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Peor=Peor

23 de mayo de 2017

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Hace un tiempo, en una escala en París, supe lo de peligroso que es ser descendiente de árabe en una tierra que los ha acogido, pero por eso no deja de despreciarlos… y temerles. Era en un momento parecido al actual, donde diversos grupos, presuntamente islámicos, amenazaban con actos terroristas.

El terrorismo de por sí es deleznable, además de injustificado, porque cobran vidas inocentes sin que ello represente un avance en lo que se quiere conseguir y sí motivo de represalias, generalmente de la misma índole.

La desarrollada económicamente sociedad capitalista, los gobiernos que la rigen y los otros poderes a que responde, incluido el eclesiástico, han dado por demonizar todo lo que procede del mundo árabe, e incluso confunden preceptos del Corán y la nacionalidad de los islámicos, que no tienen que ser necesariamente árabes.

Luego del 11 de septiembre del 2001, con la norteamericana Ley Patriótica y otros derivados, se ha combatido el terror… con el terror, con asesinatos masivos mediante bombas que “limpien” (embarren de sangre) los lugares sospechosos, todo un método que puede ser suscrito en esta etapa por Donald Trump y Marine Le Pen, o el Estado Islámico, de dudoso origen, debido a los vínculos comprobados con agencias de inteligencia occidentales.

El problema del terrorismo no se explica ni se soluciona apelando al factor económico. Si observamos los sucesos en París y otras ciudades europeas, y lo que ocurre en Siria, no se puede pensar que quienes se inmolan en nombre de su Dios, en este caso Alá, están buscando beneficios económicos.

Los conflictos entre Occidente y los países periféricos han sido básicamente por el poder, y la economía, como la socorrida expresión de que es la lucha por el petróleo, es solo parte del problema.

La larga historia de humillaciones y manipulaciones de las potencias occidentales pueden explicar las frustraciones y el odio de algunos musulmanes, como también no se puede achacar solo al sadismo de algunos generales la tortura y desaparición de miles de personas en América Latina.

Si volvemos a recurrir a la Historia, tenemos que ninguna tribu o país de este continente invadió Europa, pero europeos y colonos si lo hicieron durante siglos contra salvajes a quienes robaron y exterminaron y nunca entendieron qué era la civilización.

Un argumento recurrente a la demonización del otro se refiere a un defecto del nacimiento del Islam, ya que acepta y promueve la Yihad (Guerra Santa), como si hubiese inventado la violencia religiosa en el siglo VII, cuando se recurrió a un dios cristiano para justificar posteriores cruzadas e invasiones europeas a lo largo y ancho del mundo.

NI que decir del terrorismo religioso que se extendió por largos siglos, con cristianos quemando cristianos en Europa o salvajes en América y África, por no entrar a hablar de recientes ejemplos como el Ku Klux Klan, entre otros muchos en Estados Unidos.

Se juzga al cristianismo desde una óptica historicista, dialéctica, pero se asume que el Islam es inmutable, y no se considera que apenas el 1% (uno por ciento) de los mil millones de musulmanes pudieran ser sindicados de terroristas

Gente buena, cristiana, por ignorancia o desinformación, apoyan automáticamente, movida por el odio, a poderosos ejércitos que maltratan pueblos, mediante métodos de terror, que ayudan a crear un caldo de cultivo de donde se saca igualmente lo peor. Esa es la realidad.

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