facilita los planes imperialistas contra el pueblo árabe.
El ataque químico del lunes 19 contra la ciudad fronteriza de Alepo, con decenas de muertos y heridos es una muestra de ello.
No es de Perogrullo decir que Al Assad representa un gobierno que se ha caracterizado por la lucha contra el imperialismo y el sionismo y en defensa de los legítimos derechos del pueblo palestino para comprender el porqué de los esfuerzos de toda laya para derrocarlo, instaurar un régimen dócil y salvaguardar los intereses estratégicos militares y económicos del Imperio en la región.
Deficiencias internas gubernamentales fueron aprovechadas por la oposición para gestar un movimiento que desechó todos los intentos oficiales para eliminar errores, y así crear las condiciones que facilitaron conscientemente o no la penetración de agentes extranjeros y puesta en marcha de planes urdidos desde el exterior.
Recordamos como el Partido Comunista de Siria, crítico constructivo de la política de Al Assad, destacó diversas reformas y medidas políticas y económicas dispuestas por el mandatario para mejorar la situación del país, pero todo fue inútil ante la puesta en marcha del plan elaborado por el imperialismo, luego del asesinato del líder libio Muammar el Ghadaffi y la caída de Libia en manos de ladrones y asesinos al servicio de los monopolios europeos y norteamericanos que anhelan apoderarse del petróleo y de los recursos hidrográficos.
Precisamente, esta guerra por la energía ha conllevado a tratar de derrocar al gobierno sirio para lograr el aislamiento y “castigo” de Irán por mantener una soberana política nuclear que, asegura, ý no se ha demostrado lo contrario- es de carácter pacífico.
La prensa occidental ha arremetido violentamente contra el gobierno sirio y los esfuerzos de Rusia y China por hallar una solución pacífica –pese al “dejar hacer” de la mayoría de los países del Consejo de Seguridad-, en tanto ignora las acciones de EE.UU. de caldear la situación y dar ultimátum al mandatario sirio para que renuncie, en un contexto donde se ofrecen sumas millonarias por el asesinato del Presidente.
Ya no se escribe que siguen presentes los militares británicos, holandeses y alemanes, que, con la asesoría norteamericana, han instalado los misiles Patriot enviados por Estados Unidos; así como de la ya mencionada entrada de mercenarios de todo tipo, hasta europeos “convertidos al Islam”, al país para enfrentarse al ejército sirio.
Día a día se hace presente la utilización de nuevos y sofisticados explosivos por los terroristas, que reducen una manzana completa a escombros, incluso en la capital. Damasco, en tanto Washington llama a Rusia y otros países amigos de Siria a que no le presten ningún tipo de apoyo, cuando millones de personas han buscado refugio en el exterior y desplazadas de sus lugares de origen, con graves necesidades materiales.
Es de destacar la resistencia de Damasco a todo tipo de chantaje, como ese de que pudiera emplear sus armas químicas contra el pueblo, como sí lo ha hecho ahora el enemigo.
Por el momento no se vislumbra una solución política y sí la continuidad de las acciones terroristas de los elementos internos y externos faltos de escrúpulos que no se detienen ante nada para derribar al único gobierno árabe en el Medio Oriente que ha mantenido una consecuente posición progresista.

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