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Macron, todopoderoso

23 de mayo de 2019

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Por estos tempos, el presidente francés, Emmanuelle Macron, ha hecho que la tan perdida izquierda gala vaya encontrando su derrotero, uniéndose en manifestaciones de todo tipo para expresar su repudio a las medidas neoliberales del joven mandatario.

Macron tiene que enfrentar también a la ultraderecha, en estos momentos en estado de reflexión, esperando el momento indicado para un nuevo avance.

Ni con unos ni con otros ha dejado de utilizar un estilo autoritario, principalmente para ordenar la represión a los llamados Chalecos Amarillos, quienes contra viento y marea, en mayor o menor medida, se han expresado semanalmente en su contra.

Ello no deja que se presente como el presidente de la quinta economía mundial, adulador del presidente norteamericano, Donald Trump, y alentador de la política de la también derechista Theresa May con el Brexit en Gran Bretaña, e intentar seducir con medidas benefactoras a la oligarquía nacional que ayuda a sostenerlo.

Y es que tiene en mente lo que ya expresó hace cuatro años en el semanario  Le 1 acerca de que en Francia, existe un “vacío emocional, imaginario y colectivo” provocado “por la ausencia del rey”. “Hemos intentado rellenar este vacío a través de otras figuras, como los momentos napoleónicos o gaullista. Durante el resto del tiempo, la democracia francesa no ha sabido llenar este espacio”. Por este motivo, Macron ejerce el poder, según sus propias palabras, de forma jupiteriana, es decir, todopoderosa.

Tras haber prometido “unir lo mejor de la izquierda y de la derecha”, el joven dirigente francés apuesta por seducir al electorado conservador

Es decir, apuesta por reformar con gran celeridad, siguiendo al detalle las directrices del presidente y con un gobierno dominado por los perfiles tecnocráticos. Sus ministros aún ahora resultan desconocidos para la mayoría de los franceses, años después de su elección.

Fourquet, analista político de Ifop, dice que “Macron  considera que en un mundo que avanza muy deprisa resulta una pérdida de tiempo el hecho de negociar con los cuerpos intermediarios, como los sindicatos”,

Tampoco le ha temblado el pulso a la hora de recurrir a importantes despliegues policiales para evacuar las universidades ocupadas o confrontarse con los militantes ecologistas de la Zona autónoma a Defender (ZAD) en Notre-Dame-des-Landes, oeste de Francia.

La regeneración prometida con la llegada de los diputados de La República en Marcha (el partido de Macron) a la Asamblea Nacional —buena parte de ellos no había ocupado antes cargos electos— no se ha traducido en una nueva forma de hacer política. El habitual papel secundario del poder legislativo en Francia se ha visto incluso reforzado.

Además de impulsar textos claves, como la reforma laboral, a través de la vía de las ordenanzas, que limita el debate parlamentario, el joven presidente francés aprovecha su mayoría absoluta (350 diputados de un total de 577) para que las leyes aprobadas resulten prácticamente un calco de los proyectos legislativos del Ejecutivo.

De ahí que se siente muy a gusto cuando conversa con Trump, junto a sus respectivas esposas Brigitte Macron y Melania Trump, en un balcón de la Casa Blanca, en las visitas que realiza a Estados Unidos.

El 64% de los franceses aseguran estar decepcionados con la acción política de Macron, mientras que el 36% declara estar satisfecho, según un sondeo reciente de Ipsos para la televisión pública francesa. Unos niveles de popularidad relativamente bajos, pero superiores a los que tenían en el mismo momento de su mandato sus predecesores, Francois Hollande y el conservador Nicolas Sarkozy. Para Macron, que se siente todopoderoso, es suficiente.

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