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Siembra de inestabilidad

5 de agosto de 2013

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Ya ha pasado la primera década de la invasión y ocupación de Afganistán por parte de tropas de Estados Unidos y la OTAN, y la situación allí se torna más difícil en todos los aspectos de la vida, tanto para la población afgana como para las tropas ocupantes.
Canadá, que incomprensiblemente ha formado parte de esta aventura bélica, se ve ahora entre la espada y la pared y aunque Ottawa había anunciado el repliegue de sus uniformados en el año 2014, ya se habla de que tal colaboración continuará después de esa fecha.
Algo similar sucede, pero en mayor escala, con la presencia norteamericana en tierra afgana. El presidente Obama previó  retirar el año próximo a la mayoría de sus fuerzas, aunque… dejaría a unos  9 000 efectivos, como  hizo en Iraq donde la supervivencia se hace cada vez peor.
Quienes justifican que militares foráneos se mantengan en aquellas tierras, argumentan que las fuerzas de seguridad de Afganistán son muy dependientes de Estados Unidos y de la OTAN, en especial para apoyo logístico y capacidad aérea.
Citado por IPS, el profesor Anatal Lieven, del King’s College de Londres, dijo que lo que mantiene a Washington en Afganistán es el temor a que la historia se repita, refiriéndose a la caída de Saigón, que marcó el fin de la Guerra de Vietnam.
El dilema es cómo equilibrar el deseo de salir de Afganistán con el profundo temor, en especial del ejército estadounidense, de sufrir una obvia y humillante derrota si cae el gobierno afgano, explicó Lieven.
Se trata de un país donde actualmente hay 275 000 armas      ligeras, sin contar las que están en poder del talibán, de acuerdo a datos suministrados por el ministro de Interior afgano, el general Ghulam Mujtabo Patang.
El propio ministro informó que 2 748 policías han muerto en el país en los últimos cuatro meses, una cifra que supone que más de 22 agentes pierden la vida cada día por ataques de la insurgencia.
¿Quién puede hablar de estabilidad en una situación como esa?

A su vez, el gobierno de Obama se enfrenta al dilema del alto costo de esa guerra, que actualmente conlleva un subsidio de 4 000 millones de dólares anuales.
Hay especialistas que apuestan a una vuelta al poder afgano por parte de los islamistas o que se produzcan nuevos enfrentamientos entre los llamados señores de la guerra de la Alianza del Norte, que combatió al talibán entre los años de 1996 y el 2001, fecha esta última en que asumió el poder el actual  mandatario Hamid Karzai. Ahora, cuando se pasa por la última fase del denominado proceso de transición, en la que el Ejército y cuerpos de policía afganos asumieron la responsabilidad sobre la seguridad en Afganistán, se evidencia con toda claridad que ni Estados Unidos ni los demás países de la OTAN lograron la supuesta estabilidad en un país donde lo que predomina para Washington es el dominio de sus minerales y su ubicación geoestratégica cercana a Rusia, Irán y otros países asiáticos.

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