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Esa prensa “representativa”

2 de marzo de 2018

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A 195 años de haber proclamado el presidente de Estados Unidos, James Monroy, la Doctrina que trataba de imponer la hegemonía total de su país en este continente, uno de los papeles más destacados en ese intento lo tiene la prensa, esa apellidada representativa que en el presente es alabardera y punta de lanza al mismo tiempo de aquellos detentadores del poder real en la mayoría de las naciones en esta parte del hemisferio.

Ello se encuentra presente en las campañas desestabilizadoras contra Nicolás Maduro y Evo Morales, en las que trataron de desprestigiar a Cristina Fernández y Dilema Rousseff, así como en la que se propone impedir la vuelta de Lula al poder en Brasil.

En el resto de América Latina –exceptuando a Cuba, por supuesto– el neoliberalismo ha destruido a los partidos políticos y los reemplazó con efímeras coaliciones, donde sus “líderes” se pasan del oficialismo a la oposición y viceversa sin mayores escrúpulos, como ha ocurrido en Argentina y Brasil, de ahí que el inculto Mauricio Macri se sigue sosteniendo sin importarle nada los sufrimientos de la mayoría de la población, y Michel Temer, a pesar de tener simpatías casi en cero, se mantenga en el poder, y legisle una y otra vez para entregar los recursos públicos a manos privadas.

Los medios hegemónicos de la desinformación –todos íntimamente vinculados a la dominación imperialista– han pasado a asumir las funciones de los partidos del establishment, convirtiéndose en los organizadores de la oposición de derecha ante los procesos transformadores que se han tratado de implementar en la región.

Ante la ineptitud de los partidos tradicionales, como ocurre en Venezuela, son los grandes medios quienes reclutan la tropa de la derecha, aportan las orientaciones tácticas de su accionar, establecen la agenda del proyecto y lo transmiten día y noche a través de su impresionante aparato comunicacional, con el fin de construir un liderazgo que lleve a cabo las iniciativas del Imperio.

Esa prensa tildada de representativa respaldó en su momento, como lo sigue haciendo ahora, a gobiernos como los de la Concertación en Chile; a Fox, Calderón y Peña Nieto en México; a Uribe y Santos en Colombia; Alan García y Alejandro Toledo en el Perú, para no citar sino los casos más evidentes.

En este contexto, el especialista argentino Atilio Borón señala que el papel “organizador” de los medios hegemónicos convertidos en filosos sucedáneos de la derecha partidaria, adquirió en los últimos tiempos en Argentina y Brasil ribetes francamente escandalosos. ¡Y a esto le llaman “periodismo independiente”!

En relación a esta tendencia, el cineasta y documentalista australiano John Pilger concluye que este proceso de acelerada concentración remata en la instauración de un “gobierno invisible” e incontrolable, que no rinde cuentas ante nadie y que actúa sin ninguna clase de restricciones efectivas a su enorme poderío: “Hay que considerar cómo ha crecido el poder de ese gobierno invisible. En 1983, 50 corporaciones poseían los principales medios globales, la mayoría de ellas estadounidenses. En 2002 había disminuido a sólo nueve corporaciones. Actualmente son probablemente unas cinco”.

Rupert Murdoch predijo que habrá sólo tres gigantes mediáticos globales, y su compañía será uno de ellos.

La concentración mediática se encuentra íntimamente relacionada con la aparición del llamado “periodismo profesional, objetivo, independiente´”, términos muy utilizados en el debate político latinoamericano a la hora de justificar la ofensiva destituyente que los grandes medios lanzan sobre los gobiernos progresistas de la región. Pilger lo relata de esta manera:

“A medida que las nuevas corporaciones comenzaron a adquirir la prensa, se inventó algo llamado ‘periodismo profesional. Para atraer a grandes anunciantes, la nueva prensa corporativa tenía que parecer respetable, pilares de los círculos dominantes –objetiva, imparcial, equilibrada. Se establecieron las primeras escuelas de periodismo, y se tejió una mitología de neutralidad liberal alrededor del periodista profesional. Asociaron el derecho a la libertad de expresión con los nuevos medios y con las grandes corporaciones.”

Y la dependencia de este periodismo con el “pensamiento dominante” y los límites del “periodismo objetivo” queda en evidencia cuando Pilger recuerda que “… numerosos periodistas famosos del New York Times, como por ejemplo el celebrado W.H. Lawrence … ayudó a ocultar los verdaderos efectos de la bomba atómica lanzada sobre Hiroshima en agosto de 1945. ‘No hay radioactividad en la ruina de Hiroshima,’ fue el título de su informe, y era falso.”

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