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El mundo en que vivimos

28 de septiembre de 2026

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Un balance preliminar y aún incompleto de la 81 sesión plenaria de la Organización de Naciones Unidas, y en especial de su período de alto nivel al que concurren los jefes de Estado y Gobierno, cancilleres, ministros y otros enviados plenipotenciarios, permite llegar a la conclusión de que se tra de una verdadera avalancha de precisiones y opiniones en favor del multilateralismo y la igualdad de derechos en la escena mundial para el logro de un equilibrio dentro de una paz justa conduzca al desarrollo económico y social, al progreso ambiental y el freno al cambio climático destructivo. Fueron muy pocos los que al hacer uso de la palabra se apartaron de esas líneas, al margen de otras ideologías o criterios acerca de cuestiones más concretas y urgentes también examinadas.

Visto desde ese amplio punto de vista, puede afirmarse con relativo optimismo que dentro del convulso mundo que vivimos, -en medio de una profunda crisis del derecho internacional allí denunciada también como amenaza a introducirnos en la “ley de la selva,- el papel de la ONU salió fortalecido, así como las tendencias que más claramente favorecen la llegada de un nuevo orden internacional. Temas que no se apartaron del contexto en que se desarrolla la sesión de alto nivel y se presumen continuarán en primer plano, son la defensa de la Carta de Naciones Unidas como cimiento jurídico fundacional aceptado por todos para regular el ejercicio de las relaciones internacionales junto a la Convención de Ginebra de 1961 y así evitar las intervenciones, abusos y atropellos, amenazas y sanciones unilaterales por parte de quienes se sienten más poderosos y agresivos: el respeto a la Convención de Derechos Humanos en toda su extensión y particularidades: la realización de un comercio internacional equilibrado, justo y de beneficio para todos sus actores económicos, sin el uso de los aranceles como forma disfrazada de sanciones y el apoyo a los proyectos conjuntos de las agencias especializadas de Naciones Unidas en favor de la ciencia, la cultura, la niñez, la agricultura, los refugiados y la salud, por citar solo los más requeridos y universales.

Dos temas en particular recibieron constante atención por parte de los representados: la creación de un estado palestino independiente -en cumplimiento de viejos acuerdos de Naciones Unidas nunca satisfechos- junto al repudio a los horrendos crímenes del régimen sionista contra la población de la franja de Gaza y a la inconcebible presencia del criminal de guerra Netanyahu en aquella sala semi vacía donde pretendió hacerse escuchar.

Otro tema de presencia habitual durante la 81 sesión fue el rechazo al bloqueo multidimensional de Estados Unidos contra el pueblo de Cuba que lleva más de 60 años de impuesto y convertido así en el más prolongado de la historia moderna, sin declaración formal de guerra y sin que medien ni una agresión ni una amenaza por parte de Cuba contra su vecino sancionador.

El bloqueo yanqui contra Cuba ha sido obra consecutiva de once gobiernos imperiales desde 1962, recrudecido gradualmente hasta llegar al bloqueo energético de hoy, y demandado su levantamiento por parte de la Asamblea General sucesivamente desde el período de sesiones de 1992 hasta la fecha, el que volverá a someterse otra vez a consideración los días 27 y 28 de octubre.

La sesión de alto nivel constituyó sin dudas una especie de radiografía del mundo que vivimos. Sus resultados concretos más allá de lo expuesto, quedan por ver de ahora en adelante.

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