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¿Qué ocurrirá en Corea del Sur?

12 de mayo de 2017

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La aplastante victoria del Partido Democrático y su candidato Moon Jae-In en las elecciones presidenciales es de Corea  del Sur es augurio de posibles alteraciones en el rumbo gubernamental de ese país enclavado en el territorio sur de la península coreana, que aun vive jurídicamente en “estado de guerra” con su vecino del Norte, pues solo un frágil Acuerdo de Paz logró poner fin al conflicto bélico  de 1950-1953.

Desde esa lejana fecha y en el contexto de la llanada guerra fría, ese territorio meridional – al sur del tan mencionado Paralelo 38-, se convirtió en una importante base de operaciones para las fuerzas armadas y los servicios de espionaje estadounidenses, a tenor de los acuerdos suscritos con la República de Corea ya establecida, que fijó en Seul su capital.

La República Popular Democrática de Corea (RPDC), la cercana República Popular China y la entonces Unión Soviética (hoy Rusia) fueron desde entonces los objetivos priorizados por los distintos gobiernos de los Estados Unidos para realizar desde y alrededor del sector sur del dividido país constantes y provocadoras maniobras y ejercicios militares para mostrar su poderío, amenazar al Norte e intentar atemorizar a sus otros dos vecinos inmediatos.

Cómo decíamos, una larga historia tiene acumulada esa política de hostilidad y agresión contra la RPDC, incitando a liquidar su soberanía e independencia como Estado, que solo atenuó un tanto a fines de la década de los 90, siendo retomada por el genocidio Bush hijo tan pronto llegó a la Casa Blanca de Washington, prolongándose hasta nuestros días.

Hay coincidencia generalizada -que unos expresan y otros ocultan por temor al Imperio-, en que la RPDC se ha visto obligada a desarrollar grandes esfuerzos y cuantiosos recursos para lograr una sólida defensa que le permita disuadir los planes anunciados sin pudor por los imperialistas.

En ese contexto han transcurrido los años recientes, impidiendo y frustrando todas las iniciativas de paz e incluso de una posible reunificación de la península coreana, que ponga fin a la división de más de medio siglo. Estados Unidos ha saboteado consistentemente cualquier acercamiento entre las llamadas “dos Coreas”.

Con la llegada al gobierno de Corea del Sur de la hoy destituida ex presidente Park Geun-hye, cualquier atisbo o posibilidad de este tipo de acercamiento resultó evitado  por la corrupta y desprestigiada mandataria, entregada de pies y manos a las políticas más aventureras y de agresión contra el Norte.

La extraordinaria votación recibida por el candidato, Moon Jae-In -casi el doble de su más cercano rival-, confirmó no solo el rechazo a su bandidesca antecesora sino el masivo apoyo a sus promesas electorales que incluían la búsqueda de la ansiada mejoría en las relaciones con la RPDC.

Más del 60 por ciento del electorado concurrió esta vez a las urnas, mostrando claramente sus deseos de hallar una salida pacífica y negociada a las contradicciones existentes,  tal como el gobierno de  Pyonyang ha propuesto reiteradamente.

La posible entrada del sur de Corea en una nueva etapa abre, sin embargo, numerosas interrogantes donde jugarán un papel decisivo los diversos acuerdos de defensa suscritos con Estados Unidos y las modalidades para continuar su cumplimiento.

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