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La llegada de 2016

4 de enero de 2016

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Siendo fieles a la tradición, la llegada de un nuevo año impone generalmente no solo el recuento de los más importantes acontecimientos ocurridos en el mundo durante la etapa que concluye, sino –lo cual es más arriesgado y difícil– pretender definir anticipadamente las probables tendencias de muchos de esos procesos y acontecimientos con vistas al próximo período que recién comienza.

En un momento particularmente convulso y contradictorio como el que vivimos, pletórico en numerosas crisis de diverso tipo y sucesos inéditos, prácticamente sin precedentes, se añade la incertidumbre a la dificultad habitual de estos presagios, que suelen no ser siempre acertados en su totalidad.

No olvidar en ningún momento que las denominadas “leyes de la historia” resultan también influidas o condicionadas por factores imprevistos o hasta casuales que, en una determinada coyuntura, pueden motivar acontecimientos o redireccionar su curso hacia escenarios nuevos o que, sencillamente, no fueron avizorados por la generalidad de analistas y observadores de la realidad mundial, aún los mas serios y agudos.

Tal fue el caso del año 2015 que concluye y obviamente, es el antecedente más inmediato del recién llegado 2016, heredero de ese difícil legado.

La triangulación del poderío mundial entre Estados Unidos, China y Rusia, con todas las consecuencias que eso puede acarrear, seguirá probablemente ampliándose y profundizándose, donde –a nuestro juicio– Washington deberá llevar la peor parte, por ser irreversible que tendrá que compartir con otros, abandonar la condición de único poder hegemónico sobre el planeta, a pesar de su supremacía militar, e ir alejándose de sus sueños imperiales absolutos sobre el orbe.

La Unión Europea, otrora centro de poder político y económico que emergió con fuerza en décadas pasadas, se debate en una profunda y múltiple crisis, acentuada a partir de 2008 y por su dependencia de Estados Unidos mediante el pacto político-militar de la OTAN, agravada por graves complicaciones económicas y de desempleo a las que se añade ahora la llamada “crisis de los refugiados”, cuando se han visto obligados a pagar un alto precio por las guerras y las agresiones que ellos mismos engendraron, alentaron, y participaron y aún participan.

La complicada situación del Medio Oriente –que tuvo su origen en la agresión yanqui contra Irak en 2003– sigue caracterizándose por el auge del terrorismo de todo tipo y en todas direcciones, la destrucción de estados como Siria, Irak, Libia o Yemén. En este contexto, la intervención militar rusa de ayuda a Siria, en solidaridad con su soberanía contra la múltiple agresión de que es víctima desde hace cinco años, marcó uno de los acontecimientos más extraordinarios de 2015 y cambió por completo la correlación de fuerzas militares y políticas en esa región, impactando mucho más allá.

En América Latina y el Caribe, el imperialismo norteamericano y las oligarquías locales, que le son fieles y dependientes, se empeñan en reconquistar de cualquier modo los espacios perdidos en los últimos años dentro de numerosos países del área y simultáneamente liquidar no solo los logros sociales sino también los de unión e integración entre sus 33 naciones miembros, como CELAC y su Zona de PAZ, UNASUR y ALBA-TCP. Ello presagia una etapa de duras luchas, resistencia popular y conjuras oligárquicas.

Como puede apreciarse en este breve recuento, que dista de ser completo, no sería exagerado afirmar que la llegada de 2016 nos atrapa –como pocas veces con anterioridad– en una coyuntura que, como acertadamente señalara el Papa Francisco, “pareciera haber llegado, poco a poco, la tercera guerra mundial”.

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