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Las garras del halcón

1 de marzo de 2019

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Como halcón disfrazado de paloma, se presentó Donald Trump en el encuentro que sostuvo durante dos días en Hanói con el líder norcoreano, Kim Jong-un, conocedor del estilo incumplidor del Presidente de Estados Unidos, quien cambia “de palo pa rumba”, hasta en las más elementales situaciones que pueden llevar a un peligro grave para la humanidad.

También adoptó su disfraz para lograr sus pretensiones de reelegirse para el cargo, pero las garras se le salen, cuando “cañonea” decisiones legislativas, con el fin de imponer una ley de emergencia nacional para lograr la construcción de un muro a lo largo de la frontera con México.

El pasado 15, Trump, quien invocó los poderes de emergencia bajo una Ley de 1976, desató una tormenta política en Washington, tras el anuncio de una medida con la que busca asegurar los fondos del “gran y hermoso” muro en la frontera con México, prometido durante su campaña del 2016.

Independientemente de si el legislativo acceda o no a los deseos del mandatario, este ya está maniobrando contra aquellos que quieren proteger la separación de poderes y el derecho constitucional del Congreso a determinar los niveles de gastos federales.

Así lo confirmó la presidenta de la Cámara Baja, Nancy Pelosi, en una conferencia de prensa el viernes en Laredo, Texas, donde reiteró la necesidad de defender la Carta Magna.

Desde que Trump declaró la emergencia, la demócrata por California tildó de ilegal el acto del presidente, el cual “violenta nuestra Constitución y, por lo tanto, nuestra democracia”, subrayó.

La disposición se produjo después de que el Congreso rechazó la solicitud del mandatario de 5 700 millones de dólares para la pared fronteriza en un enorme paquete presupuestario, que apenas asignó mil 375 mil millones para construir barreras en la línea divisoria.

Cuando rubricó la Ley de Gastos “solo de mala gana” –como reseñó The Hill–, el jefe de la Casa Blanca impidió un segundo cierre del Gobierno federal que en nada favorecería a él y a los republicanos, cuya imagen se vio afectada con una paralización de la administración durante 35 días en diciembre y enero.

Más de 25 ex congresistas republicanos y alrededor de 60 ex altos funcionarios de Seguridad Nacional, entre ellos la ex secretaria de Estado Madeleine Albright, el ex director de Inteligencia Nacional James Clapper y el ex secretario de Defensa Chuck Hagel, apelaron al Legislativo para que detenga la orden presidencial.

En una carta de 13 páginas los ex empleados argumentaron que no importa cuán fuertes sean las preferencias políticas ni las lealtades a los presidentes o los líderes de los partidos, lo importante es “actuar dentro de los límites de la Constitución”.

También la Unión Estadounidense por las Libertades Civiles (ACLU) exhortó a frenar la acción ejecutiva.

Si la resolución pasara en el Senado (con mayoría republicana) y llegara a la Oficina Oval, Trump ya anticipó que la vetaría.

Por supuesto, sabemos que muchas de esas figuras que se oponen a que se dé más poder a Trump no tienen nada de democráticas, y sólo buscan guardar la forma y posesionarse en un mejor lugar para cualquier acontecimiento futuro

 

Otro acápite vergonzoso

También conocemos la hipocresía de la defensa de la libertad de expresión utilizada en estados Unidad. Empero, el actual mandatario no ha parado en realizar todo tipo de acciones intimatorias contra esa prensa que le es adversa, en una clara manifestación de abuso de poder.

Así, trató de castigar al diario The New York Times por haber publicado la columna “I Am Part of the Resistance in the Trump Administration”, escrita de forma anónima por una persona que ocupa un alto cargo en esta administración presidencial.

Estamos ante un insalubre episodio de violencia contra la Primera Enmienda de la Constitución de los Estados Unidos, burdamente protagonizado por la figura pública con el deber mayor de proteger la democracia en la que se fundamenta la nación estadounidense, dice el periódico.

Esta vez, arremetió contra el componente más básico de la libertad de expresión, el derecho a la libertad de palabra, el cual permite que los individuos se expresen sin intervención o restricción del gobierno.

Trump pretende intervenir con el derecho de un medio de comunicación a decidir los contenidos que publica. Esta conducta evoca el soberbio intento del presidente Richard Nixon de impedir, en 1971, que The New York Times y The Washington Post publicaran el informe confidencial conocido como los Papeles del Pentágono. Este voluminoso documento del Departamento de la Defensa evidenciaba las formas en que gobiernos sucesivos de Estados Unidos estuvieron mintiéndole al pueblo estadounidense sobre su participación en la guerra en Vietnam.

En obvio abuso de poder y con el pretexto de proteger la seguridad nacional, el gobierno de Nixon intentó intimidar a ambos medios de comunicación para que no publicaran las informaciones oficiales. Los demandó en corte, pero en una decisión histórica de defensa de la libertad de prensa, el Tribunal Supremo de Estados Unidos dio la razón a los periódicos.

Fue precisamente lo que permitió al pueblo estadounidense informarse sobre las ilegalidades en el escándalo Watergate que le costó la presidencia al propio Nixon.

De todas maneras, esa prensa realmente libre no existe, y se pone de acuerdo en todos sus matices, cuando se quiere santificar cualquier hostilidad de guerra injusta desatada por el imperialismo para destruir y robar a otras naciones, generalmente más pequeñas y con mucho menos poder militar, si es que tiene alguno.

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