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Matar los errores, no los hombres

31 de mayo de 2016

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Tal como un pulpo que hace que cada uno de sus tentáculos haga lo incorrecto, la represión en Colombia vuelve a tomar un sesgo lamentable con el desalojo violento de miles de personas que malvivían en el barrio bogotano conocido como el Bronx –remedando al neoyorquino–, y la utilización combinada de tanquetas policiales y elementos paramilitares al servicio del latifundio para atacar una marcha de campesinos e indígenas que llevan a cabo un paro casi nacional, con el fin de exigir el cumplimiento de promesas del presidente Juan Manuel Santos.
Muertos, heridos, detenidos y desaparecidos es un saldo normal en la actividad antipueblo de loa denominados cuerpos oficiales y extraoficiales en Colombia, bastante alejada del espíritu de colaboración que tiene lugar en las conversaciones de paz entre guerrilleros y el gobierno en La Habana.
Desafear Bogotá para hacerla más turística, no significa desperdigar a los sin hogar por la capital o fuera de ella, sino incorporar a esos elementos caídos en desgracia por obra del capitalismo(¿qué otro culpable?) a obras sociales, así como respetar sus derechos, tal como establece la hollada Constitución nacional.
En cuanto a la represión a campesinos e indígenas, algo común, recordemos que ello fue la chispa quecreó y avivó más de medio siglo de lucha armada, y sería interminable relatar los ejemplos de como una masa de seres humanos hasido llevada a la miseria, promiscuidad y casi al regreso de la semilla de la vida.
Las promesas de Santos deatender sus reclamos de tierras, protegerlos del geofaguismo y el medioambiente en la zona donde residen son parte de la cuestión que obliga al mandatario a asumir una postura más firme frente a la oligarquía, legislativos ultraderechistas y una justicia que incumple leyes a troche y moche.
Así lo demuestra la impunidad que rodea a la mayoría de los asesinatos y de las matanzas incrementadas desde el 2015, porque sus perpetradores tienen el conocimiento de que no se les someterá al debido procedimiento judicial ni se les castigará por sus crímenes.
Y aunque el Estado hable ahora de que eliminará la impunidad, lo cierto es que debe adoptar medidas más profundas y de mucho alcance para eliminar el clima reinante y limitar las ejecuciones sumarias o arbitrarias que se vienen cometiendo como parte de la vida cotidiana.
En cuanto a la justicia, el derecho en Colombia se convirtió desde hace mucho en una forma de crear privilegios y repartir cargos, según los valores e intereses de quienes toman las decisiones
¿Cómo no esperar que paselo que está sucediendo, si la Corte tiene la función de revisar, según su voluntad, las sentencias de tutelas que consideren relevantes?
El derecho en Colombia se convirtió no en una forma de facilitar la cooperación social entre individuos, ni en una forma de mantener la armonía entre ellos, evitando el uso de la violencia; sino en la creación de privilegios y de repartir cargos y beneficios, según los valores e intereses de quienes toman las decisiones.
Mientras no ocurra lo contrario, se seguirá pisoteando los derechos del pueblo y se entronizará el régimen que deja con vida a los errores, y no a los hombres.

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