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Golpear a los golpistas

13 de mayo de 2016

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El golpe de Estado parlamentario que acaba de tener lugar contra la presidenta electa de Brasil, Dilma Rousseff, es indudablemente un paso más de la oligarquía y el imperialismo en el control de los resortes para mantener el poder en el futuro y, sobretodo, tratar de eliminar la candidatura del ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva para las elecciones señaladas para el 2018.
Todo puede pasar en una nación donde aun la izquierda no ha podido contrarrestar fehacientemente el poder de los medios informáticos controlados mayoritariamente por la reacción, y que hacen creer que lo negro es blanco, y viceversa.
Gobiernos que se han apoyado en el pueblo y en sus éxitos en tal gobernanza, no han podido ser capaces de contrarrestar el ataque brutal y avasallador de esos medios, que destacan problemas, aisladamente, a través de proyecciones irreales, difunden falsedades, con el fin de deslegitimar conquistas y a sus líderes, haciendo hincapié a veces en situaciones reales, pero secundarias o de fácil subsanamiento.
Todo esto coadyuvó al golpe de Estado parlamentario contra Dilma, adosado con traiciones de entes considerados aliados y que se han vendido a intereses antinacionales para acceder al poder, e incluso vengarse personalmente contra la Presidenta, por no permitir ilegalidades.
Ya en esos “•Hijos de Pernambuco”, que publicamos hace unos días, apuntamos el lenguaje soez mezclado con el falso puritanismo de diputados que votaron por el juicio político a Dilma, a lo que se agregaron las largas peroratas de senadores que cumplían el guión preestablecido por el Imperio.
Ahora la lucha se centra en la movilización de las masas, jamás reprimidas por los gobiernos del Partido de los Trabajadores, y desmontar el andamiaje ilegal contra la Presidenta, quien podrá estar suspendida de sus funciones hasta por 180 días.
En cuanto a lo que acaba de suceder, el colega Gustavo Robreño lo había indicado en marzo pasado, al referirse a esta variante de golpe de Estado por etapas “… Donde desempeñan el papel fundamental los medios de comunicación convertidos en partidos políticos y herramientas del gran capital financiero, los latifundistas y elementos del estamento judicial, no poco vinculados a las pasadas dictaduras militares”.
Cualquier otro mandatario hubiera podido flaquear ante tantos, disímiles e injustos ataques, acompañados de calumnias y de mucho dinero para comprar conciencias que algún día le fueron fieles, y ahora demostraron con su traición de lo que son capaces.
Pero Dilma se ha comportado hasta ahora como una guerrera, tal como su pasado sostiene, y se dispone a demostrar, como puede, enfrentar y golpear a los golpistas, con el apoyo del pueblo y por medios legales.

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