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RPDC: El derecho a defenderse

29 de mayo de 2013

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La reciente posición rusa de defender el derecho de la República Popular Democrática de Corea (RPDC) a poseer misiles de corto alcance, y la china de intensificar sus esfuerzos para distender la tensión en la península coreana y coadyuvar al entendimiento entre Pyongyang y Tokio, ofrecen un aliento positivo ante la continuada política de Estados Unidos de situar esa región al borde de la guerra, a la que arrastra al régimen surcoreano.
Expresé en un anterior comentario que no creo que Washington desee una guerra en la zona, de incalculables consecuencias, pero si crear situaciones que le permitan tanto mantener como elevar su  presencia militar, además de fortalecer su anillo de bases militares con armas nucleares que rodean a China y tienen en su punto de mira a Rusia.
La propaganda mediática contra Pyongyang ha calado en la población del Sur, que, según encuestas, desea en su mayoría que armas atómicas ingresen en el arsenal del ejército seulita. Paradójicamente, sectores empresariales indicaron  su disposición a tender puentes con el Norte y retomar el camino de inversiones conjuntas, que ya fructificaban en la zona fronteriza.
Lo cierto es que la actual administración estadounidense de Barack Obama ha seguido la de la anterior de George W. Bush en levantar un andamiaje difamatorio que pretende ubicar a la RPDC como enemigo de los demás pueblos, al propalar el infundio de que su gobierno es capaz de utilizar el arma nuclear para provocar un holocausto, aunque muera en el intento.
O sea, todo un tradicional proceso de Estados Unidos para tergiversar la crisis coreana con propósitos hegemonistas, ya concretada en Iraq y Libia, con la bochornosa “santificación” del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
Los actuales movimientos y decisiones por separado de Rusia y China para aliviar la tensión, además de no abandonar a una nación que desde su fundación ha enfrentado y derrotado agresiones de todo tipo del Imperio, tienden a eliminar justificaciones estadounidenses para no arribar a un acuerdo político que termine con el estado de guerra que perdura  desde la guerra de agresión (1950-1953), que EE.UU., por primera vez en su historia, no pudo ganar.
LO QUE MOLESTA AL ESTABLISHMENT
A partir de la  Cumbre presidencial de junio del 2000, las dos Coreas iniciaron un descongelamiento de sus relaciones. Algunos países europeos restablecieron relaciones diplomáticas con la RPDC y Japón comenzó a negociar el asunto antes de que su Primer Ministro visitara Pyongyang. En septiembre del propio año, el premier Junichiro Koizumi dijo, a su regreso a Tokio, que el líder norcoreano Kim Jong Il se había comprometido “a respetar los acuerdos internacionales… aceptar completamente las inspecciones (nucleares)… y congelar las pruebas (de misiles) definitivamente…”.
En el orden interno, la RPDC inició una reforma económica, que incluía la liberalización del mercado negro y el uso de divisas, la creación de dos zonas especiales enfocadas a la inversión china y a la surcoreana, respectivamente, además de una tercera enfilada a Japón, y se dieron pasos sustanciales hacia la desmilitarización. Aparentemente, se estaba acabando la guerra fría en Corea.
Esto era demasiado para Washington que, como parte de su incumplimiento del acuerdo de 1994, anunció el fin del suministro de carburantes a la RPDC, que se había comprometido, e iba cumpliendo, a desmantelar sus plantas nucleares de grafito, susceptibles de producir el plutonio necesario para armas atómicas.
Bush, soberbio, criticó públicamente el deshielo intercoreano, dijo detestar a Kim Jong Il, ubicó a la RPDC en el “eje del mal”, como parte de su nueva doctrina militar, y la declaró objeto de “ataque nuclear preventivo”.
Aunque Obama reconoció que Pyongyang no tiene posibilidad de tener misiles de largo alcance, siguió el guión dictado por el establishment para evitar que la normalización intercoreana hiciera innecesaria la presencia de por lo menos 37 000 soldados norteamericanos en Corea del Sur y más difícil la participación japonesa en el sistema de misiles regional enfocado contra China y Rusia.

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