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Sin control

11 de septiembre de 2015

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La coalición occidental y los elementos mediorientales afines bajo el mando de Estados Unidos son citados día a día acerca de los bombardeos con que mantienen a raya al Estado Islámico (EI), el ente terrorista surgido por la política divisionista y accionar agresivo norteamericano, que no solo mantiene amplias partes del territorio de Siria e Iraq, sino que acaba de controlar totalmente el petróleo sirio.
La toma del último yacimiento de petróleo que conservaba Damasco, se produjo en la provincia de Homs, mientras otras fuerzas del EI combatían contra el ejército egipcio en la zona del Sinaí.
Ahora la Siria no ocupada depende totalmente del crudo que le suministra Irán, pero lo más grave es que la coalición dirigida por Washington se siente completamente libre para atacar los yacimientos petrolíferos sirios, destruirlos totalmente, bajo el pretexto de que están en el poder del EI.
Es decir, sale de carambola, tal como lo planificaron los enemigos del gobierno de Bashar al Assad, todos sospechosos de haber contribuido a la creación y el mantenimiento del EI, como: Estados Unidos, Turquía, Israel y Arabia Saudita.
Así EE.UU. está libre, subrayo, para destruir los diez yacimientos sirios en poder del EI, aunque no dice nada sobre los siete que tiene en Iraq; lo curioso es que no ha disminuido el flujo del petróleo vendido a través de la frontera turca y comprado incluso por varios países de la Unión Europea, lo que le da margen al grupo terrorista de obtener por lo menos tres millones de dólares diarios por ese concepto.
Jerarcas militares israelíes ya retirados han asegurado que al EI se le puede destruir fácilmente si se quiere hacerlo, e indican que ese no es el verdadero propósito de Estados Unidos, pese a que lo esgrime constantemente.
No ha podido dañar ni las redes del tráfico ilegal que se han convertido en un perfecto aliado para el EI, porque, pese a sus ideas medievales, los jefes yihadistas saben perfectamente en qué siglo viven: basta echar una ojeada a su publicación periódica, IS Report, para darse cuenta de que usan conceptos plenamente occidentales como nation-building o informan sobre sus proyectos de “protección al consumidor” y control de las cosechas.
Además de los pozos petrolíferos, el EI ha tratado de conquistar varias refinerías, entre ellas la de Baji, la mayor de Iraq, donde se han librado duros combates. Pero buena parte del crudo que refina para el consumo local en las grandes ciudades que controla –la iraquí Mosul o la siria Raqqa– se lleva a cabo en refinerías móviles en medio del desierto.
Mehmet Adi Ediboglu, diputado del partido opositor turco CHP por la provincia de Hatay, fronteriza con Siria, denunció recientemente que el EI está montando tuberías improvisadas para hacer llegar su petróleo hasta el otro lado de la frontera. El ex ministro del petróleo de Iraq, Issam al Chalabi, también se ha quejado de que los países vecinos están “haciendo la vista gorda” al contrabando de petróleo del Estado Islámico dados los bajos precios que cobra.
Incluso la embajadora de la Unión Europea en Irak, Jana Hybaskova, confirmó que estados comunitarios están comprando el petróleo que exporta el EI.
A todo esto se suman los conocidos métodos de extorsión, secuestros y alza de impuestos en un vasto territorio donde residen ocho millones de personas.
Como se ha informado, este autoproclamado califato islámico está formado por militantes radicales sunnitas que proclaman, defienden e instalan con el terror su interpretación tergiversada del Islam.
En fin, es un hijo producto de la represión politica y militar del Imperio en Iraq, al que ya no puede controlar y se ha convertido en una amenaza real para la humanidad.

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