ribbon

EE.UU.: aliados no, subordinados

30 de abril de 2024

|

 

Desde los tiempos más remotos de la antigüedad, desde la división del mundo en clases y en estados, aparecieron las alianzas y pactos entre ellos como una forma elemental de asociarse para enfrentar a quienes suponían o eran efectivamente enemigos comunes y que, a su vez, buscaban también los entendimientos o distintos tipos de pactos -más o menos abarcadores- para resistir o atacar, según fuera el caso, a los rivales de turno.

Así surgieron en la historia la Santa Alianza, la Triple Alianza, la Entente, el Eje y otros entendimientos bélicos cuyo objetivo fundamental, en su momento, fue hacer la guerra por ambiciones o reivindicaciones territoriales, clasistas y hasta por disputas familiares o desavenencias matrimoniales.

La industria cinematográfica se ha nutrido de muchos de estos conflictos para llevarlos a la pantalla en grandes y costosas superproducciones que han servido para recordar y reinterpretar tales acontecimientos -según la óptica de los autores- pueden ser expuestas con algunas verdades pero también pueden estar repletas de falsedades, como viene ocurriendo sobre aspectos relacionados con la Segunda Guerra Mundial, tanto en Europa como en el Pacífico.

En cuanto a las alianzas políticas y militares que esos filmes reflejan, lo más interesante visto desde hoy es el cambio de carácter o contenido de tales entendimientos, donde ha desaparecido todo signo de igualdad o equilibrio entre los participantes, haciendo caer en uno solo de ellos el papel preponderante y dominante, hegemónico y prácticamente imperial.

Los diferentes gobiernos imperialistas de Estados Unidos, a su paso por la Casa Blanca, desempeñan. por las buenas o por las malas esa función que reduce como subordinados y subrogantes a quienes se arriesgan a ser sus ”aliados” o “socios”, al ser arrastrados por conflictos de todo tipo y confrontaciones que pudieran evitar y muchos de esos socios no están interesados en llevar adelante, cargando con sus negativas consecuencias y fabricando enemigos por doquier.

Situaciones actuales como las de Ucrania y el Oriente Medio ejemplifican claramente esas diferencias entre las viejas alianzas de la historia y las que hoy teje el gobierno imperialista de Estados Unidos, que exige incondicionalidad y sometimiento a sus asociados, les despoja de cualquier atisbo de soberanía nacional y les impone sus dictados, ya sea directamente o mediante pactos colectivos que maneja y utiliza.

La era de las alianzas militares igualitarias y equilibradas en defensa de intereses comunes parece haber llegado a su final -al menos dentro del sistema imperialista- y el poder hegemónico de Estados Unidos no consiente asociaciones ni acuerdos si a ellos no va unida la subordinación absoluta.

Comentarios