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País estancado

5 de marzo de 2015

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El incumplimiento del programa de gobierno, la protección a latifundistas y la corruptela que permea los estratos de la sociedad han sido el combustible que ha caldeado la atmósfera de la latente pobreza en Paraguay.
La problemática socioeconómica que afecta el país viene de la época de la dictadura de Strossner y se acentuó a partir del 2006, influyendo sobre el nivel de vida de los trabajadores y el bienestar de la sociedad, al descuidarse factores claves como las suficientes horas laborales, el seguro médico, las vacaciones y otros beneficios de los trabajadores, todos los cuales forman parte del crecimiento económico y de la calidad de vida.
Horacio Cartes llegó a la Presidencia con pretensiones anunciadas de eliminar el estancamiento, pero hasta ahora no ha podido lidiar con la inestabilidad política, ni los problemas socioeconómicos como la pobreza, el desempleo, la exclusión social, la corrupción y el clientelismo político.
El aumento insignificante del Producto Interno Bruto (PIB) y la desigualdad han ocasionado una escasa generación de empleo, el aumento del desempleo visible e invisible y la baja de los salarios de casi todas las categorías de trabajo.
Se reconoce que para salir en parte de esta situación se requiere
la generación de casi 100 000 nuevos puestos de trabajo por año, con el fin de paliar la acumulación de problemas económicos y sociales y las altas tasas de crecimiento demográfico y de la fuerza de trabajo.
La desigualdad abunda en todas partes, destacando la extrema pobreza del 76% de los casi 130 000 indígenas, el 40% de ellos analfabetos.
Aunque la Constitución dice que “queda reconocido y garantizado el derecho de los pueblos indígenas a preservar y a desarrollar su identidad étnica en el respectivo hábitat”, y que “tienen derecho a la propiedad comunitaria de la tierra, en extensión y calidad suficientes para la conservación y el desarrollo de sus formas peculiares de vida”, y el Estado, como está establecido, está obligado a  proveerle
gratuitamente estas tierras, los geófagos se han burlado de las disposiciones.
Así, han utilizado la fuerza y maniobras leguleyescas para hacer desaparecer cuestiones tan importantes como que esas propiedades deben ser “inembargables, indivisibles, intransferibles, imprescriptibles, no susceptibles de garantizar obligaciones contractuales ni de ser arrendadas”.
Me decía un amigo que prestó servicios médicos allí que con solo recorrer las calles de Asunción, sobre todo en las zonas de mayor circulación como la Terminal de Ómnibus, se puede lamentar la situación en la que viven cientos de indígenas que llegan a la capital para buscar una mejor condición de vida. Se han apostado en plazas y hasta incluso frente al ente estatal que debe velar por ellos, el Instituto Nacional del Indígena. Esto se da también en Ciudad del Este, Coronel Oviedo, San Estanislao y otras localidades.
Ello se ha vuelto tan común en el día a día que hasta dejaron de ser “noticias” las muertes de indígenas por condiciones de extrema pobreza, falta de acceso a servicios básicos como el agua potable o contaminación por agroquímicos.
SIN INTERÉS
Y a este drama hay que agregar el escaso interés de los órganos del Estado a cuestiones primarias como la atención a la salud y la educación.
Hay varios factores que juegan en contra del nivel de la educación. Uno de ellos es el alto nivel de la pobreza, aparte de los factores académicos como la alfabetización en idioma no materno, la capacidad de los profesores y la condición de la escuela. Todo influye en el nivel de deserción o abandono.
En Paraguay, cerca de 250 000 personas son analfabetas totales y cerca de dos o tres millones serían analfabetas funcionales, sin contar con el pobre nivel de la educación en las enseñanzas media y superior.
Los primeros resultados arrojados por la encuesta sobre alfabetización -también conocida como encuesta Lamp-, devela que existen adultos con formación universitaria, incluso profesionales en ejercicio, que pese a saber leer y comprender el contenido del texto, no pueden redactar un resumen o poner sus ideas por escrito.
Hablar de la inseguridad y del mal estado de la salud requeriría enorme espacio. Pero basta enumerar lo que el propio Cartes reconoció en un discurso en una fiesta por todo lo alto y sobre lo cual aun no ha hecho nada:
“En la sociedad paraguaya confluyen vaciadores de banco, lavadores de dinero, narcotraficantes, contrabandistas, abogados y jueces, dueños de empresas quebradas de manera fraudulenta, falsificadores, aduaneros, empresarios tramposos, dueños de medios…”.
Todos, en un alegre carnaval al que también concurren algunos honestos que, arrinconados, sienten vergüenza de no tener el mismo “pedigrí” que sus vecinos de mesa para compartir temas, o hablar de sus estancias, viajes a París, residencias en Punta del Este, por supuesto, con dinero mal habido.

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