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Varela y el gobierno paralelo

12 de julio de 2014

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Se dice que el nuevo presidente de Panamá, Juan Carlos Varela, es un hombre honesto y que esta fue la principal virtud para que los votantes panameños hicieran caso omiso a encuestas que pretendían engañosamente ensalzar a sus opositores.
Varela está sindicado como uno de los “capitalistas buenos” que existen en este mundo, dueño de una licorería donde se afirma que no maltrata a los trabajadores y es ejemplo de laboriosidad y de humanismo, algo difícil cuando uno está envuelto en la rueda de la explotación y la ganancia a toda costa.
Se enfrenta ahora a un gobierno paralelo montado por el archimillonario y corrupto del mandatario saliente, Ricardo Martinelli, como lo ha demostrado el rechazo de personeros en puestos claves a su pedido, no obligatorio, de que presentaran sus renuncias para depurar el ambiente.
Esa corrupción, los manejos ilegales de fondos que debían ser destinados a obras sociales y tantos años de mal gobierno ha hecho que la pobreza se extienda al 32% -y no al 29%. como se había señalado con anterioridad- de la población.
Es decir, uno de cada tres ciudadanos panameños está envuelto en la capa oscura de las penurias, en una nación donde el dólar es amo y señor y las obras monumentales, como la ampliación del Canal, hacen llegar miles de millones que van a parar generalmente a los bolsillos de los poderosos.
Por supuesto, corrupción más pobreza hacen sensible la desigualdad de la pequeña nación centroamericana a la que Varela dice que pretende salvar, y lo primero es su intento de una reforma constitucional paralela que hasta el próximo año no sería concretada.
Para esta y otras tareas tiene el handicap en contra de que su partido, el Panameñista, es minoritario legislativamente y solo cuenta con el apoyo del pequeño Partido Popular.

 

PARADOJA

 

Aunque Panamá es la estrella en materia de crecimiento económico en los últimos años en América Latina (8,3% en el 2013) y se espera que en el 2014, junto con China, sea uno de los países más dinámicos del mundo, el nuevo mandatario se enfrenta a retos en materia social, política y económica.
A lo anterior de la corrupción, pobreza y desigualdad tiene que lidiar con el fuerte incremento del costo de vida y la falta de acceso a servicios básicos de agua, salud, educación y vivienda para miles de familias.
A esto se suman tareas ya iniciadas en materia de infraestructura, pero que todavía son insuficientes, como la primera línea del metro de Ciudad de Panamá, o que van a paso de tortuga, como es el del ya mencionado caso de la ampliación del Canal, por donde pasa el 6% del comercio mundial, que tiene retraso de más de un año y se espera esté listo a finales del 2015.
Otro factor nuevo de preocupación para la sociedad panameña es la delincuencia, que se está viendo reflejada en indicadores como un mayor número de asaltos y de homicidios, que, según cifras de Naciones Unidas, llegan a 17,2 por cada 100 000 habitantes, entre las tasas más altas de Latinoamérica.

 

LO MÁS GRAVE

 

Pero el analista y catedrático universitario Carlos Guevara Mann considera que no es menos delicada, en la actual coyuntura política panameña, la debilidad institucional generada por el ex presidente Ricardo Martinelli y que se expresa en una casi inexistente separación de poderes.
Guevara le dijo al diario El Tiempo que la prueba de lo anterior es que el mandatario inició su gobierno hace cinco años con 17 diputados de la Asamblea Nacional adeptos y finaliza con 46 (son 71 en total), con una ex empleada en su cadena de supermercados convertida en Contralora General y un antiguo abogado personal nombrado Procurador General de la Nación.
A esto se suma una Corte Suprema de Justicia totalmente apéndice del Ejecutivo, hechos que, de acuerdo con el académico, son un grave antecedente que impide la profundización de la democracia y fomenta factores como la corrupción.
Otra de las misiones que deberá asumir el próximo mandatario es la disciplina fiscal para mantener el crecimiento económico.
Según varios economistas, el actual gobierno no podrá “endeudarse tanto” como el saliente y deberá reajustar su gasto para satisfacer las reivindicaciones sociales del país, de más de 3,5 millones de habitantes.
De todas maneras, el licorero y nuevo mandatario ha declarado que está consciente de esta situación, pero que, mientras la enfrenta, no dejará de emprender medidas para aumentar el sistema de riego en el país con el fin de mejorar la producción agropecuaria nacional del 20% al 40%, y crear una autoridad de transporte metropolitano que integre al metro y el metrobús, así como introducir otras propuestas en materia de vivienda, energía, tecnología, logística y minería, a fin de buscar una solución a los problemas que enfrenta la inmensa mayoría de los panameños.

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