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La salvación de los no alineados

14 de septiembre de 2016

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Cuando a principios de la década de los 90 del pasado siglo se produjo el colapso de la Unión Soviética y el campo socialista europeo, los imperialistas yanquis y sus aliados de la OTAN y otros cómplices no podían ocultar su júbilo y las predicciones más descabelladas, cegados por la que consideraban su victoria en la llamada guerra fría y el aplastamiento definitivo de cualquier otra idea de progreso, soberanía nacional o justicia social que pudiera aparecer en lo adelante en cualquier rincón del planeta.

En aquella locura inicial, pletóricos de arrogancia y prepotencia, llegaron a anunciar “el fin de la historia”, o lo que es lo mismo, la perpetua permanencia del capitalismo como sistema, .en sus más diversas variantes, todas con la misma esencia explotadora; así como de las instituciones que lo arropan globalmente, conceptualizando a su eterna acompañante, la titulada “democracia representativa”.

Parte del jolgorio incluía la supuesta desaparición del Movimiento de Países No Alineados, una importante fuerza política internacional surgida en su primera Cumbre (Belgrado 1961) bajo la inspiración de los principios aprobados por la conferencia afroasiática de Bandung (Indonesia 1955), que abrieron un camino inédito y promisorio para el mundo recién descolonizado.

A este conjunto de países se sumó de inmediato Cuba en América Latina, como parte de la política exterior independiente y soberana establecida a partir del triunfo de la Revolución de 1959.

En medio de la confrontación entre los dos grandes bloques militares (OTAN y Pacto de Varsovia) y los dos grandes superpotencias de la época (Estados Unidos y Unión Soviética) la recién integrada agrupación de naciones emergentes y desvinculadas de los dos grandes pactos militares comenzaron a jugar un activo papel internacional que –objetivamente y a partir de sus posiciones concretas en cada caso– resultaba incómodo e inoportuno, pues se traducía en reducir la influencia y el dominio imperial y neocolonial sobre los países del Tercer Mundo.

Los No Alineados desempeñaron desde el primer momento una consistente lucha por la paz y el desarme, contra el racismo y el colonialismo aún subsistente, por un orden económico justo y equitativo, contra el bloqueo a Cuba y por la abolición de bases militares en territorios extranjeros… Defendieron, en fin, principios que los llevaron siempre, de una forma u otra, a chocar con las pretensiones imperialistas en numerosos temas de la agenda internacional.

De ahí el mal disimulado júbilo cuando supusieron que el Movimiento de Países No Alineados desaparecerían y sus miembros, que ya suman un centenar, así lo permitirían; ello hubiera representado una ganancia adicional para el imperio y sus socios más cercanos en las nuevas condiciones.

Pero esta vez sus cálculos fallaron, a pesar de todas las campañas, intrigas y falacias. Los estados miembros del Movimiento No Alineado –tan amplio como diverso– llegaron a la sabia conclusión de que era necesario preservarlo, defenderlo y fortalecerlo con vistas a evitar un mundo unipolar, totalitario y desequilibrado.

El Movimiento no solo fue salvado, sino que está vigente y pujante. La celebración de su 17ma. Conferencia cumbre en América Latina, en Venezuela, es una evidente y palpable confirmación.

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