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La diferencia

12 de enero de 2024

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Tal como lo hiciera en el caso de El Salvador, la Comisión Interamericana de los Derechos Humanos (CIDH) de la Organización de Estados Americanos ha expresado su preocupación por la decisión del presidente de Ecuador, Daniel Noboa, de declarar el estado de excepción y anunciar la creación de dos megacárceles para encerrar a los miles de delincuentes que campean impunemente en la nación suramericana.

En la tierra salvadoreña al CIDH se le hizo el caso del perro y su mandatario logró poner de acuerdo y hacer funcionar coordinadamente a los diferentes factores de seguridad, legislativos y judiciales para hacer una limpieza no siempre libre de injusticias, pero que hicieron encarar a cerca de 76 000 integrantes de bandas delincuenciales.

Así, El Salvador se convirtió en el país más seguro del continente y uno de los primeros a nivel mundial, sin buscar ayuda foránea y rechazando todo tipo de ataques, principalmente de Estados Unidos y sus medios falsamente objetivos.

Por el contrario, Ecuador pasó de ser el segundo país más seguro de Latinoamérica durante el mandato de Rafael Correa al quinto del mundo con peor percepción de seguridad, luego de la presidencia de Lenin Moreno y la de dos años de Guillermo Lasso.

Ecuador tuvo en el 2023 el año más violento de su historia, con más de 7 000 homicidios.

 

CRISIS DE INSEGURIDAD

Las imágenes de criminales armados tomando rehenes, generando explosiones de autos y asesinando personas han puesto a Ecuador en el centro de la preocupación en América Latina.

En la actualidad, el país se enfrenta a una crisis de seguridad que se ha ido incrementando con el paso de los años, principalmente, por el poder que tienen las pandillas vinculadas al narcotráfico.

La compleja situación llevó a que el presidente Daniel Noboa declarara estado de excepción en todo el país, a solo dos meses de haber asumido el cargo.

Frente al delicado escenario que está viviendo el país, Correa habló con Cable News Network para entregar su apreciación personal:

“¿Qué hicimos y que dejaron de hacer los otros? Hicimos una institución de seguridad, un Ministerio de Justicia encargado de la rehabilitación social. En las cárceles teníamos hasta universidades”.

También criticó que sus predecesores todo lo desmantelaron a través de acciones como reducir los presupuestos para instituciones dedicadas a la seguridad.

“El crimen organizado se combate con servicios de inteligencia. Lo desmantelaron y lo dejaron para perseguir opositores”, acusó el exmandatario.

Bajo esta línea, enfatizó: “Entonces, hoy lloramos lágrimas de sangre. Cosechan lo que sembraron en estos siete años de destrucción del Estado de derecho”.

Desde San Salvador, Bukele reavivó sus críticas a la postura de la CIDH frente a la crisis de violencia en Ecuador.

“Si esta organización se pone de lado de los criminales en El Salvador, no duden que están de lado de los criminales en sus países también”, agregó,

Para Bukele, las constantes críticas surgidas desde la CIDH a los planes de seguridad en la región provocarían que los gobiernos se abstuvieran de “combatir la delincuencia para no ganarse sanciones”. “Y si algún Gobierno osa desafiar a los protectores de los delincuentes y defender a la gente honrada, entonces lo van a sancionar también”, añadió.

 

LOS HECHOS

Ecuador decretó el estado de excepción desde el pasado 8 de enero, después de la fuga del narcotraficante Adolfo Macías Villamar, líder de Los Choneros y considerado uno de los delincuentes más peligrosos de la nación. La medida ha sido tildada por muchos especialistas como una emulación a las políticas de Bukele.

Sin embargo, la medida de Noboa provocó caos y violencia. En las últimas jornadas, Ecuador ha asistido a la explosión de vehículos, el secuestro de agentes de Policía, atentados con explosivos y hasta la irrupción de hombres armados en un estudio de televisión, donde retuvieron a los trabajadores a punta de pistola hasta que fueron reducidos por las fuerzas del orden.

De hecho, prácticamente todo el mundo dio claras muestras de apoyo al gobierno ecuatoriano, incluso el expresidente Correa, que no es precisamente partidario del actual gobierno.

El 9 de enero, Noboa, declaró “conflicto armado interno” ante la crisis de seguridad pública que azota al país y designó como “organizaciones terroristas” a una veintena de grupos del crimen organizado.

Tras el informe de la evasión de Fito, estallaron disturbios en seis prisiones de Ecuador. Más tarde, Fabricio Colón Pico, jefe de la segunda banda más grande de Ecuador, Los Lobos, también escapó de prisión.

Varios gobiernos latinoamericanos condenaron la ola de ataques del narcotráfico en Ecuador y expresaron su apoyo al presidente de ese país, que asumió hace apenas dos meses.

 

¿ESTADO PAEALELO?

Los grupos criminales en Ecuador buscan crear “un Estado paralelo” a través de la crisis de seguridad para vivir bajo sus propias leyes, afirmó a el analista político argentino Christian Lamesa.

“El objetivo de estos grupos armados es justamente el condicionamiento del Estado mediante el uso de la violencia, atemorizando a la población civil. Por eso, ese uso espectacular de la violencia de forma totalmente desembozada y a la luz del día, es para generar un clima de terror y, mediante estas herramientas, crear prácticamente un Estado paralelo, en el cual estos grupos establezcan sus reglas y terminen condicionando las decisiones del Estado”, declaró Lamesa.

El experto señaló que el poder para influir en el gobierno depende de la respuesta que este dé para aplastar los actos criminales.

A este respecto, Lamesa se refirió a la experiencia de El Salvador, que durante décadas vivió sumido en el terror de las pandillas criminales, “con prácticamente la inexistencia de una respuesta eficaz por parte del Estado”.

“Solo se necesitó la decisión política, en el caso de El Salvador del presidente, Nayib Bukele, para realmente prevalecer sobre el crimen organizado y dar la respuesta que la sociedad necesitaba”, señaló a Sputnik.

Asimismo, Lamesa advirtió que la endeblez política y los altos niveles de corrupción provocan que el poder del Estado sea más débil, e indicó que la imagen de un país que no tiene la capacidad o la decisión para responder a ese tipo de amenazas “se vuelve endeble”, en particular en las relaciones internacionales.

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