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¿Quién gano y quién perdió?

9 de noviembre de 2016

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Confieso que hasta la hora de irme a la cama, las informaciones y análisis sobre el tema, casi que me aseguraban un triunfo para la demócrata Hillary Clinton.
Los especialistas, aquí y allá, se referían al victoria de la Clinton como lo más probable y las encuestas –decenas– ya fuera a nivel de país o de alguno que otro estado de la Unión, favorecían a quien parecía ser la primera mujer en ocupar la silla presidencial en la Casa Blanca.
Era de madrugada este miércoles cuando un instinto periodístico me sacó de la cama y encendí la radio para conocer si ya estaba el resultado de las elecciones en Estados Unidos.
Cuando escuché que el vencedor era el republicano Donald Trump, acudí a la memoria y refresqué algunos conceptos que, en mi opinión, no pueden ser obviados cuando se analiza cualquier tema que involucre al país más desarrollado económica y militarmente del mundo.
Entonces opino: ¿Qué presidente es el que quiere la sociedad norteamericana? ¿Está lista esa misma sociedad para que una mujer dirija los destinos del país? ¿El voto fue a favor de Trump o en contra de eso que muchos llaman más de lo mismo?
Donald Trump, además de tener un gran capital –estatus muy importante en un país donde el dios dinero es quien manda–, representa, al menos en sus discursos como candidato, lo contrario a lo existente.
No creo que el asunto sea de si los demócratas hacen poco o si los republicanos van a cambiar las cosas. No. Pienso más bien que votaron por el cambio, y el cambio, sea malo, regular o bueno, lo representa este momento el millonario Trump.
Por eso, no participo en el coro de quienes consideran estas elecciones como un triunfo para Trump y una derrota para Hillary Clinton.
Ganó el hombre, sin experiencia política pero con muchos éxitos en el terreno que más importa –el de obtener dinero–, y puede tener lógica entonces que quienes votaron por el cambio tengan el criterio de que habrá dinero para mejorar la situación social en un país con varias decenas de millones de pobres.
En algunos casos los análisis que escucho o leo enfocan su atención en la inexperiencia del republicano en lo que se refiere a política internacional.
Y es verdad, Trump parece inepto para dirigir a un país involucrado en guerras, ocupaciones militares, bloqueos económicos y financieros, sanciones de todo tipo, etc, etc, etc.
Pero, y Obama, con un poco más de experiencia y en algunos casos con discursos de buenas intenciones, qué hizo. Fue Barack Obama el que denominó la guerra contra Afganistán como “su guerra”. El que ha apoyado a los grupos extremistas que hacen la guerra contra Siria. El que no ha podido desmantelar el bloqueo a Cuba, aun cuando dice y vuelve a decir que esa política es obsoleta y debe eliminarse.
¿Será que es el Presidente quien manda en Estados Unidos?
Vuelvo a opinar. Más que el triunfo de Trump, debemos concentrar los análisis en lo que ha sucedido en las dos Cámaras del Congreso, con mayoría republicana.
Trump es el presidente que quieren quienes votaron por él. El hombre que, al menos en los discursos, se muestra firme –y muchas veces irresponsable– pero con palabras que gustan a los oídos de muchos en una sociedad donde el mal es sistémico y para cambiar o acabar con ese mal, poco importa si el triunfador en los comicios es un republicano o un demócrata.
Esa, en mi opinión, es la lógica que triunfó en las elecciones norteamericanas. Y la derrota puede buscarse no en una Clinton bastante cuestionada, sino en un modelo de democracia que se fractura día por día, y así será hasta no se sabe cuándo.
Ahora a esperar y ver el otro Donald Trump, el Presidente, que, en mi opinión, no podrá ser el Donald Trump aspirante, el de los discursos virulentos e incoherentes, que tanto material propiciaron al gran show mediático en que se han convertido estos ejercicios electorales.

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