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EE.UU. ante una nueva realidad

16 de febrero de 2026

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Los acontecimientos que están teniendo lugar dentro de la realidad política estadounidense de manera vertiginosa, sobre todo a partir de la llegada de la Administración de extrema derecha actualmente instalada en la Casa Blanca, urgen la necesidad de un reexámen de esa complicada y heterogénea sociedad sobre la base de la nueva realidad que ha venido creándose a lo largo de los últimos 50 años como mínimo y que mientras otros gobiernos anteriores han ido disimulando y evitando, la Administración actual ha hecho estallar con consecuencias aún imprevisibles.

Sobre la base de un programa electoral preconcebido, las fuerzas republicanas de extrema derecha han logrado imponer como candidato presidencial en tres ocasiones a Trump, resultando ganador en dos ocasiones y derrotado en una, bajo el significativo lema MAGA (“Hacer a América grande otra vez”) que es una mezcla de ambiciones imperiales insatisfechas, fanatismo cuasi religioso, codicia económica de los grandes monopolios como el petróleo y la energía en general, como ansias geopolíticas por dominar el mundo a partir de un control absoluto de la cercana región de América Latina y el Caribe.

Para lograr imponerse sobre el desorientado y fragmentado Partido Demócrata, los republicanos han logrado, -al menos por el momento,- agruparse alrededor de la figura del actual mandatario y así ayudar a presentarse con una imagen de cohesión y fortaleza que ya comienza a mostrar sus fisuras y contradicciones, poco a poco, sobre todo a nivel de los diferentes estados que integran esa enredada urdimbre federal.

Un factor que ha ido ganando por momentos y cada día una mayor presencia e influencia en la sociedad norteamericana es la migración y, sobre todo, la latina o hispanoamericana como la más numerosa y de más rápido crecimiento hasta prácticamente cambiar la fisonomía del país. Esta es una nueva realidad que el Partido Republicano presenta como una de las causas del declive y los fracasos más recientes del arrogante imperio, tanto en lo interno como en sus proyecciones hacia el dominio del mundo, además de culpar a China, a Rusia y a la estructura cada vez más multilateral de la contemporaneidad.

De ahí parte en buena medida su odio hacia las Naciones Unidas y a todas las instituciones que de alguna manera representan ese espíritu y esa letra, como la Carta de Naciones Unidas y toda la legislación internacional que el actual régimen de Washington pisotea, desprecia e ignora.

En medio de ese escenario surge la migración como actor imprescindible, creciente, y cada vez más influyente, que se extiende desde el terreno laboral y del empleo y los salarios hasta el campo electoral, donde ya presenta resultados adversos a los republicanos en varios estados, que permiten avizorar otros resultados nada favorables al llamado Grand Old Party (GOP) en los próximos comicios de medio año y aún los presidenciales de 2028.

Lo ocurrido recientemente en Minnesota -donde la migración latina o hispana jugó un papel determinante y sorprendente por su masividad y grado de organización- influyó también sobre la población de ciudadanía estadounidense, que forma la base electoral fundamental de los partidos tradicionales republicano y demócratas, y pudiera haber sido un ensayo general de acontecimientos futuros en otros lugares del vasto país; ello explica la ferocidad y la barbarie de los métodos conque fueron reprimidos y enfrentados por represores especialmente organizados, armados y financiados por el gobierno central.

Victoria popular que, en definitiva, se alcanzó en el nutrido eje urbano Minneapolis-Sam Pauld, hizo sonar entre los sectores políticos dominantes una alarma que no es habitual en el seno de una sociedad caracterizada por su fuerte conservadurismo, aparentado de un liberalismo más simulado que real y por consensos forzados o espontáneos pero siempre dentro del sistema y de sus preceptos fundamentales.

Esta vez, la dramática realidad de lo que sucedió en Minnesota y su balance letal obligó al poder central a retroceder gradualmente y ceder al final ante el empuje popular y la cercanía electoral, cuando podrá peligrar la débil mayoría republicana sobre todo en la Cámara de Representantes, donde hoy se discuten espinosas cuestiones como el sonado caso Epstein, una situación escabrosa y pendiente de concluir.

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