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Incógnita cuatro años después

21 de octubre de 2015

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Siempre hubo dudas en cuanto a la verdadera muerte y la forma en que ocurrió, del máximo jefe de Al Qaeda, Osama bin Laden. Incluso, varias versiones surcaron el espacio asegurando que “todo era un montaje y que estaba vivo y escondido en algún lugar seguro entre Afganistán y Paquistán”.
Las especulaciones, durante los cuatro años desde que se produjo la acción por parte de la aviación y la CIA norteamericana en pleno territorio paquistaní, han sembrado muchas dudas.
Sin embargo, de lo que todos estamos convencidos es que la muerte de Bin Laden y la pérdida de su cadáver fue un plan minuciosamente elaborado por Washington con un solo objetivo: hacerlo callar definitivamente, pues de lo contrario podría comprometer a altas instancias del gobierno norteamericano sobre la época en que lo preparó como su agente para combatir a las tropas soviéticas que estaban en tierra afgana.
Bin Laden sabía mucho y si abría la boca, de ser detenido vivo, tanto la CIA como el Pentágono y otras esferas gubernamentales de Estados Unidos serían blanco de muchas lanzas, porque aún hoy está sin hacerse público todo el entramado geopolítico elaborado en torno a la región del Oriente Medio.
Incluso, podría Bin Laden hasta decir la verdad “verdadera” en cuanto al todavía oscuro atentado contra las Torres Gemelas en el 2001, que abrió las puertas a las más feroces acciones de terrorismo de estado contra todo aquello que Washington considerara un terrorista, aunque solo fuera por sus facciones.
A las incógnitas sobre la muerte del líder de Al Qaeda, se suma ahora el diario norteamericano New York Times, que difiere de la versión oficial. Esta última asegura que fueron las fuerzas especiales estadounidenses quienes localizaron, mataron y lanzaron al mar el cadáver de Osama bin Laden en una operación secreta que se produjo el 1 de mayo de 2011.
Sin embargo, señala el Times, que en mayo del 2015, Seymour Hersh, veterano periodista de investigación y ganador del Premio Pulitzer, apuntó a la falsedad de la historia contada por el Gobierno estadounidense. Hersh insistía en que todo había sido un montaje y que la captura del terrorista se debió a que un antiguo alto cargo de los Servicios de Inteligencia Paquistaní (ISI) informó a los estadounidenses del paradero de Bin Laden, previo pago, por supuesto, de unos 25 millones de dólares.
Al respecto explica que la CIA simplemente se tuvo que poner en contacto con el ISI, que tenía localizado al fundador de Al Qaeda desde 2006 en Abbottabad.
No obstante, las revelaciones de Hersh fueron cuestionadas por algunos grandes medios al servicio de los intereses norteamericanos, como la CNN, que defendían la versión oficial.
Lo más destacado ahora es que el New York Times coincide con la versión del investigador y periodista Hersh, y matiza su reportaje con la opinión de algunos colegas de los más influyentes como Steve Coll, también Premio Pulitzer y Carlotta Gall, que ejerció como corresponsal por 12 años en la región asiática.
Para concluir sus revelaciones, el Times asegura que el gobierno norteamericano usó la muerte de Bin Laden con fines propagandísticos y Hollywood, con la película “La noche más oscura” ayudó a contar una historia que era falsa. Era la versión que la CIA quería transmitir al mundo.
Cuatro años después, la muerte de Osama bin Laden sigue siendo una incógnita. Quizás nunca se sepa todo el andamiaje mediático que se tendió sobre ella para poder ocultar la verdad sobre muchos aspectos que vinculan directamente a la CIA y al gobierno de Estados Unidos.

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