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Ni enviados del imperio, ni mercenarios internos

8 de marzo de 2018

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No puede haber nada peor para un ser humano que servir por dinero a quienes agreden a su patria. A ellos les cabe perfectamente el calificativo de mercenarios y quienes los apoyan desde el exterior son mercenarios también.

Así podría describirse a la mal llamada “Red Latinoamericana de Jóvenes por la Democracia”, grupúsculo contrarrevolucionario dedicado a “captar” personajes que fueron y son despreciables en sus países y que ahora viven del cuento y de los recursos que les facilitan los inspiradores de cuanta maniobra contra Cuba exista.

A esa fauna pertenecen algunos ex mandatarios latinoamericanos y de España, tal y si el vocablo ex fuera una patente de corso para inmiscuirse en cuanto le venga en gana.

Dos de estos ex –el colombiano Andrés Pastrana y el boliviano Jorge Quiroga– llegaron al aeropuerto habanero como si este fuera el patio trasero de quien los inspira desde Washington, y a sabiendas de que “no serían bienvenidos”, se prestaron para tratar de armar una comedia mediática de pésima factura.

Pero, estaban en Cuba y en unos pocos minutos subían por la escalerilla desde donde momentos antes bajaron, para regresar a Colombia. Aquí no tienen nada que hacer.

Sabían que no se les permitiría entrar a armar componendas anticubanas en nuestro territorio. Sabían que aquí no tienen nada que hacer. Sabían que Cuba no vacilaría a reenviarlos a su destino de origen. Y si por casualidad lo han olvidado, es bueno recordarles que Cuba es independiente, soberana y libre y no admite ningún intento grosero de que agentes foráneos al servicio de Estados Unidos vengan a provocarnos.

Sobre el hecho, otro personaje de pésima reputación, Luis Almagro, secretario general de la desprestigiada OEA, ya tenía preparado su mensaje para “condenar” lo ocurrido en Cuba al no dejar entrar a sus impostores de turno.

Almagro lo sabe muy bien, por experiencia propia, pues cuando intentó viajar a la Isla el año pasado con similares provocaciones, no se le permitió y se le dijo que no era bienvenido aquí.

Estos dos últimos personajillos, ahora pueden formar parte de la manada de siervos del imperio, cuyas garras no podrán poner en Cuba.

Es bueno que se sepa que ambos ex mandatarios, cuando ejercieron en sus respectivos países, lo hicieron sirviendo únicamente a las oligarquías que representaban y al dinero que recibían. Para ellos, ni acuerdo de paz en el caso colombiano, ni beneficios sociales para el pueblo en ambos casos, formaron parte de la agenda neoliberal que llevaron adelante.

En el caso de Almagro, su actual compostura anticubana, anti bolivariana y anti latinoamericana, lo convierte en primero de la execrable lista de una fauna a la que se han unido quienes hoy lo apuestan todo para destruir la Revolución de Chávez en Venezuela.

A esta componenda también pertenece José María Aznar, el caballerito miserable que impuso la llamada “posición común europea contra Cuba”, recientemente echada abajo.

Los de adentro, los de la susodicha “Red Latinoamericana de Jóvenes por la Democracia”, empeñados en buenas partidas de dinero llegadas desde Estados Unidos, me imagino que sepan cuán bochornoso –y peligroso–, es tratar de crear inestabilidad en el país y fomentar una imagen falsa y distorsionada de la nación donde viven y reciben todos los beneficios de una Revolución que tiene sus mayores logros en la formación de los jóvenes y en la garantía de su desarrollo.

¿Qué intentaban los Pastrana y Quiroga? ¿Qué mensaje traía el sórdido Almagro? ¿Cuánto dinero habrán recibido de quienes los enviaron a la Isla?

Y puedo agregar otra pregunta cuya respuesta es obvia: ¿Qué instrucciones habían recibido desde la cuna del imperio y de la contrarrevolución en Miami, los que aquí pretendían “hacerse sentir” con semejantes provocaciones?

En Cuba, para que lo sepan una vez más, el pueblo no permitirá nunca que mercenarios internos ni enviados imperiales externos –mercenarios en todos los casos– puedan armar sus engañifas desestabilizadoras, ni dañar la imagen de un pueblo que se propone de manera masiva y consciente acudir a las urnas este domingo para elegir a quienes conducirán los destinos de la nación en los próximos años.

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