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Pompeo no puede ser peor

12 de junio de 2020

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Han transcurrido veinte años y seis meses del Siglo XXI. Me imagino que la gran mayoría de los que vivimos una buena parte del Siglo XX y hemos llegado hasta aquí, nunca nos imaginamos que a estas alturas el mundo en el que pensamos y por el que luchamos en aquellos años, sea este que hoy se nos presenta lleno de incertidumbre.

Tampoco me imaginé entonces que Estados Unidos siguiera siendo el país cuyos gobiernos se encargan de hacer cada vez más tambaleante la convivencia humana.

Y, menos aún, cómo creer entonces que de los habitantes de ese gran país, pudieran surgir personajes como Donald Trump y Mike Pompeo, por solo mencionar a dos, los más retrógrados seres humanos, y para peor, al mando de los destinos de esa nación, algo así como sentirse dueños de todo el mundo.

En el escenario actual, con una pandemia que mutila la vida de cientos de miles de habitantes, cómo sospechar que, mientras en Estados Unidos los muertos por la COVID-19 ya suman 112 800 y los contagiados llegan a dos millones, Trump lanza sus envenenados dardos contra la Organización Mundial de la Salud (OMS) y se separa de ella, a la vez que arremete contra China, el país por donde comenzó la pandemia y donde el gobierno hizo gala de su capacidad para enfrentar y vencer al letal enemigo.

Trump ha hecho de todo lo peor que se le puede ocurrir a una persona. La realidad evidencia quién es: un ser humano lleno de odio para con los demás, que desprecia a todos los que no sean como él, y que por el dinero como dios de su vida, hace caso omiso a que sus conciudadanos mueran, lo mismo por una pandemia mal enfrentada que por una o muchas guerras de las que mantiene como frentes abiertos en otros países.

Pompeo, con una actuación semejante o peor, no olvida ni un segundo su pasantía como jefe de la CIA, la tenebrosa institución que tiene un pasado y un presente que solo ha añadido lodo a la sociedad estadounidense.

Por estos días de pandemia, a Pompeo lo mismo se le ha visto en Israel, alentando a la ocupación de las tierras palestinas, que en países del Golfo atizando intrigas y posibles guerras contra Irán y Siria.

Pero no han olvidado, ni Trump y Pompeo, que su proyecto de aplicar la Doctrina Monroe (América para los americanos) en América Latina y el Caribe, es parte importante de la agenda de ambos.

Con su característica desfachatez Pompeo se apareció en una conferencia de prensa para acusar a la Organización Panamericana de la Salud (OPS) de «ser intermediaria en el traslado de médicos cubanos a Brasil».

Aunque bastante desfasado en el tiempo, el secretario de Estado norteamericano escogió el momento preciso en que tanto Brasil como Estados Unidos se dan la mano en la letal lista de más contagio y más muertos por la COVID-19, para acusar a la institución sanitaria panamericana, tal y como ya lo hizo Trump contra la OMS.

Y se refirió a los galenos cubanos, a quienes nunca debieran mencionar porque para ello Pompeo tendría que lavarse la boca con cloro, del mismo que Trump recomendó tomar a pacientes con la Covid-19.

Pompeo sabe muy bien que encuentra oídos receptivos en el mandatario brasileño Jair Bolsonaro, quien por sentirse un fiel seguidor de Trump, repite cuantas acciones desvergonzadas realice este en su andar por este mundo.

Los tres, Pompeo, Trump y Bolsonaro, encargados de que unos               10 000 médicos cubanos tuviesen que terminar su misión de salvar vidas y curar personas en los más intrincados parajes de la geografía brasileña, pudieran sacar sus cuentas y razonar en cuanto a los miles de ciudadanos de esa nación que habrían sido salvados de esta pandemia, de no ser por su deplorable acción.

En Brasil hasta este 10 de junio han fallecido más de 38 000 personas y se han contagiado 740 000 con el virus de la COVID-19.

Un ejemplo de quiénes son estos personajes instalados en la Casa Blanca y cuanto odio manifiestan contra Cuba, se expresa en un comentario de la colega Rosa Miriam Elizalde, quien refiere que el senador por la Florida Richard Scott ha instado a revisar a fondo no una, sino todas las empresas de Estados Unidos que tienen algún  tipo de relación con la Isla, con el objetivo de revocar de inmediato sus licencias operativas.

Estas posiciones precisamente son las que estimula Pompeo, quien, por supuesto, debiera preocuparse y ocuparse de su futuro en la Casa Blanca no solo para la era post pandemia de la COVID-19, sino para la posible, era post Trump, de ser vencido el mandatario en las elecciones de noviembre próximo.

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