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El falso aislacionismo

17 de julio de 2018

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A partir del ascenso del actual presidente Donald Trump al gobierno de Estados Unidos y la puesta en práctica de políticas que ya había asumido durante su campaña electoral, se ha puesto en boga con sospechosa frecuencia calificarlas como “aislacionismo” o incluso “nacionalismo” por parte de algunos medios de comunicación mundial, incluso norteamericanos.

Basados en el lema “América first” y en los antecedentes y experiencias previas de otros gobiernos imperiales –en especial en etapas anteriores a la Segunda Guerra Mundial– que proclamaron el tal aislacionismo como doctrina, acompañando a la expansión de los intereses y el poder de Estados Unidos sobre el resto del planeta.

Es oportuno señalarlo para evitar confusiones que puedan llevar a la conclusión de que el “aislacionismo” yanqui pueda acompañar a la renuncia de los designios imperiales que han sostenido y alimentado al sistema desde su nacimiento hace más de dos siglos.

Tener en cuenta, por tanto, que en la filosofía política y económica del sistema estadounidense el titulado “aislacionismo” puede llevar a un recrudecimiento del imperialismo y a la negociación e imposición –siempre en condiciones favorables– de los objetivos de la superpotencia imperial en todos los casos.

Las violentas contradicciones actuales de la Administración Trump con socios y aliados tradicionales, alegando que Estados Unidos está sometido a intercambios y negociaciones que le son desfavorables, representan un claro ejemplo de lo que es y lo que persigue tal doctrina con apariencia “nacionalista” y favorecedora de la clase trabajadora y los llamados “contribuyentes” dentro de la sociedad estadounidense.

Como se observa cada día, un propósito esencial de ese “aislacionismo” es reforzar el dominio imperial aun sobre sus socios y aliados, imponiendo condiciones y reglas de juego que lo favorezcan en todo sentido –no solo económico– y hagan valer a Estados Unidos como única superpotencia del sistema capitalista mundial sin riesgo de ser desplazada por ningún otro país o conjunto de países.

Las consecuencias políticas de esas voraces pretensiones están por verse en medio de las condiciones del mundo actual, que no es el de hace un siglo o menos aún.

Los resultados desastrosos de la más reciente Cumbre de la OTAN y los insultos de Trump a los participantes dan una idea de lo que en el futuro pueda suceder.

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