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Detrás de la mentira

19 de marzo de 2018

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A pocos días de las elecciones presidenciales rusas, la primera ministra británica, Theresa May, acusó al mandatario Vladimir Putin de haber ordenado personalmente el envenenamiento con un gas tóxico del ex agente ruso Sergei Skrypal y su hija Yulia, sin presentar prueba alguna, sin mencionar que Skrypal había sido indultado por Moscú, tras lo cual viajó a Londres.

Todo un andamiaje de mientras montado por la mayor parte de la prensa británica colocó a Rusia como chivo expiatorio, elevando al máximo campaña contra ese país, que tiene su principal laboratorio en Estados Unidos.

Tal es así que a los pocos minutos de la acusación de May, Donald Trump le ofreció su respaldo, y a ello siguió el del gobernante francés, Maurice Macron.

Lo burdo de la acusación se ha ocultado, y solo Occidente da crédito a las  falsedades contra Moscú, mentiras indicadas por los ex agentes rusos que se vendieron a Londres en su momento, pero que ahora coincidieron en que Skrypal no tenía ningún tipo de valor.

Incluso, una versión médica que hace dudar de la mentirosa versión oficial, fue ocultada rápidamente, aunque trascendió que a pocos kilómetros de donde fueron encontrados los cuerpos de Skrypal y su hija, en un parque de Salisbury,  se encuentra una instalación británica secreta de investigación y desarrollo de armas biológicas y químicas en Porton Down, Wiltshire.

La forma en que actuó  la primera ministra británica violó de por sí leyes internacionales, como se lo hizo saber el canciller ruso, Sergei Lavrov,

El incidente de Skripal también trae a la mente la muerte del doctor David Kelly en el 2003, hallado en un bosque cerca de su casa.  Fue atribuida oficialmente a un “suicidio”, pero muchos creen que fue asesinado por los servicios secretos británicos y la Agencia Central de Inteligencia (CIA), de Estados Unidos, para evitar que revelara secretos sobre la guerra en Iraq. Curiosamente, trabajaba en Porton Down como jefe de microbiología.

Kelly, a su vez, estaba conectado con otros científicos en Porton Down que han muerto en circunstancias cuestionables, por ejemplo, el doctor Richard Holmes, cuyo cuerpo fue encontrado en el mismo bosque que Kelly, en el 2012, dos días después de dar un paseo, y un mes después de renunciar a su puesto en Porton Down; y de la muerte de Vladimir Pasechnik en noviembre del 2001, otro desertor ruso, que supuestamente murió de un derrame cerebral. Su muerte no fue anunciada hasta un mes después por la inteligencia británica.

El analista inglés Christopher Black, quien goza fama de ser objetivo y nada amigo de Moscú, admitió que  “los rusos puedan estar en lo cierto de que este incidente es otra provocación organizada por la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN)”.

Y es que a pesar de que no hay evidencia alguna de que Rusia haya tenido algo que ver con este incidente, el gobierno británico se apresuró a etiquetar a Rusia como el villano de la película y los medios de comunicación actuaron obedientemente al unísono.

Londres calificó a Moscú como una ´fuerza maligna y perturbadora’ e hizo amenazas sobre sacar al Reino Unido de la Copa del Mundo que se celebrará este año en Rusia, y agregó que Gran Bretaña actuaría ´robustamente’, si encontraba que Moscú estuviera involucrado.

Recordemos que los intentos de la OTAN de expulsar a Rusia de los Juegos Olímpicos de Invierno por cargos falsos de dopaje fueron en gran medida exitosos, y ahora vemos otro intento de interrumpir un evento deportivo que es importante para los seguidores del fútbol mundial y para la nación eslava.

Rusia se ha ofrecido voluntariamente para cooperar en la “investigación”, pero ¿con qué fin? El guión ya está escrito, el drama se desarrollará, las consecuencias fluirán y conducirán no a la paz y la cooperación, sino a más hostilidad y guerra.

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