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Tradición y luchas de las protestas sociales

23 de mayo de 2026

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Cuando el 9 de abril de 1952 culminaban en Bolivia los acontecimientos que dieron lugar a la entonces llamada Revolución del 52, no hay dudas de que el país andino -el viejo Alto Perú que Bolívar y Sucre transformaron en la Bolivia soberana que puso fin el colonialismo español manejado por los virreyes y sojuzgador de los pueblos indígenas originarios- entró de lleno en la historia latinoamericana moderna, pues en aquellos sucesos estuvieron presentes por vez primera en el país y también poco frecuentes en la historia anterior de los países de Sudamérica, como fue la derrota militar causada por los trabajadores mineros al ejército profesional organizado por los monopolios extranjeros y las oligarquías locales, que entonces encabezaban Aramayo y Rotschild.

La explotación del estaño era allí en esos momentos la gran riqueza de los minerales andinos, que iba a parar a las áreas de las bancas extranjeras.

Los acontecimientos del 52, sin embargo, no pudieron llegar a redondear el éxito popular y asegurar desde aquellos momentos la irreversibilidad del proceso, asediado desde el exterior y traicionado desde adentro, agravado por la falta de unidad que habitualmente ha perseguido a los movimientos populares.

No obstante los contragolpes y las derrotas temporales es indiscutible que las protestas sociales y la organización sindical incesante alrededor de ellas ha sembrado una tradición de lucha que no ha podido ser destruida y emerge periódicamente con fuerza sorprendente cada vez que sus derechos ya históricos van a ser desconocidos o pisoteados.

El neoliberalismo, la oligarquía y la dependencia extranjera no han podido desde entonces sentar sus pautas otra vez en tierras bolivianas y ello se evidencia nuevamente por estos días cuando el actual régimen neoliberal no ha podido imponerse y aplastar las protestas sociales y sindicales que han atravesado al país desde sus regiones mineras y agrarias hasta la capital en las zonas urbanas de La Paz y El Alto.

No olvidar que en el interín de casi 20 años los gobiernos progresistas encabezados por Evo Morales y Luis Arce contribuyeron a afianzar, -no sin dificultades e incomprensiones,- la orientación popular y a favor de las mayorías de los diversos grupos sociales, en primer término de los trabajadores y campesinos.

Pero la historia vivida por los pueblos no puede ser borrada ni reescrita. Y eso es lo que ha ocurrido también en Bolivia, donde la tradición y el ejemplo histórico de las luchas sociales no pudo aplastado: vive, pervive y emerge cada vez que se hace necesario, y hasta el día de hoy eso queda demostrado.

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