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Reviven armonía de una ecléctica catedral cubana (+Fotos)

12 de agosto de 2014

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Dicen sobre los yumurinos que son gente poco curiosa y que viven puertas hacia adentro en su neoclásica ciudad. Sin embargo, otra visión contará Miguel González Estela, jefe de la brigada a cargo de la intervención de la Catedral de San Carlos Borromeo de Matanzas.

Intervención de la torre norte, una de las más afectadas ante los efectos de los eventos meteorológicos. FOTO RADIO 26.

Intervención de la torre norte, una de las más afectadas ante los efectos de los eventos meteorológicos. FOTO RADIO 26.

No pocos deciden romper el silencio para conocer qué sucede paredes adentro del inmueble. Y si bien las labores constructivas han transcurrido sin notoriedad, en los últimos días la limpieza de su fachada ha hecho más visible el proceso de rehabilitación que desde el 2008 allí se acomete.
Con marcado deterioro en su estructura producto al paso de los años, las obras han beneficiado su cubierta, nave central y coro, y han sido catalogadas como las más profundas de sus ejecuciones desde que a principios del último siglo se le realizarán complejas acciones constructivas.
Es importante recalcar que la San Carlos Borromeo no solo funge como referente del centro histórico urbano yumurino, sino que, según el criterio de expertos, se estima sea el mejor templo con expresión ecléctica del siglo XIX cubano.

DEL COMIENZO Y SUS ESTRECHECES

La creación de San Carlos y San Severino de Matanzas estuvo, como muchas de las urbes hispánicas, estrechamente vinculadas a su iglesia. El 12 de octubre de 1693 se acudió a lo que hoy conocemos como la calle Jovellanos, entre Milanés y Medio, terreno asignado para la edificación del templo. Allí se ofreció la ceremonia de fundación de la ciudad.
Su construcción, inicialmente, respondió a una nave de tablas y guano. A principios del siglo XVIII un huracán afectó el asentamiento, incluida su iglesia, descrita tal como el poblado de entonces “pobre y estrecho”.

Fotografía de la época, cuando aún era iglesia parroquial.

Fotografía de la época, cuando aún era iglesia parroquial.

Apunta Leonel Pérez Orozco, autor del libro La Historia del Catolicismo en Matanzas que los sacerdotes, ante los daños y las limitaciones del inmueble, cruzaron al espacio colindante e iniciaron la edificación de uno nuevo, precisamente en el lugar destinado para la plaza pública. Cerca de 1730 se culminó la nave a donde trasladaron los ornamentos y el santísimo.
“Y aunque ahora la iglesia poseía un mejor acabado aún era sencilla, carecía de un campanario y de su sacristía, era tal como la propia Matanzas”, explica Pérez Orozco.
A mediados del siglo se ejecutan importantes transformaciones como la incorporación de la sacristía, un pequeño campanario, se favorecen las puertas de entrada y el piso. Y si bien al finalizar el período se amplían sus áreas exteriores y colocan en su frontón columnas para engrandecerla, todavía su visualidad se mantiene distante de la San Carlos Borromeo de hoy.

DESAFÍOS DE UNA CATEDRAL

Miguel González Estela lo confiesa, nunca antes había intervenido obra tan gigantesca y, al comienzo, tuvo sus temores. Él y sus hombres habían rehabilitado la parroquia de su pueblo, allá por el municipio matancero de Perico, pero la San Carlos Borromeo, en la ciudad cabecera, implicaba mayores desafíos para los suyos, una pequeña brigada perteneciente al sector no estatal.
Y dada la palabra iniciaron las labores. El deterioro extremadamente palpable en el inmueble conllevó la sustitución de las antiguas escaleras interiores de los campanarios y sus niveles, de madera, por estructuras de hormigón, igualmente interpretadas en cuanto a sus medidas.
Otro paso importantísimo resultó el desmantelamiento del techo de la nave central, afectado severamente por el paso de los años, y suplantadas sus cerchas por otras de metal. La cubierta fue revestida nuevamente con tejas de forma tal que se ganara en solidez sin afectar su estilo colonial.

Trabajadores del sector no estatal asumen la restauración. FOTO CORTESÍA OBISPADO DE MATANZAS

Trabajadores del sector no estatal asumen la restauración. FOTO CORTESÍA OBISPADO DE MATANZAS

No obstante, entre todas las faenas emprendidas por la brigada, la que más exigió de ellos y de la que prefieren contar a profundidad es sobre la reconstrucción de las bóvedas, para las cuales se predecía la presencia de profesionales foráneos debido a su tipo constructivo y las afectaciones acumuladas en las últimas décadas.
Después de contar con el asesoramiento de uno de los especialistas de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana, la brigada de Miguel concluyó tres de las bóvedas dañadas, gracias al uso de técnicas y materiales de fraguado rápido.
“Durante una semana estuvo a tiempo completo con nosotros y después de ver cómo asumimos la primera, nos dijo: ´me puedo ir tranquilo que ya ustedes asumen el resto sin dificultad´”, comenta González Estela orgulloso del resurgir de la catedral, obra también de su gente.

EL MEJOR TEMPLO ECLÉCTICO DEL SIGLO XIX CUBANO

El historiador Leonel Pérez Orozco, quien además fungió como presidente de la Comisión municipal de Monumentos, destaca que la San Carlos Borromeo, al igual que otras iglesias en el mundo se construyó con el transcurso de los años, con las evidentes marcas de sus hacedores y estilos imperantes.
“Sin embargo, su valor arquitectónico radica en su armonía. Se dice que es uno de los templos eclécticos mejor expresados del siglo XIX cubano. En su caso hablamos de una homogeneidad que la hace descascarse del resto que sí se edificaron tras estilos determinados. Su eclecticismo ha sido la suma de diversas formas pero con una armonía propia.”

