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Doble rasero

22 de marzo de 2014

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Muy de moda en tiempos de globalización, “doble rasero” se ha convertido en una expresión clara de política; en una manera de actuar de formas diferentes para hechos similares o de manera única para cuestiones diferentes.
Es la forma de usar una vara para medir a unos y otra para decidir sobre otros.
En esto, como en todo lo que expresa hoy la filosofía del hegemonismo a ultranza para defender a un sistema capitalista en decadencia, la figura política principal es la administración norteamericana y muy de cerca, como perrito faldero, la Unión Europea va plegada a cuantas formas de doble rasero se expresen en este incierto mundo.
Así las cosas, desde Washington se trata de imponer esa forma de visión geopolítica en cada una de sus actuaciones extraterritoriales, guerras, agresiones, sanciones y otras expresiones que el poder mediático a su disposición, exalta, aúpa y expande.
La más reciente de estas expresiones se pudo apreciar nítidamente por Telesur cuando transmitía la reunión urgente de la Comunidad Europea, esta misma semana, para tratar las sanciones a Rusia y la adhesión de Ucrania al bloque comunitario.
No hizo falta mucha justificación al impuesto nuevo premier ucraniano, Arseni Yatseniuk, quien alentara y dirigiera los incendios y destrucciones recientes en Kiev, para que ahora —rauda y veloz— la UE firmara el capítulo político de asociación.
Y más que ese mero acto de formalismo, lo que interesaba al Premier era el dinero que le entregarían de inmediato para tratar de sacar a Ucrania de la crisis a la que ha sido llevada.
Unos 1 500 millones de rublos de un paquete de ayuda total de   11 000 millones es la expresión concreta que las “bondades” de la UE para con su cabizbajo amigo, ahora al frente de Ucrania.
Por supuesto, ninguna de estas “ayudas” viene sola y, lo que no se divulga por los grandes medios, es el otro componente de la misma, es decir las condiciones que se ponen a Kiev para recibir asistencia.
Por ejemplo, como es el FMI la entidad financiera que daría el préstamo, Ucrania tendrá que cumplir —si quiere recibir dinero— con medidas tan “sencillas” como subir las tarifas del gas y la electricidad; reducir los gastos sociales, bajar los salarios y los subsidios agrícolas, entre otros.
La citada reunión de la dirigencia europea analizó, además, el régimen de sanciones a imponer a Rusia ante la ya irreversible adhesión de Crimea a la Federación rusa.
Allí, como ha sido característico en los últimos años cuando se trata de iniciativas norteamericanas a aplicar por los europeos, el presidente francés, Francois Hollande, aseguró que Europa pasaría a una segunda fase de esas sanciones, ampliándolas de inmediato.
Este mismo mandatario es el que envió sus tropas a varios países africanos para “controlar” los brotes rebeldes, acciones que costaron cientos de muertos y heridos entre la sufrida y empobrecida población de aquel continente, precisamente envuelto en conflictos interétnicos como secuela de la colonización impuesta por países europeos, principalmente por Francia.
Ahora, entre la mentalidad colonialista del mandatario galo, su discurso ambivalente salido de su pasado seudo socialista y su inclinación a cumplir todo lo que viene desde Washington, hay ejemplos más que suficientes de la política de doble rasero predominante en estos tiempos.

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