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Embestida vana

10 de marzo de 2017

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El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha fracasado hasta ahora en sus arremetidas contra China, a la que acusa de “estar robando” su país, de todas las calamidades que sufre su economía, principalmente el enorme desempleo, y de estar llevando a la bancarrota, incluso bancaria, con una devaluación de su moneda, lo cual notiene nada de cierto.

Muchas de las diatribas antichinas no solo se han estrellado contra la realidad, sino contra una postura firme de Beijing que ha hecho que el mandatario estadounidense “recoja pita”, como se dice vulgarmente, haciendo alusión al papalote de acusaciones.

Que los consejeros de Trump, como el principal de ellos, Peter Navarro, tengan odio visceral a China, por lo que la nación asiática representa, es algo que conlleva un peligro para la paz del planeta, porque las principales potencias económicas también tienen suficiente fuerza militar para acabar con la vida de la Tierra, si se expande lo contencioso al terreno militar.

En otra ocasión abordaremos la política hostil en el terreno bélico que Estados Unidos practica contra China, porqueen el plano económico es cierto que el superávit comercial favorece ampliamente a Beijing, pero no desfavorece totalmente a EE.UU., porque este ha aumentado sus inversiones por voluntad propia de los hombres de negocios que buscan el lucro a costa del bienestar desu propio pueblo.

La arremetida de Trump contra China parece apuntar a que la globalización ha beneficiado a la potencia asiática y ha perjudicado a Estados Unidos, ubicando a su país en el lado de los perdedores.

Pero, como plantea el periodista Adam Davidson, del medio estadounidense The New Yorker, “la economía global también le ha traído a Estados Unidos un tremendo superávit de inversión”.

De acuerdo con cifras de la Oficina del Censo de Estados Unidos, entre enero y noviembre de 2016, las exportaciones estadounidenses a China se contabilizaron en 104149 millones de dólares,, mientras que las importaciones desde China hacia Estados Unidos ascendieron a 423.431 millones, o sea, hay un déficit comercial de 319 282 millones.

El desbalance del intercambio comercial con China, el cual el presidente electo califica de negativo para su país, “refleja un mayor consumo de Estados Unidos, cuyo Producto Interno Bruto (PIB) per cápita es siete veces superior al de China”, explica por su parte Sara Hsu.

De acuerdo con el Banco Mundial, el PIB per cápita de Estados Unidos es de $56,115,7, mientras que el de China se estima en unos US$8 027,7.

Y es que hay que recordar que China es un país que aún tiene grandes grupos de la población que viven en pobreza.Con la definición de la línea de pobreza de menos de un dólar al día, se estima que el número de pobres en esa nación asciende a cerca de 120 millones, según Yuwen Wu, editora para el este de Asia de la BBC.

Trump se ha dejado influenciar por la teoría de Peter Navarro, su consejero comercial, quien dijo que había cada vez más signos de que “el colapso de China…podría estar cerca”, acusó a Beijing de subsidiar ilegalmente sus exportaciones, robar propiedad intelectual y explotar a los trabajadores, y afirmó que el acceso de China a la Organización Mundial del Comercio (OMC) había debilitado la base industrial estadounidense y “la capacidad de defendernos y defender a nuestros aliados”.

Más allá de las razones de Trump, los problemas sí existen: Mark Wu, profesor de la escuela de Derecho de la Universidad de Harvard, le señaló a BBC Mundo que “se esté o no de acuerdo con las tácticas del presidente electo, Estados Unidos efectivamente enfrenta una serie de problemas comerciales importantes con China”.

Pero el punto clave es que la economía china está estructurada de tal manera que no todos los problemas comerciales pueden ser enfrentados con efectividad a través de litigaciones en la OMC, y no se resuelve con la actual línea dura de Trump, amenazando con una guerra comercial.No es una estrategia que pueda surtir efecto, y sí pudiera elevar las tensiones hasta en el peligroso plano militar.

Lo más sensato, creo, lo expresó el periodista Adam Davidson en The New Yorker, al asegurar que la educación es en parte una de las claves para contrarrestar los efectos adversos del comercio global en los trabajadores estadounidenses, quienes han sido desplazados por la tecnología y desalentados a continuar con su educación, debido al aumento del costo de las universidades públicas.”Han sido unas cuantas décadas espantosas para los trabajadores del sector manufacturero y para muchos otros, especialmente los que tienen menos educación”, subrayó.

Davidson planteó que la mayoría de los académicos coinciden en que Estados Unidos es “casi impotente frente a China y que las soluciones fundamentales para ajustarse a la economía global son domésticas”.

“Tenemos, en Estados Unidos, todo el poder que necesitamos para mejorar nuestro sistema de educación, para ayudar a los trabajadores a moverse hacia industrias más prometedoras, a invertir en infraestructura y a mejorar su poder de negociación”, indicó el experto.

Y es que como plantea el periodista de la BBC Kamal Ahmed, “los empleos han cambiado, no han desaparecido”.

Es decir, lo que Estados Unidos tiene que hacer es capacitar a su mano de obra para diseñar productos de alta tecnología y gran complejidad para que los trabajadores en otros países puedan fabricar.

Por el momento, Trump ha aminorado su política de confrontación e incluso se habla de una cumbre con su colega chino, lo cual quizás disguste a algunos de los jefes militares considerados halcones que han llevado a Estados Unidos a intensificar su injerencia en las cuestiones que China debe saldar en el planoregional.

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