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Derrotando a la contrarrevolución

26 de septiembre de 2014

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Venezuela sigue siendo el centro de los ataques para quienes conspiran contra el proceso revolucionario iniciado por Hugo Chávez, con el fin de evitar que sea paradigma para otras naciones del continente y, en este contexto, se encuentra el reciente descubrimiento por la inteligencia venezolana de complots en los que está fuertemente implicado el ultraderechista ex presidente colombiano, Álvaro Uribe.
El presidente Nicolás Maduro ya había denunciado que “hay una campaña permanente para presentar a Venezuela como un país en caos, cuando en realidad se encuentran todas las libertades garantizadas”, y precisó que existe “un proceso de reafirmación de la nueva independencia, de construcción de nuevos modelos económicos y culturales, una nueva mentalidad que necesita ser comprendida desde el extranjero”.
Precisamente, en los ataques que provienen del exterior y tratan de sembrar la desunión dentro del país suramericano, pululan mentalidades vinculadas al servicio de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), de Estados Unidos, y engrosan la menos difundida y conocida Internacional Liberal, entre cuyos acólitos se encuentra el apátrida de origen cubano Carlos Alberto Montaner.
No acostumbro a remontarme a hechos de años atrás, en aras de una menor extensión de cualquier tipo de trabajo, pero aquí si es bueno citar que el 3 de abril del 2005 se dio a conocer irrefutablemente la participación de la CIA en el golpe de Estado contra Chávez en abril del 2002. Un mes antes de la asonada, entre el 10 y el 12 de marzo, Montaner había estado en Caracas con un doble propósito: contribuir a la campaña desinformativa antibolivariana previa al hecho y conspirar de manera directa.
Según un informe desclasificado, H. Cook, funcionario de la embajada estadounidense en Caracas, dijo a Washington: “Montaner se reunió en un restaurante de Caracas con un grupo de personalidades venezolanas y cubanas entre las que se encontraban Pedro Carmona Estanga, presidente de Fedecámaras (quien estuvo al frente del golpe); Roberto Fontanillas, Nazario Viveros, Fausto Masó y los periodistas Marianela Salazar, Patricia Poleo, Marta Colomina, Roberto Giusti (El Universal) y Antonio Herrera (Venacham)”.
Por esa fecha, y como parte de la labor desinformativa previa al golpe, Carlos Alberto Montaner publicó un tendencioso artículo titulado ¿Quién le pone el cascabel a Chávez?, cargado de mensajes subliminales para crear un espectro de aceptación a la venidera asonada.
Dentro de las estrategias y el concubinato de la CIA con todo su andamiaje de guerra ideológica, se llevó a cabo un encuentro en marzo del 2008 en Rosario, Argentina, en el que se encontraron varios miembros de la Internacional Liberal con Roger Noriega, José María Aznar, los ex presidentes mexicano Vicente Fox, el ecuatoriano Osvaldo Hurtado, el boliviano Jorge Quiroga y el uruguayo Luis Lacalle, quienes arremetieron contra Cuba, Venezuela y Bolivia.
Montaner llegó incluso a calificar a los movimientos progresistas latinoamericanos como “una izquierda nacionalista e intervencionista, incluso carnívora”.
Uno de los más recientes ataques lo protagonizó el propio presidente de la Internacional Liberal, Han Van Baalen, quien durante un periplo centroamericano, expresó que hay que tener en cuenta que el actual gobierno de Caracas tiene todavía como amistades a “Irán, Cuba y los sandinistas de Nicaragua…, una coalición muy peligrosa para el mundo”.
Pero lo que sí es realmente peligrosa es la campaña desinformativa sobre Venezuela, como lo expresó Maduro en una entrevista concedida a la cadena televisiva norteamericana CNN, a la que señaló directamente como implicada en ello, porque vende “una imagen falsa de lo que está sucediendo”.
El jefe de Estado ratificó que en Venezuela los medios nacionales y extranjeros ejercen libremente el periodismo y que hasta ahora no ha habido limitantes para que cubran los acontecimientos del país. Sin embargo, recordó que reporteros gráficos de varias agencias internacionales fueron atacados por sectores de la ultraderecha en algunos municipios de clase media alta en Caracas.
En los últimos 15 años Venezuela ha tenido un proceso económico de expansión, pasando de un Producto Interno Bruto (PIB) de 90 000 millones a uno de 400 000 millones de dólares, lo cual, al decir de Maduro, demuestra que “en Venezuela estamos superando un capitalismo parasitario”.
Y es que, durante muchas décadas, los capitalistas se robaron allí los dólares para satisfacer sus necesidades individuales y llevárselos en inversiones en Estados Unidos, perforando los mecanismos cambiarios establecidos en el país.
En este sentido dijo que antes los avances de la Revolución en materia económica y luego de la partida física del Comandante Chávez, varios sectores de la derecha “creían que la Revolución Bolivariana se acababa, se desmoronaba, e iniciaron toda una operación para destruirnos económicamente”.
Pero ha sido todo lo contrario. Se siguen enfrentando y desbaratando planes desestabilizadores, mientras se garantiza la educación pública y gratuita, que el salario mínimo urbano se mantenga como el mayor de América Latina y que el pueblo tenga viviendas dignas a través de la Gran Misión, que en los últimos días tuvo un notable impulso con convenios realizados con China, entre otros muchos aspectos que mejoran la calidad de vida del venezolano.

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