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Nuestra América

27 de enero de 2017

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Como es conocido, los lazos establecidos entre México y José Martí, Apóstol de la independencia de Cuba –el más universal de los cubanos– fueron estrechos e indisolubles, al punto que Martí llegó a calificar a este país como “mi segunda patria”.

No es casual, por tanto, que su trascendental ensayo histórico, político y social que tituló significativamente como “Nuestra América” haya aparecido por vez primera en América Latina y el Caribe dentro de las páginas de “El Partido Liberal” –publicación mexicana de la cual era habitual colaborador– el 31 de enero de 1891, hoy Día de la Identidad Latinoamericana y Caribeña.

Tampoco resulta fortuito que su testamento político, en forma de carta inconclusa, está dirigido a su entrañable amigo mexicano Manuel Mercado, destacada figura política y cultural del México de entonces, cuya familia acogió y apoyó a los Martí en los más difíciles momentos de su estancia, manteniendo vínculos fraternales con ella. Martí le llamó “hermano”.

El ensayo “Nuestra América” de extraordinaria y sorprendente urgencia aun en nuestros días, es la culminación y la consecuencia de un pensamiento maduro que ha estudiado con profundidad, objetividad y rigor académico la realidad de nuestra región, del Rio Bravo hasta la Patagonia, y es previsor sagaz de la amenaza imperialista que viene del Norte “revuelto y brutal que nos desprecia”.

El hecho de haber vivido largos años –más de la tercera parte de su vida– en Nueva York y recorrer otros sitios de la vasta geografía estadounidense, conocer a Cuba, México y otros países de Centroamérica y el Caribe como Guatemala, Santo Domingo y Haití, le permitieron tener una visión  de conjunto y diferenciar claramente a las dos Américas.

Su participación como delegado en la Conferencia Internacional convocada por el gobierno de Washington (1889-90) lo había dotado también de criterios previsores y rotundos acerca de las ambiciones desmedidas del país convocante patrocinador de un colonialismo de nuevo tipo, y el futuro ciertamente independiente al que debían aspirar las recién soberanas repúblicas americanas,

Recordar también que José Martí fue cónsul de Uruguay, Argentina y Paraguay en Nueva York y tuvo la excepcional oportunidad –que otros muchos pensadores y luchadores no tuvieron–,  de vivir por dentro la diplomacia, entretelones y altibajos de las presiones imperiales de Estados Unidos sobre los nacientes países del Sur.

En este sentido, la carta inconclusa a su amigo Mercado contiene una afirmación definitoria: “Viví en el monstruoy le conozco las entrañas, y mi honda es la de David”.

La lectura de “Nuestra América”, cuya edición crítica realizó acertadamente el destacado intelectual cubano CintioVitier, sigue siendo imprescindible para comprender causas, derivaciones y fenómenos actuales. Confirma que José Martí, hombre de su tiempo, es hombre de todos los tiempos.

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