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Urge una «vacuna» contra el egoísmo

10 de julio de 2020

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Es posible que alguien, en algún país, dedique algún tiempo de esta larga cuarentena a causa de la Covid-19, para investigar en temas como el egoísmo, que por desgracia está imponiendo una matriz de conducta en momentos en que debiera predominar la solidaridad.
He leído y escuchado a psicólogos que han abordado temas de mucho interés para aliviar las angustias y asumir conductas de ocupación y tranquilidad, para ocupar el tiempo «libre» que se prolonga.
Me parecen muy oportunas e inteligentes las recomendaciones de los profesionales de la psicología para ayudar a este tránsito tan complicado.
Pero, me atrevería a sugerir —repito sugerir— que el tema del egoísmo en los seres humanos, sea repasado, una y otra vez, para que ayude a tomar conciencia a quienes desgraciadamente se dejan llevar por la circunstancia adversa, y toman ese penoso mal como un atributo.
A escala internacional, la conducta egoísta tiene marcada presencia en el sistema capitalista, construido a partir del individualismo, lo privado, lo «mío por encima de lo de todos».
Y considero que tenemos que hacer hincapié en la condena a esos comportamientos inapropiados, despreciables.
Por ejemplo, es totalmente sancionable la conducta egoísta con que el presidente estadounidense Donald Trump actuó al decidir comprar todas las potenciales vacunas que se puedan producir contra la COVID-19, a sabiendas que de esa forma el resto del mundo quedaría renegado a no tener esos tratamientos o esperar quizás años para que el mercado abarate sus precios.
«Me parece muy preocupante que las acciones que está tomando Estados Unidos puedan servir para acaparar vacunas y medicinas contra la COVID-19», señaló en entrevista con EFE el profesor Lawrence Gostin, director del Instituto de Salud Global de la Facultad de Derecho de Georgetown, en Estados Unidos.
Se trata de una acción del presidente Trump, especializado en romper con todo aquello que signifique multilateralismo, incluso, que acaba de salirse de la Organización Mundial de la Salud, en medio de la etapa más crítica de la pandemia, y decide emplear miles de millones de dólares en adquirir prácticamente toda la producción hasta septiembre del tratamiento de redemsivir, de la empresa estadounidense Gilead, una de las dos medicinas que han probado ser útiles contra la COVID-19.
En este contexto donde predomina el egoísmo como manera de actuar, el científico Thomas Senderovitz, responsable de la Agencia Danesa del Medicamento, dijo que el paso dado por EE.UU. para acaparar redemsivir es una mala noticia para Europa y para un mundo en medio de una crisis global.
Recordemos que en marzo pasado, Trump trató de persuadir
a la empresa alemana CureVac para que trasladara su investigación de una posible vacuna contra la COVID-19 a Estados Unidos, algo que finalmente no prosperó y que acabó con la apresurada salida de su entonces consejero delegado, el estadounidense Daniel Menichella, y con la afirmación del gobierno alemán de que todo lo relacionado con la pandemia es un asunto de «seguridad nacional».
No es muy difícil saber que detrás de este pensamiento imperial, unilateral y ambicioso, predomina la concepción de que todo es una mercancía y todo se compra y se vende, por encima de la necesidad que puedan tener unos y el exceso de recursos que puedan disponer otros.
El egoísmo marca pauta en quienes, como Donald Trump, son abanderados de ese flagelo que está causando peores daños, mucho más letales que hasta la propia COVID-19.
El mundo necesita con urgencia de una «vacuna» contra ese malendémico.

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