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Unidad, tradición y cooperación ante los sismos

1 de julio de 2026

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Una hermosa y valiosa tradición, a pesar de su origen trágico y desgraciado, ha ido forjándose a lo largo del tiempo en la región de América Latina y el Caribe sísmicamente vulnerable en buena parte de su territorio y víctima con lamentable frecuencia en muchos de sus países de los movimientos sísmicos y telúricos, -algunos de notable intensidad,- causantes de miles de daños humanos y materiales, destrucción y muerte por doquier, que muchos estudiosos clasifican ya como consecuencia también del indetenible e implacable cambio climático desatado en el universo actual, un acompañante fatal de las guerras, la miseria y el hambre, las enfermedades epidémicas y hasta los accidentes generados por la propia tecnología aplicada desenfrenadamente, con fines de lucro y sin límites racionales.

Los sismos o terremotos con frecuencia han estado en el origen mismo o la causa inmediata de esa tradición a que me referiremos y ha enraizado paulatinamente del Río Bravo a la Patagonia, aunque otras regiones y países incursionan en ese terreno de una forma u otra y acorde con las posibilidades y voluntad existentes en cada caso.

Lo cierto es que en América Latina y el Caribe es una práctica que se ha extendido sobre conceptos humanitarios y solidarios y ella pudiera generalizarse aún más, siempre que se guíen por aquel pensamiento de Fidel Castro en cuanto a “no dar lo que nos sobre, sino compartir lo que tenemos”.

Con razón así lo afirmaba, pues Cuba ha mantenido una actitud sostenida y semejante, -aún bajo el asedio del bloque yanqui, -que dio inicio en 1959 cuando el intenso terremoto en Chile; en 1970 en el Callejón de Huaylas de Perú; en 1972 cuando el terremoto de Managua, Nicaragua, golpeó fuertemente a ese país que gemía bajo Somoza; en 1996-98 bajo los ciclones e inundaciones de Centroamérica; también el sufrido pueblo de Haití ha sentido esa mano solidaria en varias ocasiones…

Es ahora la hermana Venezuela la que debe recibir el apoyo de los rescatistas cubanos, mientras cientos de médicos y enfermeras que ya allí se encontraban cumpliendo el deber profesional se entregan de llano a la más urgente tarea de estos momentos.

Pese a intrigas, conjuras y chantajes, maniobras ocultas y otras fechorías, todo indica que la semilla de la unidad, la tradición y la cooperación va sembrándose y nada ni nada podrá desterrarla en Nuestra América, ni su mensaje humanista, solidario y claro.

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