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Eusebio Leal: “Tiene que haber pasión conquistadora”

19 de mayo de 2015

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Por Maya Quiroga / Tomado de Cuba Contemporánea

Iniciado en la capital cubana el XIII Encuentro sobre Manejo y Gestión de Centros Históricos, que se desarrolla bajo el lema “La ciudad necesaria, la ciudad posible” entre el 19 y el  22 de mayo, publicamos esta entrevista de Cuba Contemporánea, quien conversó con el doctor Eusebio Leal Spengler, Historiador de la Ciudad de La Habana y director de la Red de Oficinas del Historiador y del Conservador de las ciudades patrimoniales de Cuba.

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¿Cómo se ha logrado conjugar en el Plan Maestro la participación ciudadana, la conciencia social y la voluntad política del Estado?

-Hay hechos que surgieron al azar y no fueron el resultado de una cavilación intelectual. Por ejemplo, las aulas en los museos, que han tenido un gran reconocimiento y para mí una gran significado, porque no es el mecánico traslado de los estudiantes a un museo.

Era crear un espacio diferente en el cual, hasta por ósmosis, los niños van viendo cosas que no están en la escuela: muebles, objetos, una escalera diferente, un espacio distinto, un silencio aceptado por los que llegan de visita al museo.

Eso surgió como resultado de la destrucción del aparcamiento de la Plaza Vieja. Posteriormente lo asumimos como experiencia y se convirtió en una doctrina que ha sido llevada a otros países del mundo: mereció distintos reconocimientos, entre ellos el Premio Andrés Bello por la educación comunitaria.

Cuando fundé el Plan Maestro vino conmigo una persona brillante, que es la arquitecta Patricia Rodríguez, una mujer de gran preparación intelectual. Siempre la llamé a ella el alfil del juego porque era capaz de convertir en doctrina la idea, la iluminación, lo que de pronto venía a nuestra mente.

Recorriendo talleres de restauración de casi todos los lugares del mundo lo que encontrábamos era un grupo especializado de arquitectos, historiadores, urbanistas, muchas veces tirándose de los pelos, porque el historiador no decía lo mismo que el urbanista y el arquitecto. Eso puede hasta repetirse en pequeña escala hoy porque nuestra concepción del Centro Histórico no es precisamente el umbral del paraíso. Hay mucho que discutir, a veces, entre nosotros.

Lo que si no admite ninguna discusión es que sin una participación comunitaria, sin una repartición equitativa de lo que el Centro Histórico es capaz de generar en beneficio de la comunidad, nuestro trabajo sería absolutamente inútil.

En un período anterior a lo que podríamos llamar las nuevas oportunidades esto era un poco más difícil porque teníamos que hacerlo de una forma altruista, creando centros de protección, lugares para atender determinadas cuestiones.

Ahora se multiplican los puestos de trabajo y crecen iniciativas en las cuales, de una forma u otra, participa la comunidad pero a partir de un hecho indudable, innegable e irrebatible que es la restauración del Centro Histórico.

De no haber existido la voluntad política por parte del Estado y la fuerza y la capacidad de la OHCH para poder instrumentar un proyecto coherente, aquí no vendría nadie. Este sería el más marginado, el más maloliente y el más arruinado de todos los barrios de La Habana. Ese compromiso social ha permitido que hoy se diga que el proyecto del Centro Histórico es algo singular, diferente, distinto.

 
Como le escuché decir en una intervención hace algunos años, en el proyecto del Centro Histórico se articulan los conceptos de salvar las almas y las piedras, el patrimonio espiritual y el material. ¿Cuál es la génesis de esa idea?

 
-Específicamente, lo que me preguntas, me lo reveló Fina García Marruz. Con la premura y la falta de tiempo, la letra de José Martí se hizo bastante difícil de entender, casi un trabajo de paleógrafos. Fina estaba transcribiendo unas líneas de Martí donde decía: “Ese hombre viene desalmado”. Ella descubrió que en realidad se trataba de la palabra “desamado”.

Cuando alguien está desalmado es que carece de humanidad y cuando alguien está desamado es que carece de amor. Creo que solamente el amor salva. El amor tiene muchas manifestaciones. Tú no puedes nunca tratar a un ser humano cualquiera si no tienes esa proyección de que es algo más que una armazón de huesos, rostro, perfil, identidad circunstancial. Hay algo en él que lo hace trascendente.

En el corazón, los poetas, desde hace mucho tiempo, han situado las emociones más que en el cerebro. A veces ha muerto el cerebro y vive todavía el corazón. Pienso que hay que conquistar a las personas y en esa labor de conquista todavía estamos.

Cuando todo se convierte en estadísticas, en papeles, en números, nada funciona. Tiene que haber pasión conquistadora. Eso es lo que cambia las cosas.

