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Rafael Correa y el delito de soñar

19 de agosto de 2019

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Rafael Correa molesta a la derecha de su país y mucho más a Estados Unidos.
En Ecuador se ha producido un proceso de retorno neoliberal encabezado por quien fuera vicepresidente durante el gobierno de la Revolución Ciudadana, algo así como una metamorfosis política y ha emprendido un desmontaje total de una de las obras sociales más admiradas en América Latina.
Para sacar a Correa del juego político, la derecha y sus asesores de dentro y fuera, con un alto compromiso de los grandes medios de comunicación, han pretendido involucrarlo —como ya hicieron contra Lula y Dilma en Brasil y contra Cristina en Argentina— en hechos de corrupción.
Al respecto, el analista jurídico Augusto Tandazo afirmó esta semana que los ecuatorianos están cansados de lo que hace el gobierno de Lenín Moreno en todas las áreas, en particular de la persecución contra el exmandatario Rafael Correa (2007-2017).
Tandazo, en entrevista con Pichincha Universal, aseguró que existe una carga enorme para tratar de dañar imágenes y evitar que el pueblo se pronuncie.
Y lo que ocurre hoy en Ecuador con la persecución política contra Correa, parece copia exacta de los más cercanos ejemplos de Brasil y Argentina. En esa dirección va la acusación de Virgilio Hernández, secretario ejecutivo del Movimiento Revolución Ciudadana, al asegurar que lo que busca el actual gobierno de Quito es dejar a Rafael Correa fuera de cualquier contienda electoral y cerrarle la posibilidad de regresar al país.
Y recalcó que el acoso jurídico al que el actual gabinete está sometiendo al ex mandatario, se debe a que todas las encuestas dicen que Correa ganaría ampliamente la primera vuelta de los próximos comicios.
Por su parte, el diputado de la Bancada de la Revolución Ciudadana de la Asamblea Nacional de Ecuador, Ronny Aleaga, llamó a detener la persecución a líderes de esa fuerza política en el país, y aseguró que el expresidente Correa, el excanciller Ricardo Patiño y el exvicepresidente Jorge Glas «son perseguidos políticos del régimen de (Lenín) Moreno».
En un video, a través de su cuenta en Twitter, señaló que el único delito de ellos es soñar con un Ecuador más justo y equitativo.
Desde Bruselas, Bélgica, donde reside el expresidente ecuatoriano Rafael Correa, calificó de «farsa» la orden de prisión preventiva dictada en su contra por la Justicia de su país y denunció la guerra judicial o judicialización de la política como táctica de la derecha para eliminar a líderes progresistas.
En entrevista concedida a la televisora Rusia Today, Correa argumentó que lo que ahora hacen en Ecuador ha sido el «método» empleado contra Lula (da Silva, en Brasil) y Cristina (Fernández de Kirchner, en Argentina) para intentar anularlos cuando no pueden vencerlos en las urnas.
Correa denunció que en su caso, la fiscal general Diana Salazar, «perversa pero incompetente y puesta ahí por el Gobierno y por EE.UU» fue quien dictó la orden, con el propósito de cumplir con ese plan regional de acabar con los líderes progresistas, al tiempo que a los corruptos verdaderos pero serviles a Washington se busca taparles todo.

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