Véase sus dos torres, la una perteneciente al estilo barroco español y la segunda, morisco.

Véase sus dos torres, la una perteneciente al estilo barroco español y la segunda, morisco.

La Matanzas del siglo XIX, ya fuerte económicamente, comenzó a demandar otras prestancias para su catedral. En la década del 30 se desarrollan nuevas obras que la definirán como una gran iglesia. Se construyen las torres actuales, la sur y norte. La primera responde al barroco español, y la segunda, al morisco; se alzan las naves para ganar mayor elegancia y se adicionan ventanas. Al finalizar el siglo la catedral matancera se aprecia tal y como la conocemos hoy.
En 1912, a la San Carlos Borromeo se le confiere el rango de catedral y justamente en ese año se le acometen ejecuciones de envergadura: se suprimen las catacumbas y en su lugar se funde una gran columna de cerca de 26 metros y otras de menor escala que sustentan la cúpula central, todo ello para proporcionar durabilidad al inmueble afectado por el agrietamiento de sus paredes.
Se coloca su piso de mármol y decoran sus altares. Seguidamente, en la propia década del 40 se vuelve sobre las mejoras y adiciones, entre éstas últimas surge la gruta de la Virgen de Lourdes, ubicada por la entrada de la calle Milanés.

DOS OFICIOS, REHABILITAR Y RESTAURAR

Sí de acciones complejas se trata, la brigada de Miguel suma otra a su haber, el hecho de intervenir grandes estructuras sin emplear maquinaria pesada que agrediera el entrono circundante.
A fuerza de voluntad e ingenio, avanzan por facetas. Hoy se encuentran inmersos en la reconstrucción de la torre norte, otro de los elementos con desafíos por su estado de deterioro producto a los efectos de las tormentas eléctricas.
Explica González Estela que tras consultarse fotografías de la época, se ha reconstruido y colocada una espiga de conchas de cerca de dos metros, donde se colocará el pararrayos. “Después continuaremos con la torre sur, la menos dañada, y en septiembre próximo esperamos iniciar con su fachada”.

Agustín Drake junto al Obispo de la Ciudad de Matanzas, Monseñor Manuel Hilario de Céspedes García-Menocal. FOTO CORTESÍA ARTISTA.

Agustín Drake junto al Obispo de la Ciudad de Matanzas, Monseñor Manuel Hilario de Céspedes García-Menocal. FOTO CORTESÍA ARTISTA.

Una vez concluidas las labores de rehabilitación y restauración, en su parte exterior, será colocada una escultura a tamaño natural de San Carlos Borromeo, obra del reconocido artista de la plástica yumurina Agustín Drake.
La imagen anterior se encontraba en pésimo estado de conservación, al punto de imposibilitarse su rescate. El material empleado en su confección dista de aquel que era de piedra. Ahora se utilizó una resina especial que, mezclada con varios aditivos, muestra una factura de detalle y solidez.
Al unísono marca el proceso de restauración de los bienes patrimoniales del inmueble, altares, imaginario religioso y decoración. Para ello, trabajan un grupo de cinco jóvenes graduados de la Escuela Profesional de Arte de Matanzas, quienes se han reunido expresamente para las faenas de la catedral.
“Por un lado nos enfocamos en conservar y por otro, en reponer aquellos elementos que se encuentren en mal estado. Trabajamos todos los días, mañana y tarde, y aún resta bastante quehacer porque nuestra labor es una de las más lentas”, asegura Adrián López González, uno de los restauradores.
Ahora el equipo se centra en los altares, de los que apuntan que cada cual implica un reto o tratamiento específico. Las imágenes religiosas ya fueron restauradas por Adrián, quien a la par de la brigada de Miguel, las llevó a su taller.
“A medida que terminemos los altares, las incorporaremos tras el propósito de encontrar un conjunto visual efectivo, es decir, velando por las características de cada una y su integración. No queremos que se aprecien como elementos nuevos, sino que se distingan desde el efecto del tiempo sobre ellas.”

VALORACIONES…

“Todo ha sido a fuerza de brazo. Al comienzo solo éramos seis hombres, ahora somos ocho, todos con varios años de experiencia, incluyendo a mí que ya llevo dos décadas como constructor”, Miguel González Estela, jefe de brigada.
“La catedral está ganando vitalidad. Es mucho más luminosa y no quita que antes no lo fuese con otro encanto, solo que ahora aportan las aberturas de sus ventanales y el uso de colores claros. Hay sistemas de luces indirectas para lograr en las noches otro ambiente, de mayor recogimiento, y se ubicaron también copias fieles de los apliques originales. La iluminación será mayor”, Adrián López González, profesor de diseño de la Escuela Profesional de Artes de Matanzas y uno de los restauradores.

Parte del equipo de jóvenes restauradores que asumen las obras en la San Carlos Borromeo de Matanzas. FOTO RADIO 26.

Parte del equipo de jóvenes restauradores que asumen las obras en la San Carlos Borromeo de Matanzas. FOTO RADIO 26.

“Estamos en presencia de una de las más importantes restauraciones realizadas en la provincia que compite con sus similares en el país; en primer lugar, por la interpretación que han realizado de las diferentes estructuras del inmueble, algunas notablemente dañadas por el paso de los años.
“Se reconstruyeron las bóvedas de ladrillo que le dan una visión de palacio medieval, de catedral gótica, prestancias que no se podían perder; en la cubierta se han respetado sus antiguos canales de agua y de depósito interior. En fin, se ha analizado cada elemento e intervenido exactamente como era”, Leonel Pérez Orozco, autor del libro Historia del Catolicismo en Matanzas.

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