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Katrina, un mal recuerdo

2 de septiembre de 2015

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Estados Unidos recordó el décimo aniversario de la catástrofe climática causada por el huracán Katrina, en medio de la incertidumbre por las heridas no curadas aún y el balance de que ocurrió y no debió haber sucedido, es decir, la tardanza gubernamental en dar respuesta; la vulnerabilidad de los refugios; la falta de transportación oportuna para los damnificados; la fragilidad de los diques que debían contener las aguas, entre otros aspectos.
Hubo 90 fallos graves cometidos por instancias gubernamentales y especializadas, lo que lejos de evitar el caos, contribuyó al balance negativo del fenómeno meteorológico.
En Nueva Orleans, Katrina provocó 1 833 muertos, más de un millón de desplazados, 250 000 casas totalmente destruidas; un millón dañadas y más de 15 000 millones de dólares en pérdidas materiales.
Katrina, es un mal recuerdo para los habitantes del Estado de Luisiana, que puso en evidencia la tardía respuesta por parte del gobierno de George W. Bush.
No pueden olvidar las habitantes de ese Estado y de norteamérica toda, que en medio del desastre, la arrogancia del presidente Bush se impuso al negarse a que los damnificados pudieran recibir ayuda humanitaria inmediata de Venezuela y Cuba, los primeros en ofrecerla.
Los gobiernos de ambas naciones tenían listos para su envío a la zona de desastre, varios hospitales móviles, plantas de depuración, comida, agua embotellada, 1 100 médicos y 26,4 toneladas de medicinas; así como un millón de dólares.
Pero el gesto solidario y humano fue rechazado por el gobierno estadounidense de entonces.
Evaluaciones posteriores por parte del Congreso y otras instancias norteamericanas, evidenciaron la tardía actuación de la administración Bush y la falta de liderazgo del mandatario para unir esfuerzos en la lucha contra el huracán; la demorada reacción a las inundaciones en Nueva Orleans, y la actitud del propio presidente norteamericano, quien se encontraba de vacaciones en Texas y no regresó a la Casa Blanca hasta dos días después de que el huracán tocara tierra.
La prensa filtró entontes que en su viaje de regreso Bush desde su avión presidencial sobrevoló las zonas devastadas de Luisiana y Misisipi y declaró que “nadie podría haber predicho el desastre”. Sin embargo, un video mostrado con posterioridad revela que Bush había sido advertido con tiempo de que los diques de Nueva Orleans podrían ceder ante la fuerza del Karina.
En estos años luego de aquella verdadera catástrofe, la prensa norteamericana la considera como algo que avergonzó a Estados Unidos. Hasta el propio Congreso la catalogó como “un fracaso nacional”, al comprobarse que fallaron todos los niveles de Gobierno y de la Agencia Federal para la gestión de Emergencias (FEMA).
Hace cinco años, por esta misma fecha, el actual mandatario, Barack Obama, denunció el “vergonzoso mal funcionamiento del Gobierno”, dirigido por George W. Bush para enfrentar las consecuencias del huracán.
Ahora, cuando se cumplen 10 años de la tragedia, Obama volvió a la zona afectada donde dijo que el Katrina “comenzó como un desastre nacional y se convirtió en un desastre provocado por el hombre”.
Según especialistas que prepararon una información al Congreso sobre lo sucedido, Katrina fue un fracaso nacional, una abdicación de las más solemnes obligaciones hacia el bien común. Si el 11-S fue un fracaso de imaginación, Katrina fue un fracaso de liderazgo.

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