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La derrota de Trump en Israel

26 de septiembre de 2019

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La imposibilidad del premier israelí Benjamín Netanyahu por alcanzar la reelección en los recientes comicios legislativos de ese país, representó sin dudas no solo un sonado fracaso parta este aspirante y su Partido Likud sino también para el presidente estadounidense Donald Trump, que abierta y escandalosamente lo apoyó con todos los recursos disponibles de la Casa Blanca.

Fue un caso de interferencia evidente en los asunt6os internos de un aliado que, precisamente por serlo, no mereció el mínimo respeto por parte de Trump. El servil Netanyahu lo recibió con satisfacción y pagó el favor con crees, esperando así verse favorecido por los resultados electorales que finalmente le fueron adversos a pesar de sus esfuerzos de última hora por atraerse votos de la más extrema derecha, prometiéndoles la anexión del Valle del Jordán, consolidando y extendiendo la ocupación ilegal de tierras palestinas.

Menos favorecido por Washington fue obviamente el ex general Benny Gautz con su Partido Azul y Blanco, que sorprendió con la obtención de 32 curules parlamentarios e impidió con buen margen a Netanyahu (y su mentor Trump) aproximarse a una victoria completa para la cual hubiera necesitado obtener al menos 61 escaños de los 120 que componen la Knesset (Parlamento).

Coincidentemente, mejoraron sus resultados la formación de extrema derecha Israel Beiteim –del ultraconservador y belicista Avignor Lieberman– y los pequeños partidos árabes, quienes pueden llegar a ser los fieles de la balanza para constituir un “gobierno de unidad nacional”, sin Netanyahu como primer ministro.

Muchos especialistas ya adelantan, sin embargo, que cualquiera que sea el desenlace de las futuras combinaciones partidistas ello no variará sustancialmente el cuadro político interino  ni las posiciones tradicionales del estado sionista respecto a la causa palestina y a las relaciones con otros países de la región, como Siria e Irán.

Esta posibilidad excluye desde ahora la participación en un eventual “gobierno de unidad” de la Lista Conjunta Árabe, con 12 diputados, que es ya la tercera fuerza política en el Parlamento, encabezando la oposición en ese escenario.

La prensa israelí se dedica en estos días a hurgar entre las causas que motivaron el fracaso de Netanyahu y por lo general apuntan como posibles a las diversas causas pendientes por graves delitos de corrupción que este acumula y debe esclarecer ante los tribunales y también a su excesiva sumisión ante Trump, que llegó a herir el orgullo israelí de parte del electorado.

Comienza a advertirse, además, un incipiente estado de zozobra y cansancio en vastos sectores de la población, cansados de vivir en un permanente estado de guerra y servir a los intereses imperiales de Estados Unidos por encima de los que pueden representar la tranquilidad y la paz para Israel.

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