Expertos internacionales afirman que el patrimonio tiene que ser sustentable y rentable. ¿Es La Habana Vieja un ejemplo de sustentabilidad económica en el rescate del Centro Histórico habanero?

 

-Muchos de esos expertos antes creían que la cuestión tenía que venir de un mecenazgo de la UNESCO o la cooperación internacional, y que podíamos hacer instituciones más o menos estáticas como los museos o fortalezas restauradas.

El tema está en lograr, sin banalizarlo, que el patrimonio y la cultura sean capaces de generar lo necesario para en gran medida sustentarse. Nunca se logra del todo, lo digo por experiencia. Nadie se imagina lo que cuesta una buena cuerda de un piano, o un violín, un buen pincel en el departamento de restauración o una hoja de papel traída del Japón para sustentar un plano antiguo.

Esa insostenibilidad económica es la que ha determinado que todo Estado sabio y culto le dé al Patrimonio cultural el lugar que le corresponde, independientemente de que busquemos dinero con nuestras publicaciones o el cobro de los espectáculos.

Todavía hoy, los que participan en los conciertos de la Basílica Menor del Convento de San Francisco de Asís, con el modesto abono de sus ingresos, no han pagado los que nos costó el piano.

El Dr. Eusebio Leal saluda a niños participantes en Rutas y Andares (foto Néstor Martí)

El Dr. Eusebio Leal saluda a niños participantes en Rutas y Andares (foto Néstor Martí)

¿Qué importancia le atribuye a la responsabilidad social de los llamados microempresarios solidarios para el desarrollo local de La Habana Vieja?

-Los conceptos empresariales y la solidaridad son difíciles de unir, como también es difícil unir los conceptos de la propiedad y la solidaridad. Martí decía: “Todo hombre tiene en sí una parte de león y cada vez que puede coge para sí una parte león”. Esa es una gran verdad.

Para mí es importantísima esa participación actual por el solo hecho de que se reconstruyan por parte de las personas, con sus iniciativas, cosas bellas e importantes para La Habana, y que surjan además fuentes de trabajo, sobre todo en lugares donde nosotros no habríamos podido llegar nunca por una cuestión de tiempo y por una cuestión de economía.

Ese movimiento empresarial se puede conducir. Yo le escribo todos los meses. Firmo más de 400 cartas mensuales que van dirigidas a cada propietario con el deseo de que triunfen dentro del marco de la ley y que respeten las condicionantes legales.

Y hay algún propietario o algunos grupos de ellos que han logrado tomar iniciativas por el bien común. Eso me interesa mucho. Por ejemplo, el caso de un niño, un adolescente y hoy un hombre que conocí: Papito, el barbero, en la calle Aguiar, quien ha creado un proyecto de solidaridad comunitaria donde ha implicado sus propios recursos.

Hace poco estuve en un congreso en México y me sorprendió que el orador que iba a presentar su proyecto fuera él. Me alegré muchísimo de esa nueva visión de la propiedad con sentido social.

Creo que una propiedad con sentido social tiene una gran validez y aborda el tema de la justicia. Se trata de dar, de forma voluntaria, una parte de la plusvalía que se obtenga por el ejercicio de un negocio determinado en el contexto de las nuevas oportunidades.

En los restaurantes de la compañía turística Habaguanex se estableció una tradición que no nació de una inspiración sindical o política: nació de la voluntad de algunos trabajadores, personas de una solidaridad admirable. Ellos decidieron donar una parte de su propina, en forma de muñecas, regalos, dulces, para los niños muy enfermos que se encuentran ingresados en determinados hospitales. Eso es algo maravilloso.

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¿Considera que la experiencia del Plan Maestro se puede extender a la Red de Oficinas del Historiador y del Conservador de las ciudades patrimoniales de Cuba?

-Es muy importante el lenguaje. El Plan Maestro adquiere en cada lugar una forma diferente. En Camagüey existe también un Plan Maestro de la Oficina del Historiador. En Cienfuegos, como el liderazgo natural nació de un arquitecto, se llama Oficina del Conservador, en el sentido de conservar dinámicamente el patrimonio, no conservador en política.

Tampoco he querido que sea una copia al calco en cada provincia. He creído siempre en un grupo dotado, capaz, inteligente, multidisciplinario, donde se tenga en cuenta lo jurídico, lo estructural, lo urbanístico, lo arquitectónico, la belleza, y donde estén muy claras las conceptualizaciones, porque cuando se acciona mucho y falta la teoría se cometen graves errores. Hace falta una teoría de la restauración.

El Plan Maestro tiene a su cargo reunir las experiencias múltiples, crear y defender a escala nacional e internacional una teoría de la restauración más moderna, que avance más allá de lo que se escribió en la Carta de Venecia o en la Carta de Atenas, y defienda que el traje tiene que ser, en cada lugar, cortado a la medida.

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