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Estancado, aunque…

25 de mayo de 2017

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Muy poco ha logrado el presidente norteamericano, Donald Trump, en estos primeros cuatro meses de su gobierno, luego que se impuso metas ambiciosas en sus primeros días de gobernante, sin que haya resultado alguno.

Asegurando que él, y solo él, tenía el poder innato para cortar con la inercia burocrática de Washington y aprobar reformas revolucionarias, dijo que cosecharía una victoria tras otra en cuestión de días.

Pero la realidad es otra, porque varias de sus promesas centrales de campaña están estancadas, tal vez permanentemente, al correr –coinciden analistas franceses y norteamericanos– la suerte de los antipolíticos en el mundo entero: es mucho más fácil prometer en campaña que cumplir desde el gobierno.

También se ha encontrado con un sistema político como el estadounidense que cuenta con numerosos frenos institucionales precisamente para evitar que un presidente pudiese imponer su voluntad de manera imperial.

Y así, partes importantes de la revolución que prometía Trump se están estancando en pleitos judiciales, rencillas parlamentarias y la oposición férrea a su mandato de medio país.

Esto se ha visto en el desarrollo de tres de sus propuestas centrales de campaña, hoy todavía lejos de volverse realidad: la construcción de un muro fronterizo, la imposición de una prohibición migratoria a los ciudadanos de ciertas nacionalidades y el desmantelamiento de la ley de salud conocida como “Obamacare”.

Independientemente de sus insultos, la rama judicial del gobierno federal se ha atravesado en los intentos del presidente de cambiar por decreto la política migratoria estadounidense.

La raíz de esta iniciativa de Trump se encuentra en uno de los más controversiales planteamientos que hizo en campaña. Cuando recorría Estados Unidos buscando votos, inicialmente propuso una prohibición total a la entrada de musulmanes al país. En ese momento, un coro de opositores calificó esa propuesta de descaradamente inconstitucional, asegurando además que parecía confirmar los peores temores del mundo musulmán acerca de los prejuicios estadounidenses frente a su religión.

A ello Trump respondió modificando su argumento hasta llegar a la idea del “escrutinio extremo” que aplicaría a inmigrantes de muchos de esos países.

Con apenas una semana en el poder, el 27 de enero, emitió una orden ejecutiva, estableciendo restricciones temporales a la entrada de personas de siete países, incluso aquellas que contaban con permisos legales de residencia permanente en Estados Unidos. Esas siete naciones son de mayoría musulmana. De esa manera entendió dar cumplimiento a su promesa de campaña.

Pero en medio de nutridas protestas en los principales aeropuertos del país apenas se empezó a cumplir la orden presidencial, varios jueces federales empezaron a bloquear la aplicación de la medida, alegando cuestiones de inconstitucionalidad.

En este campo, el mandatario tiene ya una gran ventaja, pues el alto tribunal cuenta con una mayoría conservadora. Sin embargo, no está garantizado que los magistrados conservadores de la corte voten de manera unánime a favor de la política migratoria del presidente. Y en todo caso, si al final lo hacen, una decisión favorable a Trump en este campo tomará meses o incluso años.

No solo Trump, sino el Partido Republicano entero, llevaba años prometiendo que una de las primeras cosas que harían al llegar al poder sería anular la reforma al sistema de salud acometida por el anterior presidente, Barack Obama.

El sistema conocido como Obamacare extendió la cobertura de los seguros de salud a decenas de millones de estadounidenses que antes no contaban con ellos.

Sin embargo, para hacerlo, se elevaron ciertos impuestos. Y se extendió el alcance del gobierno federal, situación que enardece a los conservadores estadounidenses, que sueñan con un gobierno mucho más reducido en sus poderes de intervención en la vida cotidiana de los ciudadanos.

En medio de una humillación política, el gobierno de Trump se vio obligado a retirar el proyecto antes que lo votara la Cámara de Representantes. Es tal vez la derrota más grande de Trump desde que llegó al poder.

Pero como Trump… es Trump no se da por vencido, y junto con los republicanos de la Cámara Baja trabaja en una nueva versión consensuada de la reforma, que podría alcanzar los votos que no logró la versión anterior.

Como muchos recuerdan, casi no hubo acto de campaña en que el hoy gobernante no prometiera la construcción de un muro fronterizo que sería pagado por México, lo cual es muy difícil de creer

Pero Trump tampoco ha conseguido asegurar financiación de su propio gobierno para el muro, por lo cual saca los gastos de la construcción –21 000 millones de dólares– con la negociación del presupuesto.

Quizás un logro indirecto es que solo con la llegada de Trump al poder, con su discurso antiinmigración, parece haber actuado como un fuerte elemento disuasorio, que redujo de manera dramática la llegada de los sin papeles.

Según estimaciones de las autoridades migratorias, el número de indocumentados interceptados en la frontera sur del país pasó de 40 000 mensuales a finales del año pasado a 12 193 en marzo, una caída de más del 70%.

Si esta tendencia se mantiene, Trump podría terminar diciendo que el muro ya no se requiere con la urgencia de antes.

Y, a mi entender, lo más significativo que podría tener su mandato es si impone el mayor recorte de impuestos de la historia de Estados Unidos, lo cual requeriría un amplio y futuro comentario por lo que ello implica, por lo que parece ser, y no es, un verdadero fuego fatuo en su generalidad, pero, a mi entender, con posibles resultados favorables para su persona ante un pueblo educado malsanamente para que vele por sí mismo y le preocupe poco la continuación de la política externa de depredación que sigue imponiendo –con Trump o sin Trump– el establishment financiero-militar que realmente gobierna.

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