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El gran perdedor en Paquistán

16 de mayo de 2013

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Las recientes elecciones generales en Paquistán representaron sin dudas un voto de castigo para el actual gobierno, quien mantuvo una política imprecisa, al no eludir las presiones norteamericanas con el fin de que fortaleciera la política antiinsurgente, mientras la nación se hallaba envuelta en  luchas sectarias, acciones de terrorismo ciego y el insistente ataque de drones estadounidenses, cuando aún no se han eliminados las secuelas de epidemias y hambrunas dejadas por inundaciones pasadas.
Eran muchas cosas en contra para el presidente Asif Ali Zardari, su gobernante Partido del Pueblo de Paquistán y sus dos socios de coalición, y a favor del ganador Partido de la Liga Musulmana-N, del ex primer ministro Nawaz Shariff, quien nunca condenó la violencia talibana y de otros entes insurgentes contra sus opositores.
Shariff, quien ya había sido mencionado como favorito y potencial primer ministro de un futuro gobierno de coalición, nunca fue un objetivo de atentado para los grupos armados opositores, y aboga por conversaciones de paz con estos.
En este mismo contexto se había pronunciado otro candidato opositor, el famoso jugador de críquet Imran Khan, quien siempre se opuso a las operaciones militares contra los rebeldes y ataques de los drones norteamericanos, bajo el pretexto de “acciones quirúrgicas”, que se convertían en realidad en matanzas de la población civil.
Hasta ahora el gran perdedor en todo este tiempo, incluidas unas elecciones generales bajo constantes estallidos de bombas, ha sido el pueblo, y toca a los entrantes gobernantes revertir la situación.
Es una tarea ardua, debido a que Estados Unidos ha aumentado tanto sus ataques que ha llevado a muchos a especular que el gobierno de Barack Obama está acelerando su ofensiva, a raíz del anuncio de la retirada de sus tropas de Afganistán en el 2014, cuando se espera que cerca de 66 000 soldados estadounidenses abandonen ese país.
No obstante, y pese a la muerte de civiles, funcionarios de inteligencia estadounidenses insisten en que se trata de una estrategia efectiva para reducir el número de oponentes.
Es decir,  EE.UU. “seguirá siendo una amenaza”,  aseguró Seth Jones, un especialista antiterrorista de la Corporación RAND al diario ‘The Washington Post’. “Con el retiro de las fuerzas estadounidenses, el drone puede ser el arma más importante contra grupos militantes”, agregó.
Por ello es necesario oponerse consecuentemente a los planes norteamericanos de exterminio contra la resistencia, que trasciende territorio afgano y extiende su presencia en la región fronteriza y hasta en el centro montañoso de Paquistán.
Asimismo, es urgente hacer realidad la exigencia de la hasta ahora oposición al anterior gobierno de salvaguardar la soberanía, rechazar los bombardeos indiscriminados y evitar la confrontación étnica, que pudiera dividir a una nación creada de la escisión de la Unión India, propiciada por un colonialismo inglés que, antes de retirarse del lugar, hizo prevalecer su axioma de “Divide y vencerás

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