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El tarifazo nuestro de cada mes

30 de abril de 2018

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El último día de abril fue escogido por el gobierno argentino de Mauricio Macri para dar a conocer un nuevo tarifazo, es decir, aumentos en las tarifas de determinados servicios públicos, a los cuales sus compatriotas se resisten porque con ellos cada mes son un poco más pobres.

Esta vez los aumentos afectarán los precios del subterráneo, el servicio del agua, la medicina y un posible nuevo incremento de los combustibles. Por solo citar un ejemplo, en el caso del metro o tren subterráneo el último aumento fue el 31 de octubre de 2016 cuando la tarifa plena para el usuario trepó de 4,50 a 7,50 pesos, señala un comentarista local.

La prensa argentina recuerda que el gobierno se hizo cargo del servicio en enero de 2012 y el servicio costaba 1,10 pesos hasta la fecha, que llega a 12,5, lo que implica una subida acumulada de 1,035 por ciento en seis años.

En el caso del agua aumenta su costo basado en la proyección inflacionaria del 15 por ciento más una diferencia del 11 por ciento que se usará para, dice el gobierno, “cubrir y permitir la recuperación  gradual del equilibrio económico entre los gastos operativos y los gastos de mejora y mantenimiento con los ingresos tarifarios”. De este modo, el incremento será del 26% y la tarifa promedio de una residencia pasará a $208 mensuales y la mínima a $130. La medicina subirá en junio y será la cuarta vez que sucede en lo que va de año.

La oposición parlamentaria reaccionó de inmediato contra el nuevo tarifazo y pretende lograr que las tarifas vuelvan a las existentes en noviembre de 2017, estabilizarlas por un año y vincular los futuros aumentos al índice de variación salarial para los hogares y al de los precios mayoristas, lo que estaría por ver, si es que tienen posibilidad de lograrlo.

Ante la reacción popular y la amenaza de nuevas manifestaciones y huelgas, el gobierno, pleno acuerdo por sus aliados políticos sobre el asunto, anunció oficinalmente que aplicará los nuevos precios, apoyándose en que tales  medidas serán aplicadas directamente por el Ejecutivo y el Ministerio de Energía en caso del gas.

Un analista argentino publica en Página 12 que la justificación para estos aumentos es el “consumo de derroche en los hogares” y considera a Macri como el “cruzado” de los tarifazos, aunque no exista evidencia empírica ni respaldo en investigaciones en el área energética para sostener semejante afirmación.

Y concluye que si “Macri y su familia viven con el aire acondicionado prendido todo el año, como informó en su momento su esposa, o que algunos hogares privilegiados calienten el agua de sus piscinas en invierno, no deberían orientar a sentenciar que toda la sociedad dilapida energía como esos representantes de la clase alta”.

Nada, que los argentinos y sobre todo los más pobres renovarán este primero de mayo la consigna de no a los tarifazos, ya que son ellos los que pierden con estas medidas, que solo permiten a las empresas generadoras de energía ganancias extraordinarias.

Queda por ver hasta cuándo los bolsillos de aquellos que aún mantienen sus puestos de trabajo resisten los aumentos. No debe olvidarse que ese mismo pueblo, en su momento, fue capaz de sacar a un gobernante de turno de la Casa Rosada (de gobierno) al no poder soportar más las medidas económicas en su contra.

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