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El silencio que daña

26 de septiembre de 2017

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Depresion-masculina (Small)

 

A pesar de las responsabilidades cotidianas y de la dinámica que caracterizan la vida moderna, hay personas equilibradas, física y mentalmente, que disfrutan de una buena salud. No son superdotados, aprendieron a enfrentar las situaciones estresantes y los problemas que forman parte de la existencia.

Contradictoriamente, muchos sobrellevan la existencia como “carga pesada”. Frustraciones e incomprensiones aumentan un estado permanente de estrés y ansiedad que perturban su salud psíquica: pérdida de un ser querido, hijos que abandona el hogar, divorcio, desempleo u otra sucesión de cambios desfavorables.

La ciencia establece la condición biopsicosocial del ser humano. El cuerpo responde a como se piensa, siente y actúa, lo que se denomina “conexión mente y cuerpo”. Por tanto, ese pensamiento que le martiriza se manifiesta en alguna parte de su organismo que comienza a fallar. Los ejemplos más conocidos: hipertensión arterial o úlcera estomacal. Sin embargo, hay otros síntomas –no tan populares–, que responden al desequilibrio emocional: dolores de espalda, pecho y musculares, cefaleas, mareos, arritmias, inapetencia y hasta disfunción sexual, entre otros.

Los escépticos dudan de estas verdades científicas sin admitir que la depresión –por mencionar otra manifestación muy extendida–, puede debilitar el sistema inmune (defensas bajas), con la consecuencia de mayor propensión al catarro o a infecciones de todo tipo.

Generalmente, ante cualquiera de estos síntomas, se visita al médico, pero son pocos los pacientes que confiesan al doctor estar atravesando un problema familiar o, sencillamente, estresante.

Hay que tener presente que el galeno no le conoce, se guía por los síntomas que le refieren, y como en el buen decir, “la procesión va por dentro”, pasa inadvertida la verdadera causa que genera el malestar.

¿Entiende ahora la conveniencia de explicar el trance emocional que se atraviesa? El especialista podrá tomar en cuenta la influencia de su psiquis en su estado de salud y procederá en consecuencia. Calmará sus tensiones, y emitirá el diagnóstico apropiado, sin obviar, la posible remisión a un psicólogo, de considerar conveniente el apoyo de esa otra especialidad.

Como un mensaje amigo, la recomendación más válida radica en no encerrarse en un silencio absurdo, que contribuirá a disminuir aún más su sistema inmune e incrementar sus síntomas, y por ende, su sufrimiento.

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