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Precursores que cuentan

17 de mayo de 2021

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Confieso que en este año y cuatro meses de pandemia, el «vicio» de leer y escribir ha sido el antídoto mayor para no dejar que aspectos adversos de salud inclinen la balanza hacia la ansiedad y la incertidumbre.
Desde el comienzo, las noticias diarias sobre la Covid-19, en Cuba y el mundo, me despertaban el interés lógico de algo que aprendí muy temprano en el periodismo: conocer los qué, cómo, cuándo, dónde, por qué. Y me propuse hurgar al respecto en el entorno de Cuba.
Buscando y leyendo, llegué al bacteriólogo cubano, Juan Nicolás Dávalos Betancourt, nacido en Sabanilla del Comendador, hoy Juan Gualberto Gómez, en Matanzas, y uno de los científicos necesarios si queremos contribuir a que la historia sea más completa en ese terreno que hoy da frutos con orgullo para nuestro pequeño terruño.
Sin dudas, que el hecho de que la Isla de la dignidad sea capaz de obtener cinco candidatos vacunales para combatir la Covid-19, es el resultado, en primer lugar de la Revolución, de Fidel que concibió la ciencia y el saber como algo imprescindible y de la continuidad que se ha dado a su pensamiento y su programa que siempre tuvo en la ciencia una prioridad.
Pero es extremadamente reconfortable que, cuando nos debatíamos entre colonia y neocolonia, la Isla rebelde paría hijos que se proponían llegar a la ciencia, dominarla y ponerla al servicio de nuestro pueblo.
Han pasado más de cien años y hoy las nuevas generaciones de científicos beben del saber de muchos, como Juan Nicolás Dávalos Betancourt, quien llegó temprano, en1895 a ser Miembro de Número de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana.
Tuvo un gran impacto científico y de salud, el hecho de que Dávalos, junto al doctor Enrique Acosta Mayor, creara el suero antidiftérico, que seguía las recomendaciones técnicas de su creador, el bacteriólogo francés Emile Roux, y que el cubano había estudiado para su adaptación al clima de la Isla.
Al decir del doctor Braulio Sáenz, ante la Academia de Ciencias de La Habana: «El suero antidiftérico preparado por los Dres. Dávalos y Acosta, reúne, a sus condiciones de perfecta asepsia, un poder curativo de la más insuperable garantía hasta la fecha».
Por su parte, el Dr. Carlos Juan Finlay, como jefe de Sanidad de Cuba, hubo de señalar en 1905: «El suero ha dado excelentes resultados desde el punto de vista preventivo y curativo, sin que haya ocurrido accidente, que en otros lugares se han dado a conocer y que nunca se han presentado en Cuba».
De esa forma, nuestra Isla se convirtió en el primer país de América en aplicar el suero contra la difteria.
El doctor Dávalos, también aisló e identificó diferentes microorganismos patógenos y obtuvo sueros contra el tétanos, la fiebre tifoidea y otras enfermedades que afectaban a los animales.
En su currículo se recoge, además, que durante varios años encabezó una activa campaña contra el muermo, cuyas epidemias en La Habana eran causadas por la estabulación masiva de equinos dentro de la ciudad. Publicó varios trabajos científicos, compartió sus saberes y practicó el trabajo en equipo, no muy usual en la época.
Ya en pleno desarrollo de sus investigaciones, se inserta en 1902 en el Laboratorio de la Isla de Cuba, en el que colabora activamente con Finlay, en campañas contra el tétano infantil y la tuberculosis.
Juan Nicolás Dávalos fue un destacado bacteriólogo que realizó importantes estudios y descubrimientos en la Medicina, fue bautizado por un periodista de la época como “el sabio que soñaba con las bacterias”.
En su tarea inconclusa y sus sueños aún por realizar en la búsqueda de bacterias para su debido control y encontrar el tratamiento adecuado, halló la muerte el 4 de diciembre de 1910, víctima de una bronconeumonía, a los 53 años. Fue reconocido por sus contemporáneos como uno de los más laboriosos científicos cubanos de la época.

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