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Grandes esperanzas

13 de diciembre de 2014

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Pese a pronósticos pesimistas, el gobierno de Narendra Modi, del siempre señalado conservador de derecha Bharatiya Janata Party (BJP), ha preconizado hasta ahora una política de paz entre las diversas facciones indias, asumido una necesaria y consecuente lucha contra la corrupción al más alto nivel; rechazado los intentos de los enemigos internos y externos de Rusia para que apoye las sanciones  imperialistas contra Moscú, estrechado sus relaciones con China, desoyendo la política de Washington; e indicado un acercamiento con Paquistán, incluso en la difícil situación con Cachemira.
Siempre estimé que el triunfo del BJP había sido principalmente una acción de castigo por la torpe política del emblemático Partido del Congreso, que aumentó la brecha entre ricos y pobres en esa nación de contrastes, ignorando que Modi es respetado por su austeridad y fama de incorrupto; fácil contacto con las masas, y su rechazo a las acusaciones de querer aumentar el poder del hinduismo a costa de los musulmanes y otros grupos religiosos.
La pobreza, el exceso de población, el desempleo y la falta de infraestructura son algunos de los problemas macroeconómicos que sufre la India, agravados por cierta política neoliberal que ayuda momentáneamente en el crecimiento, pero que ahonda las desigualdades.
Algo que se conoce mundialmente, y que le es distintivo como peculiaridad histórica, es su sistema de castas, que ha existido desde hace más de 3 000 años, que algunos lo ven como rasgos de una sociedad inamovible, y no ha sido abolido por la Constitución, que sí eliminó la práctica de la intocabilidad y la discriminación basada en la casta y la religión. Mientras que la modernidad y la información han diluido gradualmente su influencia en las ciudades, es aún muy fuerte en la India rural.
En este sentido, Modi ha subrayado que, en este contexto, hay que luchar por eliminar la mentalidad estrecha y fragmentada que la sociedad atribuye a cada casta, lo cual obstruye al progreso y el desarrollo del país.
Lo cierto es que ahora también tiene intenciones de tratar la cuestión de Cachemira, posiblemente el hecho que más une a los indios, que ha causado tres guerras con Paquistán, algo siempre peligroso entre países con armas nucleares.
Modi ha tenido que enfrentarse a elementos fundamentalistas hindúes que propugnan el enfrentamiento con Paquistán, al que acusan de acciones terroristas, lo cual es un llamado a la guerra para asegurar la ocupación de Cachemira y retornar al conflicto limítrofe, algo que perjudicaría indudablemente a ambas pueblos.
Esos hinduistas siguen sacando provecho de diversas acciones terroristas, sobretodo de las emprendidas hace seis años en Mumbai (ex Bombay) por poco más de una docena  de jóvenes musulmanes bien preparados militarmente, quienes, sin importarle la pérdida de sus vidas y las ajenas, asaltaron sincronizadamente entidades de todo tipo, principalmente lujosos hoteles turísticos de la capital financiera india, con varios centenares de víctimas, mientras la televisión seguía la acción, rememorando los días de “entretenimiento” forjados por el imperialismo norteamericano en el comienzo de sus agresiones a Iraq.
Pero la Inteligencia paquistaní, Inteligencia Inter Servicios (ISI, por sus siglas en inglés), no debe haber estado al margen, si recordamos sus estrechos lazos con la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de Estados Unidos desde el financiamiento y entrenamiento del Talibán en la lucha antisoviética en Afganistán.
Juan Gelman, en la publicación argentina Página 12, señaló en su momento que ambas entidades también colaboraron en la década de los ’90 en Chechenia, Yugoslavia y la India, insuflando todo tipo de apoyo a las organizaciones que se infiltraban en Cachemira. Es notorio que la CIA y el Pentágono armaron y entrenaron al grupo terrorista Jundullah para que incursionara en Irán.
En esto habría que señalar la intromisión taimada de Estados Unidos, que ha reiniciado la política ensayada por los británicos a principio del siglo XX: propiciar guerras sectarias entre las distintas confesiones, para crear un ejército títere al cabo de un desangre colectivo. Así ocurrió con la partición de la Unión India y creación de Paquistán Occidental (luego Paquistán) y Oriental, devenido Bangladesh, luego de una sangrienta lucha de liberación.
El Premier indio considera estéril cualquier confrontación en este sentido, mientras se vislumbra una nueva política hacia Cachemira, que considere lo que siempre se ha debido hacer desde un principio:  la opinión de la mayor parte de la población cachemir
Así, y quisiéramos no equivocarnos, vislumbro grandes esperanzas para el hermano pueblo indio.

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