ribbon

Impunidad, peor que el cáncer

9 de marzo de 2021

|

 

Hace unas horas el expresidente francés Nicolás Sarkozy fue condenado a tres años de prisión –dos de ellos domiciliarios- por delitos asociados al tráfico de influencias, algo inusitado en el mundo de los personajes de derecha del capitalismo neoliberal.

También por estos tiempos el expresidente norteamericano Donald Trump está siendo acusado por tres delitos vinculados a actividades de fraude fiscal, entre ellos la no declaración de impuestos, pero todo parece indicar que serán sobreseídos y no mellarán la campaña de miedo del susodicho contra otros dirigentes de su partido, con el fin de ser el único aspirante republicano a la presidencia en el 2024.

La opinión pública apenas se entera o no reacciona “acostumbrada” a lo mal hecho que no recibe castigo, cuando cada semana se presentan acciones judiciales en varias partes del mundo contra el sector financiero por delitos de irregularidades.

Esto pasa en medio de una pandemia de la COVID-19, con una fuerte crisis económica, con altos índices de desempleo, trabajo precario y un aumento sin precedentes de las desigualdades, lo que en buena medida puede atribuirse a las finanzas especulativas.

Y, además, se incumplió el pronóstico de que el pasado año se volvería a mostrar un buen índice económico, tras la debacle que comenzó en el 2008 con la crisis hipotecaria y el estallido de la burbuja financiera en Estados Unidos.

Aparte de que ningún banquero culpable tuvo que suicidarse, como sí pasó en 1929, y el mundo tuvo que pagar cuatro billones (millones de millones) de dólares sustraídos a los contribuyentes.

A modo de ejemplo, para rescatar el sector financiero, España tuvo que destinar más dinero que el dedicado a su presupuesto anual en educación y salud.

 

ENCUESTA DEMOSTRATIVA

La Universidad estadounidense de Notre Dame informó que, en una encuesta realizada a 1 200 ejecutivos de fondos de cobertura, banca de inversión y otras áreas de negocio financiero de Estados Unidos y Gran Bretaña, cerca del tercio que gana más de medio millón de dólares al año admitieron que fueron testigos o tuvieron conocimiento directo sobre irregularidades en su lugar de trabajo.

Cada uno de cada cinco encuestados sintieron que los profesionales de servicios financieros debieron involucrarse en actividades poco éticas o ilegales para tener éxito en el entorno financiero actual.

Al respecto, casi la mitad de los profesionales de altos ingresos consideraron que las autoridades son ineficaces en la detección, la investigación y el enjuiciamiento de infracciones relativas a las ganancias.

Una cuarta parte de los entrevistados afirmó que pasarían información privilegiada para ganar unos diez millones de dólares, si consideraban que no había alguna posibilidad de ser arrestados por esa ilegalidad.

También cabe señalar que la mayoría mostró temor ante su empleador, quien optaría por aplicar represalias contra quienes informen de irregularidades en la empresa, por lo cual el bono otorgado cada año a los funcionarios del sector financiero equivale prácticamente a un soborno por el silencio sobre la mala conducta.

Y es que una nueva ética se ha instaurado y propagado. Lo demuestra la estadounidense Comisión Federal de Comercio, que presentó cargos a cuatro asociaciones dedicadas a combatir el cáncer, por el uso indebido de millones de dólares de donaciones.

Una de ellas, el Fondo para el Cáncer, declaró que empleó todos los fondos recaudados en atención médica, transporte de pacientes a sesiones de quimioterapia y compra de medicamentos para niños, pero la comisión descubrió que menos del 3% tuvo ese destino.

Ello revela una “ética” peor que el cáncer, que hace metástasis, cuando se conoce que ningún ente implicado sufrió pena alguna.

Comentarios